Alimentarse cuando se está enfermo

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Con la llegada del otoño llegan los cambios bruscos de temperaturas y con ellos la posibilidad de tener un molesto resfriado o incluso la gripe, dos enfermedades de origen vírico con síntomas molestos como la mucosidad, la inflamación de las fosas nasales y la garganta y la tos, en el caso de los resfriados; y el dolor de cabeza, de las articulaciones, el cansancio, la pérdida de apetito y fiebre en el caso de la gripe.

En ambos casos se tratan de enfermedades que debe vencer nuestro sistema inmunológico por lo que cualquier acción terapéutica, sea farmacológica o no, deberá ir dirigida básicamente a paliar las molestias y favorecer el proceso. La dieta no está al margen de todo ello y debe elaborarse de acuerdo con estas medidas.

En estos casos unos de los principales problemas es la deshidratación de nuestro organismo, sea por el aumento de su temperatura, sea por la inapetencia... Es por lo tanto importante augmentar la dieta a base de alimentos con líquido tales como agua, infusiones, zumos, caldos de verdura y sopas, leche de soja o almendras... Alimentos que son además fáciles de digerir. Durante estos procesos también son molestos los mocos y la tos. Hay alimentos muy adecuados para paliar estos síntomas tales como la miel (fácilmente soluble en una infusión), los higos secos (que podemos rehidratar en agua o tomar con algún postre) y también la cebolla cruda, muy efectiva por su efecto broncodilatador, que ayuda a paliar la tos.

También resulta muy aconsejable escoger alimentos cuya digestión sea fácil, en especial cuando la enfermedad afecta a nuestro estómago como en la denominada gripe intestinal. Eso afecta directamente a todos aquellos alimentos con gran cantidad de grasas tales como la crema de leche, la mantequilla o las carnes grasas. Consumir lácticos desnatados, cocer carnes, pescados y verduras al vapor, hervidos o a la plancha y consumir el aceite crudo, mucho más digerible que el cocinado. Favoreceremos también la digestión consumiendo la fruta en forma de jugos y elaborando cremas con las verduras. Tampoco conviene abusar de productos con mucho azúcar.

Cuando se está enfermo en muchas ocasiones sentimos cierta inapetencia, por lo que deberemos potenciar el atractivo de los alimentos, tanto en la presentación como en la forma en que los cocinamos. Presentar raciones pequeñas para no saturar el comensal pero con productos y elaboraciones muy nutritivas. Por ejemplo, va a resultar más atractivo y nutritivo un trozo de queso que un vaso de leche. También deberemos tener en cuenta que los productos derivados de la harina como el arroz blanco, la sémola de trigo, la pasta... son muy nutritivos, energéticos y fáciles de digerir. Deberán representar la base de la alimentación durante esta época. Su abundancia en lípidos también ayuda a evitar la pérdida de agua de nuestro organismo.

No hay que olvidar, en todo caso, la importancia de las vitaminas, pues son cruciales para combatir estos procesos creando defensas antiinfecciosas. Son especialmente indicados los cítricos (naranjas, limones, pomelos, mandarinas...) que pelaremos o elaboraremos zumos en el último momento para mantener todas sus propiedades.

Una vez el enfermo esté restablecido no sería mala idea mantener la dieta durante unos días para asegurarnos de que los síntomas han desaparecido del todo. Generalmente, el síntoma que más dura es el de la inapetencia.

Aun así hay que tomar estas recomendaciones como guía y tener en cuenta que nuestro organismo en muchos casos nos indica qué comer, qué le apetece. Por lo tanto, no hay que censurarse ante un alimento si este nos apetece mucho. Posiblemente va a ser aquel que nos aporte una buena cantidad de vitaminas y cuya digestión no sea muy pesada. Tampoco debemos preocuparnos por posibles interacciones entre alimentos y medicamentos pues, ni en el caso del resfriado ni en el caso de la gripe se acostumbran a usar antibióticos y por lo tanto la posibilidad de que surja alguna contraindicación es muy baja.

 

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