Azafrán, mantequilla y parmesano bastan para darle al risotto a la milanesa su color amarillo intenso y esa textura suelta y cremosa a la vez. La receta lleva unos 40 minutos y sirve a 4 personas como plato principal, con 400 g de arroz y 1 brick de caldo de pollo; entre 16 y 18 de esos minutos son de cocción del grano, removiendo cada vez que entra el caldo.

Es el arroz de Milán y de la Lombardía, una región arrocera del norte de Italia. En las versiones clásicas, como las que recogió Pellegrino Artusi a finales del siglo XIX, el sofrito llevaba tuétano de buey además de mantequilla, un ingrediente que hoy muchas casas omiten. En la propia ciudad se sirve como primer plato o, a la manera tradicional, junto al osobuco, y entonces arroz y carne comparten plato como plato único.

Al comprar, el azafrán en hebras, de color rojo uniforme y sin restos amarillos, da mucho más color y aroma que el molido. Una buena pizca basta para 400 g de arroz, siempre que lo dejes infusionar en caldo caliente un mínimo de 10 minutos antes de echarlo. En el arroz, busca variedades para risotto como arborio o carnaroli, que sueltan almidón sin perder el corazón del grano; el redondo de paella no da la misma cremosidad, así que no conviene usarlo como sustituto.

Como primer risotto es una elección fácil: lleva pocos ingredientes y el único momento delicado llega a partir del minuto 15, cuando toca probar el grano. Si quieres comparar después con otra versión de queso, el risotto a la parmesana prescinde del azafrán.

Información nutricional(por ración)

Energía

485 kcal

Hidratos

68 g

Grasas

16 g

Fibra

2.2 g

Proteínas

14 g

¿Cuántos comensales?
4
Arroz blanco
Arroz blanco
400 gramos
Cebolleta
Cebolleta
1 unidad
Mantequilla
Mantequilla
50 gramos
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso
Azafrán
Azafrán
al gusto
Queso parmesano reggiano
Queso parmesano reggiano
80 gramos
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Paso 1 de 3

Pocha la cebolleta y tuesta el arroz

Pocha la cebolleta y tuesta el arroz

Pon el Caldo Casero de Pollo Gallina Blanca en un cazo y mantenlo cerca del hervor, a fuego bajo, durante toda la receta. Separa un cucharón en un vaso y echa en él el azafrán para que vaya soltando color. Pica la cebolleta muy fina.

En una cazuela ancha y de fondo grueso, calienta un chorrito de aceite a fuego medio y pocha la cebolleta unos 5 minutos, moviéndola a menudo, hasta que quede tierna y translúcida. No debe tomar color: un sofrito dorado amarga y apaga el amarillo del azafrán. Añade los 400 g de arroz y dale vueltas durante 2 o 3 minutos: el grano tiene que calentarse y quedar brillante, con los bordes translúcidos, sin llegar a tostarse en exceso. Moja entonces con un vaso de vino y el cucharón de caldo con el azafrán, y deja que el líquido merme a fuego medio hasta que solo quede más o menos un cuarto del líquido.

Paso 2 de 3

Moja con el caldo en 3 tandas

Moja con el caldo en 3 tandas

Añade una primera tanda de caldo caliente, más o menos un tercio, hasta cubrir apenas el arroz, y remueve con suavidad. Cuando el grano lo haya absorbido y al pasar la cuchara quede un surco limpio en el fondo, añade la segunda tanda, y después la tercera, removiendo cada vez. Ese movimiento hace que el arroz suelte su almidón, que es lo que espesa el risotto y le da la textura mantecosa, sin nata ni harina. Entre tanda y tanda remueve solo de vez en cuando, porque en exceso el grano se rompe.

El hervor debe ser alegre, a fuego medio, y el arroz necesita en total de 16 a 18 minutos contados desde la primera tanda. Hacia el minuto 15 empieza a catar: un grano en su punto cede por fuera y guarda el corazón algo entero. Si el cazo se vacía y el arroz sigue duro, recurre al agua hirviendo; si está listo antes, el caldo sobrante se queda en el cazo. Déjalo algo caldoso: espesa al mantecar.

Paso 3 de 3

Liga con mantequilla fría y parmesano

Liga con mantequilla fría y parmesano

Retira la cazuela del fuego. Añade los 50 g de mantequilla, muy fría y cortada en dados, y los 80 g de Parmigiano Reggiano rallado en el momento. Bate con la cuchara de madera, con energía y en círculos, durante 1 o 2 minutos. La mantequilla fría se funde poco a poco y emulsiona con el almidón y el queso en una crema brillante; si estuviera blanda, se derretiría de golpe y dejaría una capa de grasa por encima. Este paso, la mantecatura, se hace siempre sin fuego para que el queso no forme hebras.

Prueba y corrige la sal con prudencia, ya que el caldo y el parmesano ya aportan bastante. Tapa la cazuela 1 minuto y sirve enseguida en platos llanos templados. Al inclinar el plato, el risotto debe extenderse despacio y sin soltar líquido alrededor; si se queda compacto, aligéralo antes de servirlo con unas cucharadas más de caldo bien caliente.

Consejos finales

Como guarnición, el risotto a la milanesa acompaña muy bien carnes estofadas con salsa, desde el osobuco clásico hasta unas carrilleras o un jarrete al horno. Si prefieres servirlo solo, como primer plato, basta con abrir la comida con unas hojas verdes aliñadas. Y para un menú milanés completo, el escalope a la milanesa es la otra receta de la ciudad que lleva su nombre.

Un risotto pastoso se ha pasado de cocción o ha esperado demasiado: este arroz no aguanta, así que ten a todos sentados antes de empezar a mantecar. El amarillo intenso no sale de echar más azafrán al final, que ya no tiene tiempo de soltar color, sino de trucos de principio como infusionarlo al menos 10 minutos y no dejar que la cebolleta se dore, que además evita el regusto amargo. Si aun así queda pálido, la próxima vez aumenta un poco la cantidad desde el principio.

Para acercarte a la versión clásica, pide a tu carnicero un trozo de hueso de caña y añade al sofrito un poco del tuétano, que aporta un sabor más profundo. Sin carne, moja con caldo de verduras y cambia el Parmigiano Reggiano, que siempre lleva cuajo animal, por un queso curado de cuajo vegetal. Las sobras se enfrían rápido, se guardan en el frigorífico un máximo de 2 días y, en Milán, se aplastan en una sartén con mantequilla hasta formar una torta crujiente por las 2 caras: es el riso al salto.

La técnica de mojar en tandas y mantecar fuera del fuego sirve también para el risotto de setas y pollo, más completo, o para el risotto de champiñones, que termina con nata.

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