Cremoso sin una gota de nata, el risotto de pollo se consigue cociendo arroz carnaroli poco a poco en caldo de pollo con azafrán, con dados de muslo dorados y un final de mantequilla y parmesano. Las cantidades están pensadas para 4 personas, y del primer corte al reposo el plato completo lleva unos 45 minutos; el arroz en sí pide 18 de ellos, cuchara en mano.

El risotto nace en el norte de Italia, en las llanuras arroceras del valle del Po, entre el Piamonte y Lombardía. La versión más conocida es la milanesa, teñida de azafrán, y esta receta toma de ella ese color y ese aroma y le suma el pollo para convertirla en plato único. Para probar la base sin carne, el risotto a la milanesa es el punto de partida.

Esa crema sale del almidón del propio grano y de nada más. Por eso importa el arroz: el carnaroli tiene el grano grueso, suelta mucho almidón y aguanta firme por dentro, y 320 g van bien con 1 litro de caldo. A falta de carnaroli, puedes usar arborio, que da buena crema pero se pasa de punto con más facilidad. El caldo tiene que entrar caliente, casi a punto de hervir, y en cazos pequeños: frío corta la cocción cada vez y el grano se ablanda por fuera antes que por dentro. Con la cebolla picada, el queso rallado y el caldo listo de antemano se convierte en un arroz fácil de llevar, ya que una vez empieza la cocción no conviene separarse de la cazuela.

Información nutricional(por ración)

Energía

515 kcal

Hidratos

64 g

Grasas

17 g

Fibra

2.4 g

Proteínas

25 g

¿Cuántos comensales?
4
Cebolla
Cebolla
2 unidades mediana
Ajo
Ajo
2 unidades
Muslo de pollo
Muslo de pollo
2 unidades deshuesado
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
3 cucharadas
Azafrán
Azafrán
6 unidades en hebra
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso
Arroz carnaroli
Arroz carnaroli
320 gramos
Mantequilla
Mantequilla
30 gramos
Queso parmesano reggiano
Queso parmesano reggiano
80 gramos rallado
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Receta

Risotto de pollo

Paso 1 de 5

Dora el pollo y pocha la cebolla

Dora el pollo y pocha la cebolla

Corta los 2 muslos de pollo deshuesados en dados medianos, de unos 2 cm, y retira la grasa visible y los restos de cartílago. Sécalos con papel de cocina y sálalos ligeramente. En una cazuela amplia de fondo grueso, pon a fuego medio alto el aceite de oliva virgen extra, 3 cucharadas, y dora el pollo de 4 a 5 minutos, moviéndolo solo de vez en cuando para que se tueste por fuera. No hace falta que se haga por dentro: terminará de cocinarse con el arroz y así no se seca.

Retira el pollo a un plato con su jugo y baja el fuego a medio. En el mismo aceite, añade las 2 cebollas medianas y los 2 ajos picados muy finos, en brunoise. Pocha unos 8 minutos, removiendo y rascando el fondo dorado que ha dejado el pollo, hasta que la cebolla se vuelva translúcida y tierna, sin coger color. Si se tuesta, el risotto pierde el sabor dulce y limpio que debe tener.

Paso 2 de 5

Nacara el arroz y añade el vino

Nacara el arroz y añade el vino

Incorpora los 320 g de arroz carnaroli sobre el sofrito, sin lavarlo: el almidón de la superficie es justo lo que después dará la crema. Remueve sin parar con una cuchara de madera o una espátula durante unos 2 minutos a fuego medio, hasta que el borde de los granos se vuelva translúcido y el centro siga blanco. Esto es nacarar: el grano se sella, se impregna de grasa y del aroma del sofrito y aguanta entero durante la cocción.

Vierte el vaso de vino blanco y rasca el fondo para despegar los jugos que se hayan pegado. Mantén el fuego vivo un par de minutos, removiendo, hasta que el alcohol se evapore y el grano se haya bebido casi todo el líquido. Lo notarás porque el olor a alcohol desaparece y la cazuela vuelve a sonar a fritura suave: es el momento de empezar con el caldo.

Paso 3 de 5

Calienta el caldo con el azafrán

Calienta el caldo con el azafrán

En un cazo aparte, pon a calentar 1 litro de Caldo Casero de Pollo 100% Natural con las 6 hebras de azafrán. Lo más cómodo es encenderlo mientras pochas la cebolla, para que esté listo al acabar con el vino. Llévalo casi a ebullición y baja el fuego al mínimo: tiene que mantenerse caliente, humeando pero sin hervir fuerte, durante toda la cocción del arroz.

El motivo es sencillo. Cada cazo de caldo frío baja la temperatura de la cazuela y frena la cocción; el grano se ablanda por fuera mientras el centro sigue duro y la crema sale pastosa. Con el caldo caliente, el arroz no deja de hervir suavemente. En pocos minutos el azafrán tiñe el caldo de un amarillo intenso y lo pasa al arroz en cada cazo. Si quieres sacarle más color, tuesta las hebras unos segundos en una sartén sin grasa y desmenúzalas con los dedos antes de echarlas.

Paso 4 de 5

Añade el caldo cazo a cazo

Añade el caldo cazo a cazo

Añade un cazo de caldo caliente sobre el arroz, lo justo para cubrirlo, y remueve con movimientos envolventes. Mantén un hervor suave y constante. Cuando apenas quede líquido y la cuchara deje un surco limpio en el fondo, añade el siguiente cazo. Remover con frecuencia hace que los granos se froten entre sí y suelten el almidón que espesa el plato; no hace falta hacerlo sin pausa, pero sí cada poco.

A los 10 minutos, devuelve a la cazuela los dados de pollo con el jugo que hayan soltado en el plato. Sigue con el caldo y el removido otros 6 a 8 minutos, hasta que el grano esté tierno por fuera y con el corazón todavía firme, al dente. Puede que te sobre algo de caldo o que te falte; en ese caso, usa agua caliente. Prueba de sal ahora y con prudencia, porque el caldo y el parmesano ya aportan.

Paso 5 de 5

Mantecado y reposo antes de servir

Mantecado y reposo antes de servir

Cuando el arroz esté al dente y todavía se vea suelto y jugoso, con algo de caldo alrededor, apártalo del fuego. Al inclinar la cazuela, debe moverse como una ola lenta. En Italia a esa textura la llaman all’onda, y es a la que hay que llegar, porque en los minutos siguientes el arroz seguirá espesando.

Añade los 30 g de mantequilla bien fría cortada en dados y los 80 g de queso parmesano reggiano rallado. Remueve con energía durante 1 minuto, casi batiendo, para que la grasa de la mantequilla y del queso se emulsione con el almidón y forme una crema brillante; la mantequilla fría ayuda a que esa emulsión no se corte. Tapa y deja reposar 2 minutos. Reparte en platos llanos templados y termina con unas lascas de parmesano y pimienta negra recién molida.

Consejos finales

Nada como comerlo al momento: al recalentarlo pierde buena parte de la crema. Si sobra, enfríalo rápido, guárdalo bien tapado en frío y tómalo en 24 horas; para recalentarlo, ponlo en una sartén con algo de caldo o agua, al mínimo, removiendo hasta que recupere algo de textura. No conviene congelarlo, porque el grano se rompe al descongelarse. Con las sobras frías, que quedan compactas, puedes formar bolitas, meter un dado de queso en el centro, pasarlas por huevo y pan rallado y freírlas, al estilo de los arancini sicilianos.

La textura se juega en los últimos 3 minutos. Si al probarlo el grano sigue duro y ya no queda caldo, añade agua caliente en pequeñas cantidades y sigue removiendo. Si se te ha espesado demasiado, afloja con un cazo de caldo caliente justo antes de mantecar, nunca después de añadir el queso. Para no pasarte de punto, los trucos son de reloj y de vista: prueba un grano cada minuto a partir del minuto 15 de cocción y aparta la cazuela del fuego un poco antes de lo que te parece, porque con el reposo y el parmesano se seca solo.

La variante con setas es de las más buscadas: añade 150 g de champiñones laminados con la cebolla y deja que suelten su agua antes de echar el arroz, como en el risotto de setas y pollo. Como acompañamiento, una ensalada de rúcula o de tomates cherry con unas gotas de vinagre balsámico equilibra la mantequilla y el queso.

Para cambiar de técnica sin dejar el pollo con arroz, la paella de pollo busca justo lo contrario, el grano seco y suelto. En los días de cuchara tienes el pollo guisado, y el risotto de champiñones sigue este mismo paso a paso cambiando el pollo por champiñones, igual de casero.

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