Una musaka griega que se corta en porciones firmes, sin charco de aceite en el fondo, empieza por freír la berenjena por tandas, en una sola capa y bien escurrida. Entre el salado de la berenjena, el sofrito largo, el horno y el reposo se va alrededor de 2 horas, y 1 kg de berenjena montado en una fuente mediana sirve de plato único a 4 personas.

La versión que hoy se conoce en Grecia, con capas de berenjena, carne picada en salsa de tomate y una cobertura gruesa de bechamel, se atribuye al cocinero griego Nikolaos Tselementes, que la popularizó en sus libros de cocina en los años 20 del siglo pasado. Antes existían en los Balcanes y en Oriente Próximo guisos de berenjena y carne con el mismo nombre, pero sin esa capa blanca. En Grecia la carne suele ser de cordero o de ternera, y muchas familias añaden una pizca de canela al relleno; en otras zonas se intercalan calabacín o patatas, como en la musaka con patatas.

Para comprar, busca berenjenas pesadas para su tamaño, de piel tersa y brillante, sin manchas blandas, que suelen tener menos semillas. Su temporada va del verano al principio del otoño. Ninguna de las fases pide una técnica complicada, y por eso esta versión tradicional, seguida paso a paso, se convierte en una receta fácil cuando repartes bien el trabajo: mientras la berenjena suda en la sal, pica la cebolla y prepara el resto. Y si quieres adelantar trabajo, el relleno de carne aguanta hecho y refrigerado de un día para otro.

Información nutricional(por ración)

Energía

485 kcal

Hidratos

19 g

Grasas

33 g

Fibra

6 g

Proteínas

25 g

¿Cuántos comensales?
4
Avecrem Pollo
1 pastilla
Berenjena
Berenjena
1 kilo
Cebolla
Cebolla
150 gramos
Ajo
Ajo
1 diente
Tomate Frito Casero
2 cucharadas
Pimienta
Pimienta
2 gramos
Vino blanco
Vino blanco
100 mililitros
Huevo
Huevo
1 unidad
Salsa Bechamel
1 sobre
Queso feta
Queso feta
40 gramos
Queso mozzarella
Queso mozzarella
40 gramos
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Receta

Musaka griega original (moussaka)

Paso 1 de 5

Corta y sala las berenjenas

Lava el kilo de berenjenas, retira el tallo y la base y córtalas en rodajas o láminas a lo largo de medio centímetro como máximo. Este grosor es importante: más finas se rompen al freírlas y más gruesas quedan crudas en el centro y sueltan agua en el horno, lo que encharca las capas.

Colócalas sobre una rejilla o un escurridor, en una sola capa o en varias separadas con papel de cocina, y espolvorea sal por ambas caras. Déjalas reposar entre 20 y 30 minutos. Verás que aparecen gotas en la superficie: la sal saca parte del agua y del amargor, y la carne de la berenjena se vuelve más compacta, de modo que después absorbe menos aceite. Pasado ese tiempo, aclara rápidamente si ves mucha sal y sécalas una a una con papel absorbente: el agua que quede hará saltar el aceite.

Paso 2 de 5

Fríe la berenjena por tandas

Calienta aceite de oliva de sobra, unos 2 dedos, en una cazuela de borde bajo a fuego medio-alto, hasta que una rodaja de prueba chisporrotee nada más tocarlo. Fríe las berenjenas por tandas, cubriendo el fondo con una sola capa sin montarlas, entre 2 y 3 minutos por cara; tienen que quedar doradas y tiernas al pincharlas.

Si llenas la cazuela de golpe, el aceite se enfría, la berenjena se ablanda sin tomar color y absorbe el aceite como una esponja. Al sacarlas, deja que escurran sobre papel de cocina y cambia el papel si se empapa. Si prefieres gastar menos aceite, puedes pincelarlas y hacerlas a la plancha o en el horno a 190 °C durante unos 15 minutos sobre papel vegetal, hasta que estén blandas y manejables. Guarda la cazuela con un poco del aceite: en ella va el sofrito.

Paso 3 de 5

Pocha la cebolla y dora la carne

Pica fina la cebolla, unos 150 g, y el diente de ajo. En la misma cazuela de la berenjena, con 1 o 2 cucharadas del aceite que ha quedado, pon la cebolla a fuego medio-bajo. Cuando empiece a tomar algo de color, añade el ajo y deja que el sofrito se haga despacio unos 20 minutos, dándole una vuelta cada pocos minutos, hasta que la cebolla quede blanda y dorada. Si se agarra al fondo, un chorrito de agua lo despega sin engrasar más el sofrito.

Sube el fuego a medio, incorpora la carne picada y desmenúzala con la espátula para que no queden bolas. Déjala cocinar sin remover constantemente, hasta que pierda el color rosado y empiece a tostarse en el fondo: ese tostado da sabor a la salsa. En ese momento añade una pizca de tomillo y una ramita de menta seca, que aportan el aroma fresco tan propio de la musaka.

Paso 4 de 5

Añade tomate, vino y huevo

Agrega 2 cucharadas de Tomate Frito Casero Gallina Blanca y mézclalo bien con la carne y la cebolla para que el tomate se reparta por todo el sofrito. Vierte el vino blanco (100 ml) y rompe en trozos sobre la salsa la pastilla de Avecrem Pollo. Remueve y cuece a borbotones suaves durante 5 minutos, el tiempo de evaporar el alcohol y dejar la salsa densa, casi sin líquido en el fondo. Incorpora los 2 g de pimienta y prueba antes de añadir sal: la pastilla y el queso feta ya salan.

Retira el relleno a un bol y deja que se temple unos 10 minutos. Si añades el huevo con la carne muy caliente, cuaja en hebras. Bate el huevo e incorpóralo removiendo bien: liga el relleno, que se mantiene en su sitio al cortar la musaka y es mucho más manejable al montar las capas.

Paso 5 de 5

Monta, hornea y deja reposar

Deja que el horno coja 180 °C, con resistencias superior e inferior, y prepara el sobre de Salsa Bechamel Gallina Blanca siguiendo las indicaciones del envase, hasta que quede lisa y sin grumos. Unta con aceite una fuente apta para horno y cubre el fondo con una capa de berenjena sin dejar huecos. Extiende encima parte del relleno, desmenuza un poco de los 40 g de queso feta y repite hasta acabar; según el tamaño de la fuente tendrás 4 o 5 pisos. Termina siempre con berenjena.

Cubre con la bechamel, alísala con una espátula hasta los bordes y reparte los 40 g de mozzarella rallada. Hornea unos 30 minutos en la altura media, hasta que los laterales burbujeen, y gratina 3 minutos a 220 °C o con el grill, vigilando para que no se queme. Deja reposar entre 10 y 15 minutos antes de cortar: la bechamel y el huevo terminan de asentarse y las porciones se cortan limpias.

Consejos finales

Como es un plato completo y con mucha grasa de queso y bechamel, lo que mejor le acompaña es algo fresco y ácido: una ensalada de tomate, pepino, cebolla morada y aceitunas negras aliñada con aceite de oliva, orégano y unas gotas de limón, o unas hojas verdes con yogur y menta. Un pan de pita tostado o un pan rústico sirven para recoger la salsa del fondo de la fuente.

De un día para otro las capas se asientan en frío y la musaka se corta todavía mejor. Una vez fría del todo, tápala y guárdala en el frigorífico hasta 3 días. Para recalentarla, cubre la fuente con papel de aluminio y hornéala a 160 °C durante unos 20 minutos; en el microondas funciona por porciones, aunque la bechamel pierde la costra. La congelación también le va bien, hasta 3 meses, mejor en raciones y montada pero antes de hornearla: pásala del congelador al frigorífico 24 horas antes, hornéala como en el paso 5 y gratínala al final.

Seca la berenjena a conciencia antes de freírla, o el aceite salta y la fritura sale pálida; espera también a que el relleno se temple antes de echar el huevo. Ahí tienes trucos gratuitos, igual que la paciencia del final: no cortes la musaka recién salida del horno, porque en caliente las capas se deslizan unas sobre otras y la porción se desmorona en el plato.

Para cambiar la carne, la musaka de pollo es más suave, mientras que la musaka vegetal sustituye el relleno por verduras. Con la berenjena como base hay más platos de horno, como las berenjenas a la parmesana, con tomate y queso gratinado, o unas berenjenas rellenas de carne y verduras.

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