Capas de bizcocho de soletilla mojado en café con licor, una crema de mascarpone, yemas y clara montada y un velo de cacao: así es el tiramisú, el postre italiano de cuchara más conocido. Con estas cantidades comen 4 personas y te lleva 40 minutos de trabajo, a los que hay que sumar al menos 4 horas de nevera para que la crema tome cuerpo.

Nació en el noreste de Italia, y el Véneto, con Treviso a la cabeza, y Friuli se disputan su autoría. No hay que encender el fuego, y eso lo hace fácil: todo está en batir bien y mezclar con cuidado, y se monta rápido si tienes los ingredientes organizados antes de empezar. Por eso la calidad de lo que compras se nota más que en otros postres. El mascarpone tiene que ser fresco y estar bien frío; mira la fecha y evita los envases hinchados. Los bizcochos de soletilla, secos y crujientes, absorben el café sin deshacerse. Y el café, mejor recién hecho y fuerte, de cafetera o espresso, que es el que da el amargor que equilibra la crema.

Las yemas se baten con los 60 g de azúcar hasta que doblan su volumen y blanquean. El truco para que no quede líquido está en la clara: a punto de nieve firme e incorporada en 2 veces, de abajo arriba. Como la crema lleva huevo crudo, guárdala siempre en frío y consume el tiramisú en el día; si quieres prepararlo con más antelación, usa huevo pasteurizado.

Información nutricional(por ración)

Energía

420 kcal

Hidratos

32 g

Grasas

28 g

Fibra

1 g

Proteínas

7 g

¿Cuántos comensales?
4
Azúcar blanco
Azúcar blanco
60 gramos
Queso mascarpone
Queso mascarpone
250 gramos
Yema de huevo
Yema de huevo
3 unidades
Clara de huevo
Clara de huevo
1 unidad
Café
Café
35 mililitros
Amaretto
Amaretto
20 mililitros
Bizcocho de soletilla
Bizcocho de soletilla
5 unidades
Cacao
Cacao
al gusto en polvo
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Paso 1 de 6

Prepara el café con Amaretto

Prepara el café con Amaretto

Prepara un café fuerte y de buena calidad, porque es lo que más se nota en el sabor final. Mide 35 ml, viértelo en un cuenco amplio y añade los 20 ml de Amaretto. Mezcla bien para que el licor y el café se integren desde el principio. Con esa cantidad el líquido va justo para los 5 bizcochos, así que no lo dejes en una taza estrecha donde no puedas mojarlos bien.

Deja que la mezcla se enfríe a temperatura ambiente antes de mojar los bizcochos, unos 15 o 20 minutos si la dejas en un cuenco ancho. Si el café está caliente, el bizcocho de soletilla se empapa demasiado rápido, se deshace entre los dedos y el postre pierde su textura de capas. Mientras se enfría, aprovecha para separar los huevos y preparar la crema.

Paso 2 de 6

Blanquea las yemas con el azúcar

Blanquea las yemas con el azúcar

Separa las yemas de las claras con cuidado de que no caiga nada de yema en la clara, porque la grasa impediría que después monte. Pon las 3 yemas en un bol amplio con los 60 g de azúcar blanco y reserva aparte la clara que vas a usar.

Bate con varillas, mejor eléctricas, durante unos 4 o 5 minutos, hasta que la mezcla duplique su volumen, se vuelva de color amarillo pálido y caiga en forma de cinta al levantar las varillas. Ese es el punto de blanqueado. Insiste hasta que no notes los granos de azúcar al frotar un poco de crema entre los dedos: si el azúcar no se disuelve, la crema queda arenosa y menos ligera.

Paso 3 de 6

Incorpora el mascarpone sin grumos

Saca los 250 g de queso mascarpone de la nevera unos minutos antes, para que esté algo más blando y se integre sin formar grumos. Añádelo a las yemas blanqueadas en 2 o 3 tandas.

Mezcla con una espátula de silicona o con las varillas a velocidad baja, con movimientos suaves. No batas en exceso: el mascarpone tiene mucha grasa y, si lo trabajas de más, se corta y suelta suero. Lo que buscas es una crema homogénea, densa y brillante, sin restos blancos de queso, que mantenga la forma al dejarla caer de la espátula. Esa consistencia es la que sostendrá después las capas sin que el postre se desparrame al servirlo.

Paso 4 de 6

Monta la clara a punto de nieve

Usa un recipiente aparte y unas varillas bien limpias y secas; si tienen restos de grasa, la clara no sube. La clara monta mejor si no está recién sacada de la nevera, así que déjala atemperar unos minutos. Bátela hasta el punto de nieve firme: está lista cuando, al dar la vuelta al bol, se queda pegada al fondo sin deslizarse.

Incorpora la clara montada a la crema de mascarpone en 2 veces, con una lengua o espátula y movimientos envolventes de abajo arriba. Así conservas el aire que has metido al batir, que es lo que da al tiramisú su textura esponjosa. Si remueves en círculos, la clara se baja y la crema queda líquida.

Paso 5 de 6

Moja los bizcochos y monta las capas

Moja los bizcochos y monta las capas

Corta los 5 bizcochos de soletilla en trozos que quepan en el recipiente. Puedes montar el postre en 4 vasos individuales (los de sidra van muy bien) o en una fuente pequeña; si doblas las cantidades para 8, una fuente grande de cristal deja ver las capas. Pon primero una base fina de crema de mascarpone en el fondo.

Pasa cada trozo de bizcocho por el café con Amaretto, solo un segundo por cada lado, escúrrelo y colócalo sobre la crema. Tienen que quedar húmedos pero enteros. Cubre con una capa generosa de crema, repite con otra capa de bizcochos mojados y termina con el resto de la crema, alisando la superficie con la espátula y llegando casi hasta el borde del vaso.

Paso 6 de 6

Deja reposar y espolvorea el cacao

Tapa los vasos o la fuente con film transparente y guárdalos en la nevera al menos 4 horas. En ese tiempo la crema coge cuerpo, el bizcocho termina de absorber el café y los sabores se asientan; antes de ese plazo el tiramisú todavía está blando y suelta líquido.

Justo antes de servir, quita el film y espolvorea una capa de cacao en polvo por encima, ayudándote de un colador fino para que quede uniforme y sin grumos. Hazlo en el último momento: si lo pones con horas de antelación, el cacao absorbe la humedad de la crema y se oscurece. Ese punto amargo es el que equilibra el dulzor del mascarpone, así que no te quedes corto con la capa.

Consejos finales

Si la crema sale líquida, lo normal es que la clara no estuviera a punto de nieve firme o que la hayas mezclado en círculos y se haya bajado. Si queda granulada o con suero, has batido el mascarpone de más. Y si el fondo está encharcado, los bizcochos se mojaron demasiado tiempo o con el café todavía caliente. De ahí salen los trucos que más cuentan: clara bien firme, mascarpone mezclado a velocidad baja y bizcocho mojado solo un segundo por cara.

La crema lleva yemas y clara sin cocinar, así que guarda el tiramisú tapado en la nevera, sácalo solo en el momento de servir y consúmelo en el día. Si quieres tenerlo listo desde la víspera, que es cuando mejor se asientan los sabores, prepáralo con huevo pasteurizado, que se vende en brik; así aguanta tapado en la nevera hasta 24 horas. La clara pasteurizada tarda más en montar: bátela con una pizca de sal o unas gotas de limón. Si lo congelas, la crema pierde textura al descongelarse.

Sin alcohol, sustituye el Amaretto por más café; para los niños, cambia el café por leche con cacao. Hay versiones sin huevo que montan la crema con nata y mascarpone, una alternativa práctica si no quieres huevo crudo. Para el verano, el tiramisú de lima le da un punto cítrico y el tiramisú de frutas suma fruta a las capas.

Sin bizcochos de soletilla en casa, el simulacro de tiramisú con galletas María sale con lo que suele haber en la despensa. Unas frambuesas o arándanos al lado aportan una acidez que limpia el paladar entre cucharada y cucharada.

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