Cortar una pechuga en tiras finas y dejarla en un adobo de limón, ajo y perejil es casi todo lo que piden unas lágrimas de pollo caseras. Entre corte, adobo y fritura se van unos 50 minutos para 2 personas: 10 de corte, al menos 30 de reposo en la nevera y otros 10 para empanarlas y freírlas en tandas.

Son una tapa muy habitual en los bares de Andalucía, donde también se piden como lagrimitas, y el nombre viene de la forma de los trozos: tiras alargadas, algo más estrechas por un extremo, que recuerdan a una lágrima. En cada barra cambia algún detalle. Hay quien las reboza solo con harina, quien mezcla harina y pan rallado y quien añade al adobo una pizca de pimentón o de comino. Esta versión va con huevo y pan rallado, que forma una costra más gruesa y crujiente y aguanta mejor unos minutos en la mesa sin ablandarse.

Elige pechuga fresca, de carne rosada y sin líquido en el fondo de la bandeja, y córtala en tiras de 1 cm de grosor y unos 5 cm de largo. Con ese tamaño, el centro se hace en 2 o 3 minutos por lado, justo lo que tarda el pan rallado en dorarse; si las cortas más gruesas, el rebozado se oscurece antes de que el pollo esté hecho, y si quedan muy finas, se secan. El aceite, por su parte, tiene que estar entre 170 y 180 °C, caliente pero sin llegar a humear.

Información nutricional(por ración)

Energía

320 kcal

Hidratos

20 g

Grasas

14 g

Fibra

1.2 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
2
Pechuga de pollo
Pechuga de pollo
al gusto
Limón
Limón
al gusto
Ajo
Ajo
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Huevo
Huevo
al gusto
Pan rallado
Pan rallado
al gusto
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Paso 1 de 2

Corta el pollo en tiras y adóbalo

Limpia las pechugas de pollo de grasa, ternillas y restos de membrana. Colócalas sobre la tabla y córtalas en tiras alargadas de aproximadamente 1 cm de grosor y unos 5 cm de largo, con el cuchillo un poco en diagonal para conseguir esa punta más fina que da nombre a la tapa. Procura que todas tengan un tamaño parecido: así se fríen al mismo ritmo y no tendrás unas secas y otras sin hacer.

Pásalas a un cuenco amplio y añade los ajos picados muy finos o majados en el mortero, el perejil fresco picado, la sal y el zumo de limón recién exprimido. Mezcla con las manos para que el adobo llegue a todas las caras de la carne. Tapa el cuenco y mételo en la nevera: 30 minutos como mínimo y un par de horas como máximo. Alargarlo más no compensa: el ácido del limón empieza a volver harinosa la superficie del pollo y luego el rebozado se agarra peor.

Paso 2 de 2

Empana y fríe las lágrimas en tandas

Saca el pollo de la nevera y escúrrelo del adobo, sin secarlo del todo. Prepara 2 platos hondos: en uno bate el huevo con un poco de sal; en el otro extiende el pan rallado. Pasa cada tira primero por el huevo, deja que gotee el exceso y rebózala en el pan rallado, apretando un poco con la palma para que la costra quede compacta y no se suelte en el aceite.

Calienta abundante aceite de oliva o de girasol en una sartén de paredes altas, con el fuego medio-alto, hasta 170 o 180 °C; sin termómetro, un trozo de pan debe burbujear al momento y dorarse en alrededor de 1 minuto. Fríe en tandas de 6 u 8 tiras, porque si metes muchas a la vez la temperatura cae en picado. Dales 2 o 3 minutos por lado, hasta que se vean doradas y crujan. Abre una de la primera tanda: por dentro tiene que estar blanca y jugosa, sin zonas rosadas. Escúrrelas sobre papel absorbente y sírvelas enseguida.

Consejos finales

Las lágrimas piden algo fresco al lado: unas hojas verdes con tomate aliñadas, unas patatas panaderas o simplemente unos gajos de limón para exprimir por encima. Para mojar funcionan una mayonesa con un poco de ajo, una salsa tártara o un kétchup suave. Sirve las tiras en una fuente en el centro si son para picar, o en el plato con su guarnición si hacen de segundo.

No llenes la sartén: cada tanda demasiado grande baja la temperatura del aceite y el pan rallado se empapa de grasa sin llegar a dorarse. Escurrirlas sobre una rejilla y no sobre un plato es uno más de esos trucos de freidor de bar: el vapor sale por abajo y la cara inferior no se humedece. Lo más fácil de esta receta es que casi todo el trabajo se adelanta: el pollo puede quedarse adobando mientras haces otra cosa y el empanado y la fritura se resuelven en 10 minutos justo antes de comer.

Sin freír también salen bien. En la airfryer, pulveriza aceite sobre las tiras empanadas y programa 200 °C de 10 a 12 minutos y gíralas cuando lleven la mitad. Sobre papel de horno y con el horno a 200 °C, necesitan de 15 a 18 minutos con un giro a mitad. Quedan algo menos jugosas que fritas, pero crujientes por fuera.

Si te sobran, guárdalas en un táper bien cerrado, en frío, 1 o 2 días; para recuperar el crujiente, caliéntalas unos minutos en el horno o la airfryer, no en el microondas. También puedes congelarlas ya empanadas y sin freír, separadas sobre una bandeja, hasta 3 meses, y descongelarlas en la nevera antes de cocinarlas.

Otros platos de ave para la semana: unas albóndigas de pollo en salsa, un pollo guisado para los días de cuchara, muslos de pollo al horno para una bandeja sin vigilancia o unas pechugas de pollo en escabeche, que se preparan con antelación.

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