La caldereta de langosta es un guiso caldoso de marisco que se sirve sobre rebanadas de pan, con el caldo ligado por una picada de avellanas y el coral de la propia langosta. La tienes lista para 4 personas en unos 40 minutos y, como la langosta solo pasa unos 10 en el caldo, es un plato de fiesta fácil incluso cuando no quieres pasar la mañana entera en la cocina.

Está entre los platos más conocidos de Menorca, y el pueblo de Fornells, en la costa norte de la isla, ha hecho de ella su seña de identidad. Allí se prepara con langosta roja del Mediterráneo, se guisa en cazuela de barro y se sirve con rebanadas muy finas de pan en el fondo del plato para que empapen el caldo. Esta versión casera sigue esa idea: poco ingrediente y todo el sabor sacado del marisco.

El trabajo de verdad está en cortar bien la langosta sin perder ni una gota de sus jugos, que acaban en la picada junto con el coral. El resto lo ponen el sofrito de tomate y verduras, el vino blanco y un buen caldo de pescado, que es la base de todo el guiso y conviene que tenga sabor por sí solo. Vigila sobre todo el final: con más de 10 minutos de cocción la carne se vuelve gomosa, así que conviene tener la mesa puesta cuando la langosta entra en la cazuela.

Información nutricional(por ración)

Energía

385 kcal

Hidratos

18 g

Grasas

22 g

Fibra

2.5 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
4
Avellana
Avellana
50 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso
Perejil
Perejil
1 rama
Sal
Sal
1 una pizca
Pan
Pan
8 rebanadas
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Receta

Caldereta de langosta

Paso 1 de 4

Corta la langosta sin perder jugos

Corta la langosta sin perder jugos

Si la langosta está viva, déjala 20 o 30 minutos en el congelador para aletargarla antes de cortarla; si es congelada, descongélala la víspera en la nevera y aprovecha también su líquido. Como referencia, una pieza de 1 a 1,2 kg da para 2 personas. Trabaja con un cuchillo cebollero grande y bien afilado, encima de un recipiente hondo, para que todo el jugo que suelte se quede ahí: es puro sabor para la salsa.

Separa la cabeza del cuerpo y corta la cola en medallones siguiendo las divisiones naturales del caparazón, de 3 a 5 cm según el tamaño. Retira el intestino, el hilo oscuro de la cola, y guarda las huevas si las tiene. Abre la cabeza a lo largo, quita la bolsita arenosa de detrás de los ojos y reserva el coral y los jugos para la picada. Si no te ves con el corte, pide al pescadero que te la prepare así.

Paso 2 de 4

Dora el marisco y haz el sofrito

Dora el marisco y haz el sofrito

En una cazuela de barro o de hierro colado, calienta las 4 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-alto. Añade los medallones y los trozos de cabeza y dóralos 2 o 3 minutos, hasta que el caparazón tome un rojo vivo. No busques cocinarlos del todo: terminarán en el caldo. Retíralos a un plato y resérvalos con el jugo que suelten.

Baja el fuego y, en el mismo aceite, que ya ha cogido el sabor del marisco, añade los 100 g de Sofrito Casero de Tomate y Verduras de Gallina Blanca. Remueve 1 o 2 minutos para que se integre con el fondo, raspando lo que se haya pegado. Vierte despacio el vaso de vino blanco y deja reducir a fuego suave hasta que ya no huela a alcohol, unos 3 o 4 minutos.

Paso 3 de 4

Prepara la picada de avellanas

Prepara la picada de avellanas

Mientras el sofrito reduce, fríe 2 de las 8 rebanadas de pan en una sartén con unas gotas de aceite, hasta que estén doradas y crujientes. En un mortero, pon los 50 g de avellanas tostadas, el pan frito troceado, las hojas de la rama de perejil, el coral y los jugos de la cabeza y las huevas, si las había.

Maja con paciencia hasta tener una pasta densa y sin trozos de avellana. Si no tienes mortero, sirve una picadora pequeña, aunque conviene no triturar de más para que no suelte aceite. Esta picada es la que liga el caldo de forma tradicional, sin harina: el pan y la avellana le dan cuerpo y el coral, color y sabor a marisco. Resérvala hasta que el caldo esté hirviendo.

Paso 4 de 4

Cuece, liga y deja reposar

Vierte en la cazuela 1 litro de Caldo Casero de Pescado 100% Natural de Gallina Blanca y llévalo a ebullición suave. Diluye la picada con un cucharón de caldo caliente para que no forme grumos e incorpórala removiendo en círculos, hasta que se reparta por toda la salsa.

Devuelve los trozos de langosta con sus jugos, prueba y añade la pizca de sal solo si hace falta, porque el caldo ya aporta. Cuece a fuego lento de 8 a 10 minutos, hasta que la carne de los medallones esté blanca y opaca pero siga jugosa. Apaga y deja reposar la cazuela tapada 5 minutos para que los sabores se asienten.

Mientras reposa, tuesta en el horno las 6 rebanadas de pan restantes, cortadas muy finas, hasta que estén bien crujientes, y repártelas en el fondo de los platos.

Consejos finales

En Fornells el pan va al fondo del plato: coloca las rebanadas tostadas, vierte encima el caldo bien caliente y reparte los trozos de langosta para que a cada comensal le toque cola y algo de cabeza. Una hogaza de corteza crujiente en la mesa termina de rematar, porque el caldo se acaba mojando hasta la última gota. Si prefieres la versión más fiel a Menorca, llévala a la mesa en la propia cazuela de barro.

Al comprar, la langosta viva debe moverse con energía y pesar en la mano; si es congelada, que el envase no tenga escarcha acumulada. El bogavante, el de las pinzas grandes, funciona igual de bien: con la misma técnica sale una caldereta de bogavante.

Una caldereta se estropea por 3 motivos: langosta sobrecocida, que queda gomosa; avellana o pan quemados en la picada, que amargan el caldo; y picada echada sin diluir, que forma grumos. Los trucos que mejor funcionan en esta caldereta nacen de esos mismos errores: diluye siempre la picada con un cucharón de caldo caliente y respeta los 5 minutos de reposo con la cazuela tapada.

La víspera puedes dejar hecho el caldo con la picada y añadir la langosta en el momento. Si sobra caldereta, aguanta 1 o 2 días en la nevera; al recalentar, saca la langosta, calienta el caldo a fuego suave y devuélvela solo los 2 últimos minutos. No conviene congelarla con el marisco, que pierde textura. Para otros días, la caldereta de pescado sale más económica y una langosta al ajillo se hace en mucho menos tiempo.

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