Recetas de Rosquillas

Huevo, azúcar, aceite, harina y un aroma: con eso se hacen unas rosquillas de sartén que en muchas casas saben a Semana Santa o a fiestas del pueblo. La diferencia entre unas tiernas y otras duras o aceitosas está en 2 detalles, la textura de la masa y la temperatura del aceite.

La masa: blanda, pero que no se pegue

En las rosquillas caseras se hace un volcán con la harina y en el centro se ponen los huevos, el azúcar, el aceite y la ralladura de limón; se va integrando poco a poco, se amasa hasta que queda suave y se deja reposar 30 minutos. Ese reposo relaja la masa y hace que luego se deje formar sin romperse.

La harina conviene añadirla por partes: la masa debe quedar blanda y apenas pegajosa. Si se pega a las manos, añade harina a cucharadas; si la echas toda de golpe, lo normal es pasarse y que las rosquillas salgan duras. Para darles forma, estira cilindros de 1 cm de grosor y une los extremos presionando bien, o haz bolas y ábreles un agujero en el centro con el dedo enharinado.

El aroma cambia mucho el resultado. El anís es el clásico; la ralladura de limón o de naranja da un perfume más fresco, y la canela suele ir en el rebozado final. Algunas recetas llevan levadura o gaseosa para que queden más esponjosas.

La fritura y el rebozado

Fríelas a fuego medio, con el aceite en torno a 170 °C, y en tandas pequeñas para que no baje la temperatura. Si el aceite está demasiado caliente, se tuestan por fuera y quedan crudas por dentro; si está frío, absorben grasa y salen pesadas. Dales la vuelta para que se doren por igual y escúrrelas sobre papel absorbente.

El aceite de girasol aporta un sabor neutro y el de oliva suave, algo más de carácter; los 2 funcionan. El azúcar, solo o con canela, se pone con las rosquillas recién fritas y aún calientes, porque es cuando se queda pegado. Si prefieres no freír, puedes hornearlas a 180 °C unos 15 a 20 minutos: quedan más secas, como una pasta de té.

Versiones de la receta

Preguntas frecuentes

¿Cómo evitar que las rosquillas absorban aceite?

La clave es la temperatura. Fríelas a unos 170 °C, en tandas pequeñas para que el aceite no se enfríe al echarlas, y deja que recupere temperatura entre tanda y tanda. Si no tienes termómetro, echa un trocito de masa: debe subir a la superficie rodeado de burbujas enseguida, sin tostarse al momento. Escúrrelas sobre papel absorbente nada más sacarlas y no las amontones.

¿Por qué las rosquillas quedan duras?

Casi siempre por exceso de harina o por amasar demasiado. Cuanta más harina, más compacta queda la masa, y si se trabaja mucho se desarrolla el gluten y la miga se vuelve correosa. Añade la harina poco a poco y para cuando la masa deje de pegarse a las manos, aunque siga blanda. También salen duras si se fríen a poca temperatura durante mucho rato.

¿Por qué se abren las rosquillas al freír?

Porque la unión de los extremos no estaba bien sellada. Al entrar en el aceite caliente, la masa se hincha y cualquier punto débil se separa. Para evitarlo, humedece un poco los extremos, solápalos y presiona con los dedos, o forma bolas y ábreles el agujero en el centro, que no tienen juntura. Una masa demasiado seca también se agrieta con facilidad.

¿Cuánto duran las rosquillas caseras?

Unos 4 o 5 días en una lata o en un recipiente bien cerrado, a temperatura ambiente y lejos del calor. En la nevera se endurecen antes, así que no hace falta guardarlas en frío. Con los días van perdiendo esponjosidad; si quieres recuperarlas un poco, dales unos segundos de microondas antes de comerlas. Las rebozadas en azúcar conviene guardarlas separadas de las que no lo llevan.

¿Se pueden hacer rosquillas al horno?

Sí. Forma las rosquillas, colócalas en una bandeja con papel de horno separadas entre sí y píntalas con huevo batido para que se doren. Hornéalas a 180 °C unos 15 a 20 minutos, hasta que estén doradas por debajo. Quedan más secas y firmes que las fritas, con una textura más parecida a una pasta de té, pero llevan menos grasa y se hacen de una sola vez.

Huevo, azúcar, aceite, harina y un aroma: con eso se hacen unas rosquillas de sartén que en muchas casas saben a Semana Santa o a fiestas del pueblo. La diferencia entre unas tiernas y otras duras o aceitosas está en 2 detalles, la textura de la masa y la temperatura del aceite.

La masa: blanda, pero que no se pegue

En las rosquillas caseras se hace un volcán con la harina y en el centro se ponen los huevos, el azúcar, el aceite y la ralladura de limón; se va integrando poco a poco, se amasa hasta que queda suave y se deja reposar 30 minutos. Ese reposo relaja la masa y hace que luego se deje formar sin romperse.

La harina conviene añadirla por partes: la masa debe quedar blanda y apenas pegajosa. Si se pega a las manos, añade harina a cucharadas; si la echas toda de golpe, lo normal es pasarse y que las rosquillas salgan duras. Para darles forma, estira cilindros de 1 cm de grosor y une los extremos presionando bien, o haz bolas y ábreles un agujero en el centro con el dedo enharinado.

El aroma cambia mucho el resultado. El anís es el clásico; la ralladura de limón o de naranja da un perfume más fresco, y la canela suele ir en el rebozado final. Algunas recetas llevan levadura o gaseosa para que queden más esponjosas.

La fritura y el rebozado

Fríelas a fuego medio, con el aceite en torno a 170 °C, y en tandas pequeñas para que no baje la temperatura. Si el aceite está demasiado caliente, se tuestan por fuera y quedan crudas por dentro; si está frío, absorben grasa y salen pesadas. Dales la vuelta para que se doren por igual y escúrrelas sobre papel absorbente.

El aceite de girasol aporta un sabor neutro y el de oliva suave, algo más de carácter; los 2 funcionan. El azúcar, solo o con canela, se pone con las rosquillas recién fritas y aún calientes, porque es cuando se queda pegado. Si prefieres no freír, puedes hornearlas a 180 °C unos 15 a 20 minutos: quedan más secas, como una pasta de té.

Versiones de la receta

Preguntas frecuentes

¿Cómo evitar que las rosquillas absorban aceite?

La clave es la temperatura. Fríelas a unos 170 °C, en tandas pequeñas para que el aceite no se enfríe al echarlas, y deja que recupere temperatura entre tanda y tanda. Si no tienes termómetro, echa un trocito de masa: debe subir a la superficie rodeado de burbujas enseguida, sin tostarse al momento. Escúrrelas sobre papel absorbente nada más sacarlas y no las amontones.

¿Por qué las rosquillas quedan duras?

Casi siempre por exceso de harina o por amasar demasiado. Cuanta más harina, más compacta queda la masa, y si se trabaja mucho se desarrolla el gluten y la miga se vuelve correosa. Añade la harina poco a poco y para cuando la masa deje de pegarse a las manos, aunque siga blanda. También salen duras si se fríen a poca temperatura durante mucho rato.

¿Por qué se abren las rosquillas al freír?

Porque la unión de los extremos no estaba bien sellada. Al entrar en el aceite caliente, la masa se hincha y cualquier punto débil se separa. Para evitarlo, humedece un poco los extremos, solápalos y presiona con los dedos, o forma bolas y ábreles el agujero en el centro, que no tienen juntura. Una masa demasiado seca también se agrieta con facilidad.

¿Cuánto duran las rosquillas caseras?

Unos 4 o 5 días en una lata o en un recipiente bien cerrado, a temperatura ambiente y lejos del calor. En la nevera se endurecen antes, así que no hace falta guardarlas en frío. Con los días van perdiendo esponjosidad; si quieres recuperarlas un poco, dales unos segundos de microondas antes de comerlas. Las rebozadas en azúcar conviene guardarlas separadas de las que no lo llevan.

¿Se pueden hacer rosquillas al horno?

Sí. Forma las rosquillas, colócalas en una bandeja con papel de horno separadas entre sí y píntalas con huevo batido para que se doren. Hornéalas a 180 °C unos 15 a 20 minutos, hasta que estén doradas por debajo. Quedan más secas y firmes que las fritas, con una textura más parecida a una pasta de té, pero llevan menos grasa y se hacen de una sola vez.

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