Una cabeza entera de ajos dorados en aceite de oliva, un chorro de coñac y un poco de orégano bastan para el pollo al ajillo: trozos de pollo bien tostados en una salsa corta y brillante. Para 4 personas calcula unos 40 minutos, 15 o 20 de ellos con la cazuela tapada a fuego medio bajo.

Para que quede jugoso, empieza por elegir bien la pieza. Lo más habitual es pedir un pollo entero troceado pequeño, con hueso y piel, porque el hueso da sabor a la salsa y la piel se tuesta en el aceite. Si no quieres despiezar, los muslos y contramuslos cortados en 2 son la opción más agradecida: aguantan la cocción sin secarse. La pechuga sola se hace antes y tiende a quedar seca, así que, si la usas, córtala en trozos grandes y acorta el tiempo tapado. Pide en la carnicería que te lo corten con hacha en trozos de 4 o 5 cm, del tamaño de un bocado grande.

El ajo hay que tratarlo con cuidado. Los dientes se pelan, se abren con un golpe y se doran a fuego medio hasta tener un color canela; quemados, amargan la salsa entera. Por eso se sacan antes de dorar la carne y vuelven a la cazuela después, ya con el pollo hecho por fuera. Respetando ese orden, el guiso es fácil de llevar en una sola cazuela, y la pastilla de Avecrem Pollo, que se desmenuza sobre la carne antes del coñac, sazona la salsa de forma pareja.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

4 g

Grasas

22 g

Fibra

1 g

Proteínas

32 g

¿Cuántos comensales?
4
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
1 chorro
Ajo
Ajo
1 cabeza
Orégano
Orégano
1 cucharada pequeña
Pimienta negra molida
Pimienta negra molida
1 una pizca
Avecrem Pollo
1 pastilla
Agua
Agua
250 mililitros
Cogñac
Cogñac
100 mililitros
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Paso 1 de 3

Dora los ajos y sella el pollo

Dora los ajos y sella el pollo

Cubre la base de una cazuela o sartén amplia, de fondo grueso, con aceite de oliva virgen extra y ponla a fuego medio. Separa los dientes de la cabeza de ajo y pélalos, dándoles un golpe seco con la hoja del cuchillo para abrirlos sin que se rompan del todo: así sueltan su aroma en el aceite y tardan más en quemarse. Dóralos 3 o 4 minutos, moviéndolos, hasta que tomen un tono canela, y sácalos a un plato.

Seca bien los trozos de pollo con papel de cocina y salpimiéntalos con la pizca de pimienta negra molida y un poco de sal. Sube el fuego a vivo y añádelos al mismo aceite con la piel hacia abajo, sin amontonarlos; si no caben holgados, hazlo en 2 tandas. Dóralos de 8 a 10 minutos, dándoles la vuelta, hasta que estén tostados por todos los lados. Si los mueves antes de tiempo, la piel se pega y se rompe.

Paso 2 de 3

Añade ajos, orégano, Avecrem y coñac

Añade ajos, orégano, Avecrem y coñac

Cuando el pollo esté bien dorado, devuelve los ajos a la cazuela y espolvorea la cucharada pequeña de orégano. Desmigaja por encima de los trozos la pastilla de Avecrem Pollo, repartiéndola por toda la superficie para que se mezcle con la grasa del dorado y sazone todos los trozos por igual. Remueve 1 minuto.

Aparta la cazuela de la llama y vierte los 100 ml de coñac; hacerlo lejos de la llama evita que prenda de golpe. Vuelve a ponerla a fuego medio alto y déjalo hervir 2 o 3 minutos: el alcohol se ha ido cuando el vapor deja de picar y el líquido ha bajado a la mitad. Mientras tanto, raspa la base con una espátula para soltar los jugos tostados que ha dejado el pollo: se disuelven en el coñac y dan a la salsa color y un fondo dulce.

Paso 3 de 3

Cuece tapado y reduce la salsa

Cuece tapado y reduce la salsa

Añade los 250 ml de agua, pon el fuego entre medio y bajo y cubre con la tapa. Cuece de 15 a 20 minutos, según el tamaño de los trozos, sacudiendo la cazuela cada pocos minutos para que nada se pegue. El agua se va mezclando con el aceite, el coñac y los ajos hasta formar una salsa ligada.

En los últimos 5 minutos, destapa para que la salsa reduzca y espese hasta cubrir el fondo de la cazuela con una capa brillante. El pollo está hecho cuando, al pincharlo junto al hueso, el jugo sale transparente y sin rastro rosado, y la carne se separa con facilidad. Si la salsa se consume antes de tiempo, suma un poco más de agua; si está demasiado líquida, sube el fuego 2 minutos sin tapa. Prueba de sal antes de servir, porque la pastilla ya aporta la suficiente en la mayoría de los casos.

Consejos finales

Como guarnición, nada como unas patatas fritas en dados, que recogen la salsa y el aceite de ajo; un arroz blanco o pan para mojar cumplen la misma función. Si cocinas para más de 4 personas, reparte el pollo en 2 cazuelas antes que llenar una sola. Si te sobra pollo, se guarda tapado en frío hasta 3 días, y se recalienta a fuego bajo, con la tapa puesta y unas cucharadas de agua para que la salsa no se seque.

El ajo quemado no tiene arreglo: si se te oscurece, tíralo junto con el aceite y empieza de nuevo, porque ese amargor no se va con la cocción. Tampoco conviene amontonar el pollo, que suelta agua, hierve en vez de tostarse y deja una salsa pálida. Para evitarlo, recurre a los trucos de siempre: seca la carne con papel antes de que toque el aceite y no la muevas hasta que se despegue sola de la cazuela.

En muchas casas el ajillo se hace con un majado: los ajos crudos se machacan en el mortero o se trituran con el hígado del pollo y la pimienta, y esa pasta se añade cuando la carne ya está dorada, para que espese la salsa. En lugar del coñac puedes usar un vino blanco seco o un fino, que dan una salsa más ligera y menos dulce. El mismo método sirve para el conejo al ajillo o para el lomo al ajillo, con cerdo en lugar de pollo.

Con salsa más caldosa está el pollo guisado, y si prefieres el horno para no estar pendiente del fuego, prueba estos muslos de pollo asados.

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