Naranja jugosa, cebolla en juliana, aceitunas negras y migas de bacalao desalado: la ensalada de bacalao con naranjas junta dulce, ácido y salino en un plato frío que no necesita fuego. Estas cantidades alcanzan para 2 personas, y montarla lleva unos 15 minutos, o 25 si dejas la cebolla un rato en agua para suavizarla.

Pertenece a la misma familia que el remojón andaluz, típico de Granada, que suele llevar también huevo duro, y que la esqueixada de bacalao catalana, donde el pescado va desmigado en crudo con tomate y pimiento. Tiene lógica que el bacalao en salazón llegara a recetas de interior: aguantaba semanas sin frío y permitía comer pescado lejos de la costa, mientras que la naranja ponía la parte fresca durante el invierno.

Las mejores naranjas para esta ensalada son las de mesa de temporada, de noviembre a mayo, que pesen en la mano y tengan la piel fina y tersa, señal de que tienen mucho zumo. Ese zumo hace de vinagre al mezclarse con el aceite, así que cuanto más jugosas, mejor queda el aliño. Con el bacalao, compra migas ya desaladas y, si puede ser, que el envase indique que el pescado se ha congelado antes, porque aquí se come sin cocinar. Es una ensalada fácil de ajustar al gusto: más naranja si la quieres dulce, más aceitunas si la prefieres salada, y la cebolla siempre en tiras muy finas para que acompañe sin tapar al resto.

Información nutricional(por ración)

Energía

185 kcal

Hidratos

12 g

Grasas

9.5 g

Fibra

3.2 g

Proteínas

13 g

¿Cuántos comensales?
2
Naranja
Naranja
3 unidades
Cebolla
Cebolla
al gusto mediana
Aceituna negra
Aceituna negra
12-14 al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 2

Pela las naranjas y reparte la cebolla

Corta una rodaja de la base y otra de la parte superior de cada una de las 3 naranjas para que se sostengan derechas sobre la tabla. Con un cuchillo afilado, retira la piel de arriba abajo siguiendo la curva de la fruta y llévate también toda la parte blanca, que es la que amarga. Después corta la naranja en rodajas o separa los gajos y parte cada uno en 3 trozos. Quita las pepitas que encuentres y coloca la fruta en una fuente amplia o en un bol, con el zumo que haya soltado en la tabla.

Pela la media cebolla y córtala en juliana muy fina. Si te resulta fuerte, deja las tiras 10 minutos en agua fría, escúrrelas bien y pásalas por un paño limpio: pierde el picor sin perder el crujiente. Repártela sobre la naranja, sin amontonarla en el centro, para que en cada bocado haya un poco de las 2 cosas.

Paso 2 de 2

Incorpora el bacalao, las aceitunas y el aceite

Repasa las migas de bacalao desalado con los dedos para retirar las espinas y restos de piel que queden, y sepáralas en lascas de bocado. Si el envase no indica que el pescado se ha congelado antes, congélalo a -20 °C o menos al menos 5 días y descongélalo en la nevera antes de usarlo, porque en esta ensalada se toma crudo y la salazón no elimina por sí sola el riesgo de anisakis. Reparte el bacalao sobre la naranja y la cebolla y mezcla con suavidad para no romper la fruta.

Riega con aceite de oliva virgen extra al gusto, con 3 cucharadas suele bastar, y vuelve a mezclar: el zumo de la naranja se une con el aceite y forma un aliño ligero. Sal no le pongas, que el bacalao ya la aporta. Termina con las 12 a 14 aceitunas negras, enteras o partidas por la mitad. Deja reposar 5 minutos a temperatura ambiente antes de servir para que el bacalao tome el jugo de la naranja.

Consejos finales

Funciona como entrante antes de un guiso de cuchara o como cena ligera con unas rebanadas de pan de pueblo tostado, que vienen bien para mojar en el aliño que se acumula abajo. Para una mesa más grande, duplica las cantidades y la fuente alcanza para 4 personas; lo único que no conviene aumentar en la misma proporción es la cebolla, que enseguida se impone a la fruta.

Monta la ensalada poco antes de servirla, y si tienes que adelantarla, guarda por separado la naranja y el bacalao en la nevera y júntalos en el último momento; sácalos unos 15 minutos antes de comer, porque el frío intenso apaga el aroma del aceite y hace que la sal del bacalao destaque más. Guardarlos aparte es de esos trucos que salvan la textura: si la naranja pasa horas en contacto con la cebolla y el pescado, suelta demasiado zumo y el conjunto queda aguado. Las sobras se pueden guardar 1 día en frío, bien tapadas, aunque la cebolla se ablanda y la fruta pierde firmeza; no se congela.

Para acercarla al remojón granadino, añade 1 huevo duro en cuartos y unas rodajas de patata cocida, y tendrás un plato único. Si te quedan migas de bacalao, unas migas de bacalao con tomate las aprovechan en caliente, y cuando apetezca algo de cuchara, tira del potaje de garbanzos con bacalao, pensado para los días fríos. Para un segundo más contundente, el bacalao al horno se prepara con lomos en lugar de migas. Y si buscas otro plato frío sin fogones, prueba una ensalada de lentejas con atún para el táper.

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