Calamares a la marinera

La salsa marinera es típica de recetas con almejas o mejillones, pero también puede alegrar platos de pescado o marisco. Un claro ejemplo son los calamares a la marinera. Tiene sentido, ¿verdad?

  • 20-40 min
  • Media
  • 4 personas

Ingredientes

  • Caldo Casero de Pescado 100% Natural

    100% natural, sabor casero

Cómo hacer Calamares a la marinera

  • Paso uno

    PASO 1

    Sofríe en aceite de oliva el ajo, la cebolla y el perejil de 10 a 15 minutos o hasta que la cebolla quede bien pochadita.

  • Paso dos

    PASO 2

    Añade los calamares limpios y troceados (te aconsejamos pedirlo así en la pescadería) y cocínalos durante unos 15 minutos. Añade el pimentón y remueve bien. Vierte el vino blanco

  • Paso tres

    PASO 3

    Añade ahora las patatas cascadas y el caldo y deja que se cueza a fuego medio-suave hasta que las patatas estén bien tiernas.

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Consejos para cocinar Calamares a la marinera

Ahora que ya sabes como hacer unos calamares a la marinera la mar de buenos, te contaremos un truquito para obtener un plato ‘cum laude’. Toma nota: 

En lugar de cortar las patatas te recomendamos cascarlas. Así conseguirás que suelten su almidón y espesen la salsa. La mejor manera de hacerlo es clavar el filo del cuchillo en la patata pelada y romper el trozo haciendo palanca.
 

Truco destacado de la receta
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El calamar, también conocido como jibón, es un alimento muy nutritivo a la par que riquísimo. Rebozado y frito, encebollado, guisado en su tinta, relleno de diferentes ingredientes, salteadito, a la plancha o a la brasa con una picada de ajo y perejil y unas gotas de limón... Al margen de cómo esté preparado, siempre sienta bien y sorprende con su inconfundible sabor a playa y una textura única.
 
Nosotros en esta ocasión te proponemos una receta de calamares a la marinera.  Al ser un plato tan clásico y conocido en todos los puertos del planeta deben haber tantas recetas con salsa marinera como cocineros y cocineras hay en el mundo.  
 
Puede que exageremos un poquito pero lo que sí que es indiscutible es que  la salsa marinera se presta mucho a darle un toque personal y puede variar mucho en función de qué ingredientes que se le añadan: se le pueden poner pimentón, laurel, guindilla, ajo, perejil, chalotas o incluso tabasco… 
 
Después de repasar varios recetarios nos hemos dado cuenta de que ninguno de estos ingredientes parece indispensable.  Ni siquiera se salva el típico tomate totalmente inseparable de la clásica salsa marinera a la italiana que se suele emplear acompañar la pasta con pescado y marisco.  Hay quien le añade tomate y hay quien prescinde de él como haremos nosotros en esta ocasión.
 
Y como en la variedad está el gusto también existen diferentes maneras de espesar la salsa a la marinera como por ejemplo añadiendo harina, pan rallado o con el truco que te mostraremos un poquito más adelante. 
 
Así que, visto lo visto,  es probable que se le llame marinera simplemente porque acompaña productos que vienen del mar. Lo que está claro es que la cuestión a la hora de cocinarla no es tanto cuáles son los ingredientes sino cómo conseguir que sea imposible no tener ganas de rebañar el plato hasta que no quede ni una gota.  Si quieres saber cómo conseguirlo presta atención porque a ahora te contaremos cómo preparar una receta de calamares a la marinera que seguro que acabará con las existencias de pan de tu barrio.  Un plato para quitarse el sombrero o -en este caso. la gorra marinera.
 
Probablemente ahora mismo se te han despertado las ganas de cocinar y estás a punto de ponerte a “faenar” con la misma energía que los pescadores, pero deja que antes te expliquemos una curiosidad: En realidad el calamar tendría que ser la mascota por excelencia de todos los escritores. Resulta que la palabra calamar deriva del latín y literalmente significa algo así como “tintero portátil” por dos razones: primero porque como todos sabemos, este cefalópodo en su interior contiene tinta. Pero es que además su cartílago interior, ese típico cascarón blanco y plano, tiene forma de pluma. Y por cierto, cefalópodo proviene del griego y su significado es mucho más simple de lo que parece: cabeza con patas.  Hay que reconocer que al menos en este caso los romanos se lo curraron un poco más que los griegos...  
 
Pero menos escribir y más cocinar. Sin perder ni un segundo  nos echamos a la mar a por este platazo de calamares a la marinera.