Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
Para una pieza de 800 g necesitas 2 kg de sal gruesa marina, mojada con 50 ml de coñac hasta que parezca arena húmeda. Con parte haces una base de 1,5 cm bajo el lomo y con el resto lo tapas con una costra de 1 cm como mínimo. Si escatimas sal, el vapor se escapa por los huecos.
Entre 45 y 50 minutos a 200 °C, con calor arriba y abajo, y 10 minutos de reposo antes de romper la costra. El tiempo depende más del grosor de la pieza que de su peso. Si tienes termómetro, la carne está en su punto cuando el centro marca entre 63 y 65 °C.
No, toma solo la sal justa. La clave es untarlo antes con aceite de oliva virgen extra, pimienta, tomillo y romero: esa película separa la carne de la sal y mantiene los jugos dentro. Por eso no hay que salar la pieza. Si un borde sale salado, es que el aceite no lo cubría bien.
Una cinta compacta y de grosor uniforme de un extremo al otro, para que la punta fina no se pase mientras el centro queda crudo. El lomo blanco sale tierno si no lo horneas de más, y el ibérico, con más grasa infiltrada, tiene más margen. Conserva una capa fina de grasa por fuera, que lo protege de secarse.
Casi siempre por exceso de horno o por romper la costra sin esperar los 10 minutos de reposo, no por la sal. Si cortas enseguida, los jugos se escapan a la tabla. Pincha el centro a los 45 minutos, sácalo entre 63 y 65 °C y córtalo en lonchas finas, en contra de la fibra.
Caliente y recién cortado, con patatas asadas o puré de manzana casero, o frío en lonchas finas como fiambre, con una ensalada de brotes y un aliño ácido. Las sobras, bien envueltas, aguantan 3 o 4 días en la nevera y van muy bien en bocadillos o en una tosta con pimientos asados.
Gallina Blanca Chef Guía
Lomo a la sal
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