Obesidad infantil

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La obesidad se caracteriza por una excesiva acumulación de grasa corporal y se manifiesta por un exceso de peso y volumen corporal, alejándanos del peso ideal. Se considera una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, que suele iniciarse en la infancia y adolescencia y que tiene su origen en una interacción genética y ambiental, siendo más importante la parte ambiental o conductual, que se establece por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético.

La valoración de la obesidad en el niño y el adolescente es más difícil que en el adulto; los métodos más utilizados en clínica pediátrica son las curvas de Peso respecto la Talla, el Índice de Masa Corporal (IMC) y el Peso Relativo, aunque para poder valorar más específicamente la grasa y su distribución hay que medir los pliegues cutáneos y los perímetros de la cintura y la cadera. En cualquier caso, es necesario el diagnóstico de sobrepeso u obesidad por parte del pediatra para que el niño inicie un tratamiento de adelgazamiento o mantenimiento del peso, que será individualizado y deberá ser controlado por profesionales de la alimentación y la nutrición.

Las repercusiones de la obesidad y el sobrepeso sobre el crecimiento y el desarrollo del niño son importantes. La sobrecarga ponderal y los cambios en la composición corporal desencadenan respuestas hormonales que alteran el ritmo normal de crecimiento; también es frecuente observar precocidad en los cambios puberales), así como dificultades para la maduración psicológica y la adaptación social.

El objetivo del tratamiento de la obesidad infantil es conseguir un peso saludable y su mantenimiento a lo largo del tiempo. Las opciones terapéuticas incluyen dieta, actividad física, protocolos de modificación de conducta, y en algunos casos excepcionales, tratamiento farmacológico. Sin embargo, es importante resaltar que el mejor tratamiento de la obesidad es su prevención, y ésta debe empezar des de la infancia. El objetivo prioritario es consumir una dieta equilibrada y variada, adaptada al ritmo de crecimiento y desarrollo del niño y el joven, el mantenimiento de un peso saludable y de una salud óptima en todas las edades.

Algunas medidas generales de prevención de la obesidad relacionadas con la alimentación son:

  • Alimentación planificada, equilibrada, variada y adaptada.
  • Enseñar y practicar unos hábitos alimentarios saludables.
  • Adecuar el horario a las comidas familiares.
  • Adaptar el tamaño de la ración alimentaria a las necesidades del niño.
  • Evitar la oferta de alimentos como premio.
  • Utilizar el agua como bebida, en lugar de bebidas gaseosas y refrescos.
  • Aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres y cereales de grano entero.
  • Limitar las comidas entre horas, sobretodo las de alta densidad energética.

Hay que tener presente que los hábitos alimentarios están influenciados por múltiples factores, entre ellos las horas de sueño y descanso, por lo que es aconsejable que los niños cenen y se acuesten temprano, y empiecen el día con un desayuno completo.

Tan importante como los hábitos alimentarios, es la estimulación de la práctica de ejercicio físico desde la edad infantil, ya sea en el medio escolar, familiar, en el entorno comunitario, etc. Estos son algunos consejos para la práctica de ejercicio físico en la edad infantil y juvenil:

  • Participación en las actividades de deporte escolar.
  • Aumento de la actividad física cotidiana (caminar, subir las escaleras, etc.)
  • Moderación de las actividades sedentarias: televisión, video-consolas, ordenador, etc.
  • Mantenimiento de las actividades deportivas durante la adolescencia y la etapa juvenil.
  • Participación en actividades comunitarias de promoción del ejercicio físico: sedentarismo, carreras populares, paseos en bicicleta, deportes de playa, fútbol sala, etc.
  • Promoción de un entorno familiar y estilo de vida saludable.
  • Propuesta de planes individuales de actividad física para niños con obesidad o sobrepeso.

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