Potaje de cuaresma

 

Es altamente nutritivo, está riquísimo y es muy fácil de elaborar. Por eso, cuesta creer que para los antiguos cristianos este fuese un plato “de penitencia”. Aquí te traemos uno de los platos más extraordinarios y paradójicos de nuestra gastronomía: el potaje de Cuaresma con bacalao.Ver más...

  • 20-40 min
  • Fácil
  • 4 personas
Potaje de cuaresma

Ingredientes

  • Caldo Casero de Pescado 100% Natural

    100% natural, sabor casero

Cómo hacer Potaje de cuaresma

  • Primer paso potaje de cuaresma

    PASO 1

    Para preparar este estupendo y revitalizante potaje a base de migas de bacalao con garbanzos, comenzamos rehogando en aceite de oliva el ajo picado y el pan troceado en dados pequeños (a modo de picatostes) durante 6 u 8 minutos o hasta que queden doraditos. Después, añadimos la cucharadita de pimentón, la cucharada rasa de harina (15 g) y dos cucharadas de agua. Incorporamos el bacalao desalado y dejamos cocer de 7 a 9 minutos.

  • Segundo paso potaje de cuaresma

    PASO 2

    Transcurrido ese tiempo, añadimos las espinacas bien lavadas y dejamos cocer todo durante 4 minutos más. Agregamos los garbanzos de bote cocidos y previamente enjuagados bajo el grifo y mezclamos bien. Vertemos el Caldo Casero de Pescado y cocemos a fuego suave de 10 a 12 minutos o hasta que el caldo del potaje adquiera la espesura que nos guste.

  • Tercer paso potaje de cuaresma

    PASO 3

    Para conseguir una textura más fina en el potaje, podemos triturar la mezcla de ajo, pan, pimentón y harina una vez esté cocido y añadirse después al bacalao y las espinacas.

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Consejos para cocinar Potaje de cuaresma

¡Ah! Y tradicionalmente este plato se sirve con huevos duros partidos en cuartos por encima... así que no dudes en probarlo si quieres hacer de este plato una experiencia religiosa absoluta.

Truco destacado de la receta
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En esta ocasión os traemos un plato considerado por muchos el “rey de la Cuaresma”. El motivo de tan honorable título no es otro que su ingrediente estrella: el bacalao. Y es que nuestro país siempre ha estado influenciado gastronómicamente por la tradición cristiana. Por eso, antes de ponernos manos a la obra con nuestro riquísimo -y litúrgico- potaje de garbanzos de Cuaresma, ¿qué tal un poquito de historia rápida?

Tras los meses de excesos carnales (llámalo “carnaval” si quieres) los cristianos afrontaban la Pascua de Resurrección bajo mínimos, es decir, hacían penitencia renunciando a los habituales festines de carne y embutidos con el fin de preparar el cuerpo y el alma. Por eso, el miércoles de ceniza daba paso a una dieta mucho más austera. Y fue ahí donde alimentos como las verduras, los dulces y el pescado tomaron protagonismo, no porque fueran menos sabrosos o nutritivos, sino porque la carne era el alimento mejor valorado por su sabor y propiedades. Y ya se sabe cómo funciona la religión cristiana: cuanto más placentero es algo, más prohibitivo.

Así pues, durante los 40 días posteriores al miércoles de ceniza comenzaba la “vigilia”, que se extendía también a todos los viernes del año. Una tradición que, para bien o para mal, nos ha dejado recetas alternativas a la carne, muchas de ellas dignas de alabanza, como los guisos con legumbres y verduras, normalmente garbanzos, espinacas o acelgas. En el norte de España, un plato común en fechas de Cuaresma eran las sopas de ajo, que se servían con pan, huevo y pimentón. Los huevos y las monas de pascua también eran (y siguen siendo) uno de los clásicos de cuaresma, así como las torrijas o los pestiños.

En cualquier caso, el alimento más recurrido en fechas de Cuaresma siempre fue el bacalao por varios motivos: se conserva muy bien en salazón, es barato, rico, nutritivo y es muy versátil a la hora de combinar con otros alimentos. Además, se pesca durante todo el año, aunque su apogeo es de diciembre a mayo, razón por la cual abunda en Cuaresma.

Y tras esta breve sesión de historia, ¿qué tal si comenzamos a darle forma a nuestro potaje cuaresmal?