Costilla de cerdo, morcilla de cebolla, patata, tomate y una cabeza de ajos entera en el centro: con eso se monta el arroz al horno, un arroz seco de la cocina valenciana que se termina en cazuela de barro y que, a diferencia de otras versiones, no necesita garbanzos ni cocido del día anterior. La cazuela da de comer a 4 personas y está en la mesa en unos 45 minutos, reposo incluido, de los que solo los 20 primeros te tienen junto a los fogones.

En algunas comarcas valencianas se le llama arròs passejat, porque cuando no había horno en todas las casas la cazuela se llevaba al horno de pan del barrio y volvía ya hecha. En Valencia, la versión más extendida suma garbanzos y aprovecha el caldo del cocido; la tienes en el arroz al horno valenciano. Aquí el caldo se hace al momento con agua caliente y una pastilla de Avecrem Pollo, así que puedes prepararlo cualquier día sin haber guisado antes.

La proporción manda: 2 medidas de agua por cada medida de arroz, en este caso 8 tazas de café de agua para 4 de arroz, y el agua tiene que entrar casi hirviendo para que el horno no pierda tiempo calentándola. A 220 °C, el grano se hace en unos 20 minutos y la superficie se tuesta sin que el fondo se agarre. Lo que hace de este arroz una receta fácil para quien se pelea con la paella es que, una vez dentro del horno, no se remueve ni se regula ningún fuego: el calor llega por igual a toda la cazuela.

Al comprar, pide una morcilla de cebolla firme, de las que aguantan el calor sin abrirse, y una patata de carne firme, tipo monalisa o kennebec, que no se deshaga en el caldo.

Información nutricional(por ración)

Energía

580 kcal

Hidratos

65 g

Grasas

26 g

Fibra

3 g

Proteínas

22 g

¿Cuántos comensales?
4
Arroz blanco
Arroz blanco
4 tazas de café
Agua
Agua
8 tazas de café
Ajo
Ajo
1 cabeza
Costilla de cerdo
Costilla de cerdo
200 gramos
Patata
Patata
1 unidad
Tomate
Tomate
1 unidad
Morcilla de cebolla
Morcilla de cebolla
2 unidades
Colorante alimenticio
Colorante alimenticio
al gusto azafran
Avecrem Pollo
1 pastilla
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Paso 1 de 1

Sofríe, monta la cazuela y hornea

Precalienta el horno a 220 °C, calor arriba y abajo. Pon a calentar las 8 tazas de café de agua en un cazo, desmenuza dentro la pastilla de Avecrem Pollo y añade el colorante o unas hebras de azafrán; prueba el caldo antes de salar, porque la pastilla ya aporta sal. Pela la patata, córtala en rodajas de 1 cm y parte el tomate por la mitad.

En la cazuela de barro, si admite fuego directo, o en una sartén amplia, calienta un chorro de aceite y dora los 200 g de costilla troceada a fuego medio unos 5 minutos, hasta que tenga color por todas las caras. Añade la patata y el tomate y dales 2 o 3 minutos. Coloca la cabeza de ajos entera en el centro y las 2 morcillas de cebolla, con una sola vuelta y sin pincharlas para que no se abran. Incorpora las 4 tazas de café de arroz y rehógalo 2 minutos, hasta que el grano se vea nacarado: así absorbe el caldo de forma más pareja.

Vierte el agua caliente, reparte el arroz por el fondo y recoloca encima la patata, el tomate y las morcillas, un poco hundidos en el caldo, con los ajos presidiendo el centro. Si has usado sartén, pasa todo a la cazuela de barro. Hornea a media altura unos 20 minutos, hasta que no quede líquido, el grano esté tierno y la superficie tostada; prueba un grano del centro antes de sacarla. Fuera del horno, deja reposar la cazuela 5 minutos tapada con un paño limpio.

Consejos finales

Lleva la cazuela tal cual a la mesa y sirve desde ella, con una ración de costilla, un trozo de morcilla y algo de patata en cada plato; los dientes de la cabeza de ajos, asados y blandos, se untan como si fueran mantequilla. Para equilibrar la grasa, basta una ensalada de hojas verdes con cebolla tierna y un aliño con bastante vinagre. Si quieres repetir con el mismo embutido en otro formato, el arroz con morcilla va por un camino parecido.

El punto se reconoce por la superficie: el caldo deja de burbujear entre los granos y aparecen pequeños cráteres secos. Si el centro sigue duro y ya no queda líquido, rocía 2 o 3 cucharadas de agua caliente, cubre con papel de aluminio y dale 5 minutos más. Si sobra caldo con el grano ya tierno, déjala 3 a 5 minutos más en el horno, sin tapar y sin grill, porque el grill solo reseca la capa de arriba y quema la morcilla. Con el barro, los trucos tienen que ver con la física: calienta la cazuela poco a poco y no la apoyes recién salida del horno sobre una encimera fría o mojada, porque el cambio brusco de temperatura la agrieta.

El grano está en su punto nada más salir del horno. Las raciones que sobren se guardan en cuanto se templen, en un táper bien cerrado, y aguantan hasta 2 días en frío. Recaliéntalo con un chorrito de agua, tapado con aluminio, unos minutos en el horno a 180 °C, o en el microondas en una fuente cubierta. Congelarlo no compensa: la patata se vuelve arenosa y el grano se parte.

Ya que el horno está encendido, unos muslos de pollo al horno o un salmón al horno aprovechan el calor para la cena, y para una comida de fin de semana con más tiempo está la paletilla de cordero al horno.

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