Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
La base esencial incluye sémola de trigo duro, pollo troceado, verduras variadas (cebolla, puerro, zanahoria y calabacín), garbanzos cocidos, fruta seca como ciruelas o pasas, mantequilla y un buen caldo de pollo.
El secreto reside en respetar la proporción exacta de líquido y sémola (1:1), dejar reposar tapado 5 minutos y, al destapar, añadir mantequilla o aceite, separando los granos con un tenedor.
Si no dispones de calabacín o zanahoria, puedes emplear calabaza, nabo, berenjena o judías verdes. La calabaza aporta una textura melosa y un dulzor natural que combina con las especias.
Combina perfectamente con un cuenco de salsa harissa servido aparte, gajos de limón fresco para aderezar al gusto y unas hojas de hierbabuena picada por encima.
Se recomienda congelar únicamente el guiso de pollo, garbanzos y verduras con su caldo. La sémola es preferible no congelarla, ya que pierde textura al descongelarse.
Guarda el guiso y la sémola por separado, en recipientes bien cerrados: así duran 3 días en la nevera. Recalienta el guiso con un chorrito de caldo y la sémola tapada en el microondas con una cucharada de agua.
Sí, de hecho los contramuslos o muslos deshuesados son ideales, ya que soportan mejor la cocción lenta y aportan una textura más jugosa que la pechuga.
Rocía la sémola con unas gotas de agua o caldo, cúbrela con film perforado y caliéntala a potencia media en el microondas o al vapor. El guiso puede calentarse en un cazo a fuego lento.
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Cuscús con pollo
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