Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
Límpialos de nervios, grasa y cualquier zona verdosa, córtalos en trozos de un bocado y sécalos bien. Pocha 2 cebollas y 4 o 5 ajos laminados en aceite de oliva durante 10 a 12 minutos, añade los higaditos y rehógalos 3 minutos. Moja con el vino blanco, 1 vaso, echa perejil picado y deja reducir 6 a 8 minutos a fuego bajo, hasta que la salsa los envuelva.
Unos 10 minutos al fuego en total: 3 de rehogado hasta que cambien de color por fuera y 6 a 8 más en el vino, a fuego bajo. Están listos cuando, al abrir el trozo más grande, el interior no tiene sangre pero sigue jugoso. Si los dejas más tiempo se endurecen y quedan granulosos; si los sacas antes, no son seguros, porque el hígado de pollo debe tomarse bien hecho.
Arroz blanco o puré de patatas suave, ya que recogen la salsa de vino y equilibran el sabor intenso del hígado. Como tapa basta con pan para mojar, y como segundo plato también funcionan unos dados de patata frita o una ensalada verde con cebolla. Si los sacas al centro en la cazuela de barro, mantienen el calor hasta el final y cada uno se sirve a su ritmo.
No es imprescindible si los limpias bien, porque el amargor viene sobre todo de los restos verdes de la vesícula. Hay quien los deja en leche unos 30 minutos en la nevera para suavizar su sabor, algo útil si en casa el hígado no gusta mucho. Si lo haces, escúrrelos y sécalos muy bien con papel antes de echarlos a la cazuela, o soltarán agua y no tomarán color.
Gallina Blanca Chef Guía
Higaditos de pollo de siempre
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