Enterrar una pieza de cerdo en sal gruesa es una de las maneras más limpias de asarla, y el lomo a la sal lo demuestra: la costra hace de horno dentro del horno y la carne se cocina en su propio jugo. Entre 20 minutos de preparación, 45 a 50 de horno y 10 de reposo son unos 80 minutos en total, y la pieza de 800 g está pensada para 4 personas.

Para el lomo de cerdo a la sal, busca una cinta compacta y de grosor parecido de punta a punta, porque una pieza muy irregular se pasa por el extremo fino mientras el centro sigue crudo. El lomo de cerdo blanco queda tierno si no te pasas de horno; el ibérico, con más grasa entreverada, perdona algo más y resulta más jugoso. En cualquier caso, deja una capa fina de grasa exterior: protege la carne durante el horneado y es la que evita que se seque bajo la sal.

La proporción también tiene su lógica. Para 800 g de lomo se usan 2 kg de sal gruesa marina, humedecida con 50 ml de coñac hasta que tenga textura de arena mojada, y una cama de sal de 1,5 cm debajo de la carne. Menos sal deja huecos por donde escapa el vapor, y sin humedad la costra no se compacta. Aunque el reloj pase de 1 hora, el trabajo activo se queda en 20 minutos y el resto lo hace la sal, así que la receta sigue siendo fácil para un domingo con invitados. Si un día vas con prisa, hay también una versión de lomo a la sal en microondas que sigue la misma idea de envolver la carne.

Información nutricional(por ración)

Energía

185 kcal

Hidratos

0.5 g

Grasas

9 g

Proteínas

24 g

¿Cuántos comensales?
4
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
1 chorro
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Romero
Romero
1 unidad fresco
Tomillo
Tomillo
1 una pizca
Cogñac
Cogñac
50 mililitros
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Receta

Lomo a la sal

Paso 1 de 6

Limpia y seca la pieza de lomo

Limpia y seca la pieza de lomo

Prepara la pieza de lomo de cerdo de unos 800 g. Si tiene mucha grasa exterior, retira el exceso con un cuchillo afilado, cortando solo la grasa y las telillas sin llevarte carne, pero deja una capa fina por encima: ayudará a que el lomo no se seque durante el horneado, mientras la sal absorbe parte de la humedad de la superficie.

Seca bien la carne con papel de cocina por todas sus caras. Una superficie húmeda hace que el aceite y las hierbas no se fijen y que la sal se apelmace en contacto con ella. Si la pieza es compacta, no hace falta atarla; si es irregular o tiene un extremo mucho más fino, átala con un poco de hilo de cocina para darle forma de cilindro uniforme. Así se cocina por igual de punta a punta y es más fácil cubrirla bien de sal.

Paso 2 de 6

Unta el lomo con aceite y hierbas

Unta el lomo con aceite y hierbas

En un cuenco pequeño mezcla un buen chorro de aceite de oliva virgen extra con pimienta negra recién molida, la cantidad que quieras, la pizca de tomillo y las hojas de la ramita de romero fresco, bien picadas. Frota toda la superficie del lomo con esta mezcla, apretando con las manos para que las hierbas queden pegadas a la carne y no se suelten cuando la cubras de sal.

No añadas sal a la carne: la costra ya se encarga de sazonarla. El aceite cumple aquí 2 funciones a la vez. Por un lado fija la pimienta y las hierbas, que perfuman la pieza durante todo el horneado; por otro, crea una película fina entre la carne y la sal que ayuda a mantener los jugos dentro y evita que la superficie quede demasiado salada. Reserva el lomo mientras preparas la sal.

Paso 3 de 6

Prepara la sal y la cama

Prepara la sal y la cama

Calienta el horno a 200 °C, resistencias superior e inferior. En un recipiente amplio mezcla los 2 kg de sal gruesa marina con los 50 ml de coñac, removiendo con las manos para que todo el grano quede humedecido por igual. La textura que buscas es la de la arena mojada de la playa: al apretar un puñado, tiene que mantener la forma. Si sigue muy suelta, añade unas gotas de agua y vuelve a mezclar, poco a poco, porque con demasiado líquido la sal se disuelve.

Extiende en una bandeja de horno una capa de esta sal de 1,5 cm de grosor aproximadamente, algo más larga y ancha que la pieza, y presiónala con las palmas para que quede compacta. Esa cama es la base sobre la que se asa la carne y la aísla del calor directo de la bandeja. No hace falta una sal marina cara: cualquier sal gruesa sirve, y después del horno se desecha, no se reutiliza.

Paso 4 de 6

Cubre la carne por completo

Coloca el lomo en el centro de la cama de sal. Cúbrelo con el resto de la mezcla, empezando por los laterales y terminando por arriba, y presiona con firmeza con las palmas de las manos para que la pieza quede totalmente sellada. No debe quedar ninguna parte de la carne a la vista ni grietas por donde pueda escapar el vapor.

Comprueba el grosor de la costra por todos los lados: tiene que ser uniforme, de al menos 1 cm, también en los extremos, que es donde suele quedarse más fina. Esa capa homogénea actúa como aislante y reparte el calor de forma constante alrededor de la pieza, de modo que el interior se cocina despacio y conserva su jugosidad. Si te falta sal para cubrir bien una pieza grande, mezcla un poco más con unas gotas de agua; es mejor que sobre que quedarse corto.

Paso 5 de 6

Hornea entre 45 y 50 minutos

Lleva la bandeja al horno, a media altura, y hornea a 200 °C entre 45 y 50 minutos. El tiempo exacto depende del grosor de la pieza más que de su peso: un lomo estrecho y largo se hace antes que uno corto y grueso con los mismos 800 g.

Durante el horneado la costra se endurece y toma un tono ligeramente tostado; no la abras para mirar, porque perderías el vapor que cocina la carne. Si tienes termómetro de cocina, pincha la sonda a través de la costra hasta el centro de la pieza al llegar a los 45 minutos: entre 63 y 65 °C la carne queda hecha y todavía jugosa, y con el reposo sube un par de grados más. No te preocupes por la cantidad de sal empleada: gracias a la película de aceite y hierbas, la carne solo toma la sal justa para quedar sazonada.

Paso 6 de 6

Reposa, rompe la costra y corta

Saca la bandeja del horno y deja reposar el lomo 10 minutos sin tocar la sal. En ese tiempo los jugos se redistribuyen por el interior de las fibras; si rompes la costra y cortas enseguida, se escapan a la tabla y la carne queda más seca.

Pasado el reposo, rompe la costra con cuidado con un mazo de cocina o con el mango de un cuchillo pesado, dando golpes secos por los bordes y levantando la sal en placas. Retira la pieza, quita el hilo si la habías atado y limpia los restos de sal pegados con un pincel de cocina o un papel. Córtala en lonchas finas con un cuchillo bien afilado, en perpendicular a la fibra. El centro debe verse rosado pálido y húmedo; si está gris y seco, la próxima vez reduce unos minutos el horneado.

Consejos finales

El lomo se puede llevar a la mesa caliente, recién cortado, o dejarlo enfriar y servirlo en lonchas finas como fiambre. Caliente, pide guarnición con cuerpo, como unas patatas asadas o un puré de manzana casero, cuyo dulzor equilibra el punto salino de la costra; frío, combina mejor con una ensalada de brotes verdes con un aliño ácido.

Corta siempre en contra de la fibra y en lonchas de medio centímetro como mucho, y saca la pieza cuando el centro marque entre 63 y 65 °C: con esos trucos la carne llega tierna al plato. Si la carne sale seca, casi siempre es por exceso de horno o por haber roto la costra sin esperar el reposo, no por la sal. Si el borde aparece demasiado salado, revisa que el aceite cubriera bien toda la superficie antes de enterrarla. Para dar más color, puedes dorar la pieza en una sartén con aceite bien caliente antes de cubrirla, como hacen muchos cocineros.

Las sobras, bien envueltas, se conservan 3 o 4 días en frío y son estupendas para bocadillos o una tosta con pimientos asados. También puedes calentar unas lonchas en una cinta de lomo en salsa o saltearlas con ajo como en el lomo al ajillo.

Para una comida de fiesta, el lomo de cerdo relleno de manzanas combina dulce y salado, y en días con menos tiempo el lomo de cerdo en la olla mantiene la carne jugosa con muy poca vigilancia.

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