Finales de verano y principios de otoño, cuando la berenjena abunda y está a buen precio, son la mejor época para unas berenjenas a la parmesana: capas de berenjena dorada, tomate, mozzarella, parmesano y albahaca gratinadas al horno. Los 900 g de berenjena están calculados para 4 personas, y entre la purga, el horno y el reposo calcula cerca de hora y media, la mitad sin tocar nada.

En Italia se llama parmigiana di melanzane y es un plato del sur, que se disputan Sicilia y Campania; allí lo habitual es freír la berenjena en abundante aceite, y en Campania es frecuente pasarla antes por harina y huevo. Esta versión la dora en sartén con poco aceite o la asa en el horno, de modo que el resultado es menos pesado y las capas se cortan mejor. Para otra berenjena en capas al horno, esta vez a la griega, tienes la musaka vegetal, que sigue una lógica de montaje parecida.

Al comprar, busca berenjenas firmes, pesadas para su tamaño y de piel tersa y brillante, con el cáliz verde. Si ceden al apretarlas o tienen manchas marrones, estarán pasadas y con más semillas. La clave técnica es el agua: la berenjena tiene mucha y, si no se la quitas con sal y una buena cocción previa, la soltará en el horno y el plato quedará encharcado. La mozzarella fresca también hay que escurrirla bien por el mismo motivo. Y elige una fuente alta, de unos 7 cm, para que quepan 3 pisos de capas sin que el tomate se desborde.

Información nutricional(por ración)

Energía

320 kcal

Hidratos

14 g

Grasas

22 g

Fibra

7 g

Proteínas

16 g

¿Cuántos comensales?
4
Berenjena
Berenjena
900 gramos
Tomate Frito Casero
400 gramos
Queso mozzarella
Queso mozzarella
200 gramos fresca
Queso parmesano reggiano
Queso parmesano reggiano
100 gramos rallado grueso
Albahaca
Albahaca
1 manojo
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
60 mililitros
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Receta

Berenjenas a la parmesana

Paso 1 de 6

Lamina y purga las berenjenas con sal

Lamina y purga las berenjenas con sal

Lava los 900 g de berenjena, quítales el cáliz y córtalas, con piel, en láminas de medio centímetro, a lo largo o en rodajas según la presentación que prefieras. Procura que todas tengan el mismo grosor: las finas se queman y las gruesas quedan crudas por dentro.

Colócalas en un colador grande sobre un bol, espolvoreando un poco de sal entre capa y capa, y déjalas reposar 30 minutos. La sal hace que suelten agua y parte del amargor, y además la berenjena absorberá menos aceite al dorarla. Verás gotas en la superficie y líquido oscuro en el bol. Pasado ese tiempo, enjuágalas bajo el grifo para retirar la sal y sécalas muy bien, lámina a lámina, con papel de cocina o un paño limpio. Si quedan húmedas, saltará el aceite y no se dorarán.

Paso 2 de 6

Dora las láminas en sartén u horno

Dora las láminas en sartén u horno

Reparte en una sartén amplia parte de los 60 ml de aceite de oliva virgen extra, caliéntalo y dora las láminas de berenjena a fuego medio, en tandas y sin montarlas, entre 2 y 3 minutos por cara, hasta que estén tiernas y con color dorado. No hace falta sumergirlas: la berenjena es una esponja y, con mucho aceite, lo chupa todo. Ve añadiendo un hilo de aceite entre tanda y tanda y deja las láminas sobre papel de cocina.

Si prefieres una versión más ligera, pincélalas con el aceite, colócalas en una bandeja con papel de horno y ásalas a 200 °C unos 15 minutos; gíralas cuando lleves la mitad. En los 2 casos, deben quedar blandas del todo antes de montar: si entran crudas, sueltan agua durante el horneado y la base del plato se queda aguada.

Paso 3 de 6

Prepara quesos, albahaca y salsa

Prepara quesos, albahaca y salsa

Mientras las berenjenas templan, escurre bien los 200 g de mozzarella fresca, apriétala suavemente entre papel de cocina y córtala en trozos pequeños o desmenúzala con las manos. Ralla los 100 g de parmesano reggiano en hebras gruesas, que se notan más al fundirse que el queso en polvo.

Lava el manojo de albahaca, sécalo con cuidado y separa unas cuantas hojas bonitas para decorar al final. El resto trocéalo con las manos justo antes de usarlo; el cuchillo ennegrece los bordes y la hoja pierde aroma. Mezcla la mitad de esa albahaca troceada con los 400 g de Tomate Frito Casero en un cuenco: así el tomate se perfuma de manera uniforme y no quedan zonas sin albahaca. Guarda la otra mitad para repartirla entre las capas durante el montaje.

Paso 4 de 6

Monta las capas en la fuente

Elige una fuente de horno de unos 7 cm de alto. Extiende en el fondo una capa fina del Tomate Frito Casero con albahaca: evita que la primera berenjena se pegue y le da jugosidad desde abajo. Cubre con una tanda de láminas, sin huecos, solapándolas un poco.

Encima, reparte otra cucharada generosa de tomate, una parte de la mozzarella, una parte del parmesano y unas hojas de albahaca troceada. Repite el orden, berenjena, tomate, mozzarella, parmesano y albahaca, hasta hacer 3 pisos y acabar los ingredientes. Reserva un buen puñado de parmesano para cubrir la última capa, que es la que gratina. Aunque el plato impresiona al cortarlo, montarlo es fácil: basta con repartir cada ingrediente en 3 partes antes de empezar para no quedarte corto en el último piso.

Paso 5 de 6

Hornea y gratina a 190 °C

Precalienta el horno a 190 °C, con resistencia superior e inferior. Mete la fuente a media altura y hornea entre 20 y 25 minutos, hasta que el tomate burbujee por los bordes y la mozzarella se haya fundido entre las capas, ligando todo en una salsa espesa.

En los últimos 5 minutos enciende el grill para dorar la capa de parmesano de arriba. Quédate cerca: el parmesano se tuesta de más en un suspiro y entonces amarga. Si tu horno dora mucho por arriba, sube la fuente un piso solo durante el gratinado. Para comprobar que está, pincha el centro con un cuchillo: debe entrar sin resistencia y salir caliente. Si la fuente es más baja o más ancha de lo indicado, el tiempo puede acortarse unos minutos, así que vigila desde el minuto 15.

Paso 6 de 6

Deja reposar antes de cortar

Saca la fuente del horno y déjala reposar entre 10 y 15 minutos antes de servir. Es el paso que más cuesta respetar, pero es el que permite que las capas se asienten y que la mozzarella fundida y el tomate se espesen al templarse. Mientras tanto, los sabores terminan de mezclarse.

Si la cortas nada más salir, las capas resbalan unas sobre otras, el líquido se va al fondo y la ración se desarma en el plato. Templada, en cambio, se corta en porciones limpias con una espátula ancha, como una lasaña. Reparte en 4 platos y decora cada ración con las hojas de albahaca fresca que reservaste en el paso 3. Si sobra jugo de tomate en el fondo de la fuente, sírvelo por encima con una cuchara.

Consejos finales

Puedes dejarla montada en la nevera varias horas antes, tapada con film, y hornearla justo antes de comer; en ese caso, añade 5 minutos al horno porque entra fría. Ya horneada, se guarda 3 días refrigerada y se recalienta muy bien a 180 °C, con unos 15 minutos de horno bajo una hoja de aluminio, así el queso no se reseca. En el microondas se hace antes, pero la berenjena se ablanda más. También admite congelación, mejor en porciones, hasta 2 o 3 meses, aunque la mozzarella pierde algo de textura.

Escurre la mozzarella hasta que deje de mojar el papel y dora la berenjena hasta que esté blanda del todo: son los trucos que impiden que quede agua en la fuente. Si te sale caldosa pese a todo, deja reposar 5 minutos más con la fuente un poco inclinada y retira el líquido con una cuchara.

Con una capa de carne picada guisada con el tomate intercalada entre las berenjenas, el plato gana contundencia, como en la receta de berenjenas con carne picada al horno. Si prefieres cocinarla sin gluten, no lleva harina ni pan rallado, aunque conviene revisar la etiqueta del tomate y los quesos. Con calabacín en lugar de parte de la berenjena queda más suave.

Sírvela como plato único con una ensalada verde y pan para la salsa, o como primero antes de un filete a la plancha. En la misma línea de berenjena al horno, las berenjenas gratinadas se hacen más rápido, y el pastel de berenjenas cambia el queso por patata y pesto.

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