Pollo al horno con cerveza

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¿Siempre has querido asar un pollo entero pero no lo has hecho por miedo a que se te churruscara por fuera y te quedase crudo por dentro? Pues bien, esta receta de pollo al horno con cerveza es garantía de jugosidad homogénea.

  • 40-60 min
  • Fácil
  • 4 personas
Bodegón de pollo al horno con cerveza sin producto

Ingredientes

Cómo hacer Pollo al horno con cerveza

  • Paso uno

    PASO 1

    Limpia el pollo por dentro y por fuera con agua y ponlo en una bandeja apta para horno. Embadurna el pollo por fuera y por dentro con el aceite de oliva, el zumo de limón, la pimienta negra y todas las hierbas. Hornéalo a 200ºC durante 30 minutos, girándolo a mitad de la cocción.

  • Paso dos

    PASO 2

    Vierte la cerveza encima y dentro del pollo. Incorpora el caldo en la base del recipiente y coloca las patatas abiertas por la mitad junto al pollo con unas gotas de aceite de oliva.

  • Paso tres

    PASO 3

    Hornea todo junto a 180ºC durante 50 minutos, dándole la vuelta cada 15 minutos. Saca las patatas después de los primeros 25 minutos y resérvalas para el acompañamiento.

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Consejos para cocinar Pollo al horno con cerveza

Si el pollo se hace demasiado y te queda muy tostado, posiblemente se deba a que el horno tiene demasiada fuerza. Aunque te recomendamos una temperatura y luego te pedimos que la bajes, muchos hornos tienen potencias diferentes. Por ello, lo ideal es que no le quites el ojo de encima al pollo mientras se hornea. Si ves que empieza a tostarse mucho, pon una hoja de papel albal sobre la carne. Así evitarás que se queme, manteniendo en todo momento la jugosidad de tu plato. 

En el caso de que tengas un pollo en la nevera varios días y quieras darle boleto, te aconsejamos limpiarlo bien con vinagre diluido en agua y cocinarlo con elementos que ‘tapen’ la vejez de la carne, como el zumo de limón o la salsa de soja, como es el caso de nuestro pollo al horno con cerveza.

Truco destacado de la receta
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¿A quién no le gusta llegar a casa un domingo y encontrarse con ese olor a piel churruscante de pollo al horno? En esta ocasión recuperamos un clásico de entre los clásicos: te explicamos cómo hacer pollo al horno con cerveza. Un plato con alto poder de convocatoria que reunirá en torno a la mesa a padres, hijos, abuelos nietos y a toda la familia política que queramos. Y es que nadie se resiste al encanto de un pollo entero tan jugoso y asado con patatas como guarnición. 

Además de estar requete-chupada, esta receta es un plato económico y delicioso no solo apta para los domingos en familia pues, si lo piensas, te puede sacar de un buen apuro incluso entre semana. Además, debido a la versatilidad de la carne del pollo, puedes variar la receta a tu antojo, por ejemplo condimentando con las hierbas que más te gustan o añadiendo verduritas como guarnición e incluso ¡piña! (sí, el pollo a la cerveza casa genial con la piña). 

Ya que te contamos cómo preparar pollo al horno con cerveza, permítenos desmentir algunas de las creencias más extendidas sobre este tipo de carne. 

Como imaginarás, lo primero -y más importante- es elegir un buen pollo. En este sentido, sentimos decirte que, como suele creerse, el color no es un indicativo de que el animal haya vivido más feliz. Esto se debe a que tradicionalmente asociamos un color más amarillento o anaranjado a una mayor libertad del pollo. Pues bien, esto no tiene por qué ser así. 

Dichas tonalidades de la piel significan que el pollo ha tenido una dieta más rica en carotenos, es decir, que ha sido alimentado con productos como la zanahoria o el maíz. Por lo tanto, el color de la piel no determina que el pollo sea o no de corral. Para saber si el pollo es de corral, deberá estar certificado como tal. Esta denominación viene recogida por el Reglamento Europeo, que especifica cuatro posibles categorías según la forma en la que vive el pollo: 1) sistema extensivo de gallinero, 2) gallinero con salida libre, 3) granja al aire libre y 4) granja de cría en libertad. Como vemos, ninguna de las calificaciones habla de pollo “campero”, por tanto tampoco deberíamos guiarnos por este calificativo porque, bien pensado, todos lo son. Al final las claves se reducen a dos: libertad y buena alimentación.

Así que ya sabes, si quieres no fallar con la elección del pollo, te recomendamos preguntes en tu carnicería de confianza (ojo, el término “confianza” excluye los hipermercados y todo tipo de pollo distribuido o envasado de forma industrial, envuelto en plásticos varios). Al final, cuanto más local, mejor. Es la regla que siempre suele dar buenos resultados.