Albóndigas caseras de la abuela

Bolas de carne riquísimas. Así podríamos definir las “albóndigas” por la vía rápida.

  • 40-60 min
  • Fácil
  • 4 personas

Ingredientes

Cómo hacer Albóndigas caseras de la abuela

  • PASO 1

    Mezcla en un bol la carne picada con el huevo, el ajo picado y el pan rallado. Amasa con los dedos hasta que quede una masa homogénea y forma bolitas de 2 a 4 cm ayudándote con las palmas de las manos. Este proceso puede ser bastante entretenido si te lo tomas con calma y muy divertido para hacer en familia, especialmente con niños pequeños… ¡se lo pasarán pipa!

  • Segundo paso albóndigas caseras de la abuela

    PASO 2

    Después enharina las albóndigas, fríelas en aceite de oliva a fuego medio y reserva cuando estén doraditas.

  • Tercer paso albóndigas caseras de la abuela

    PASO 3

    Pica la cebolla y la zanahoria y sofríelas en aceite de oliva de 10 a 13 minutos. Añade el Caldo Casero de Pollo y cocina durante 10 minutos más. Añade las albóndigas y las almendras machacadas al sofrito y deja que se integren bien los ingredientes a fuego suave durante 5 o 10 minutos.

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Consejos para cocinar Albóndigas caseras de la abuela

Para que las albóndigas queden tiernas y jugosas, lo ideal es que la carne sea mitad de cerdo, mitad de ternera. Si compras la carne en la carnicería les puedes pedir que te hagan la mezcla. Incluso en los supermercados ya venden bandejas de carne mixta. 

Otra recomendación sería que evites picar demasiado la carne. Con que la piques una sola vez ya es suficiente, pues, cuanto más triturada esté, más se compactará y más dura saldrá la bolita. 

Truco destacado de la receta
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Sin embargo, este preparado no resulta tan simple como parece pues cuenta con una evolución histórica muy interesante. Por ejemplo, una definición mucho más certera sería “bola de carne picada, generalmente de res y a veces de pescado mezclada con huevos y diversos condimentos, como perejil, comino, etc”. Y esta definición tan solo sería válida en nuestra cultura, porque versiones de albóndigas hay tantas como regiones e idiosincrasias en el planeta.

Albóndiga. Con ese nombre seguramente ya te habrás hecho una idea de su procedencia. Y no te equivocas: fueron los árabes quienes acuñaron esta exquisitez, al-bunduga (literalmente ‘la bola’), y quienes enseñaron a los europeos a hacerlas. De hecho, una de las primeras referencias occidentales que encontramos data de 1573: “venden fideos, almojábanas y albóndigas hechas de carne picada con especias y fritas en aceite”. Así documentaba el tema el historiador granadino Luis de Mármol.

Una de las primeras recetas de albóndigas de la España andalusí incluía bolas de carne picada y especiada con clara de huevo moldeada en cuencos de madera para después ser hervida en agua salada. Una sutil elaboración que posicionó a la albóndiga como plato común entre las clases sociales altas y no como recurso de los menos pudientes, que también elaboraban sus propias albóndigas con las sobras de carne de otros platos. Esta doble cara de la albóndiga es lo que la hace tan interesante, no solo desde el punto de vista gastronómico, también socioeconómico.

Pero fue María de Portugal en el siglo XVI quien recogió en su libro de cocina una de las recetas de albóndigas definitiva: bolas de carne picada de cerdo o carnero, con huevo batido y harina para trabar y aligerar, fritas en manteca y servidas en un contundente caldo con especias.

La receta se popularizó en nuestra cultura, adaptándose a las particularidades de cada región y evolucionando generación tras generación hasta convertirse en lo que hoy conocemos como “receta de albóndigas caseras de la abuela”. Prepara los ingredientes y engrasa tus manos, hay bolitas que hacer