Rodajas con marcas de plancha, jugosas en el centro y nunca aguadas: ese es el objetivo del calabacín a la plancha, una guarnición que aquí se convierte en plato con panceta crujiente, ajo laminado y una salsa rápida de yogur. Con 3 calabacines hay ración para 4 personas, y todo se hace en unos 30 minutos, contando que la plancha se trabaja en 2 tandas para no amontonar las rodajas. Frente al horno o la crema, la plancha conserva el jugo y deja el calabacín con un punto de mordida, siempre que no lo cortes demasiado fino.

Para que coja color y no acabe hervido en su propia agua cuentan el grosor, la humedad y el calor: rodajas de algo menos de 1 cm, todas iguales; la superficie bien seca antes de que toque el metal; y la plancha caliente, a fuego medio alto, con 3 o 4 minutos de cada lado. Elige calabacines medianos, firmes y pesados, con la piel brillante y sin golpes. Los muy grandes tienen más semillas y más agua, y a la plancha se reblandecen antes de dorarse. Su mejor época va de finales de primavera a principios de otoño, cuando están más tiernos y apenas amargan.

La grasa que suelta la panceta al dorarse es la que da sabor al calabacín, así que no la tires: con muy poco aceite de oliva virgen extra añadido tendrás bastante. El yogur del final aporta frescor y un contraste de temperatura que equilibra lo salado de la panceta.

Información nutricional(por ración)

Energía

165 kcal

Hidratos

6 g

Grasas

13.5 g

Fibra

2.2 g

Proteínas

5.5 g

¿Cuántos comensales?
4
Calabacín
Calabacín
3 unidades
Ajo
Ajo
3 dientes
Panceta
Panceta
100 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto
Yogurt natural
Yogurt natural
2 cucharadas
Imágenes generadas con IA
Cooking Mode Desactivado

Con el Cooking Mode tu pantalla no va a entrar en modo hibernación...

Paso 1 de 4

Lava, corta y seca los calabacines

Lava los 3 calabacines bajo el grifo frotando la piel con las manos para quitar restos de tierra y sécalos con un paño limpio. No hace falta pelarlos: la piel ayuda a que las rodajas no se deshagan en la plancha y aporta color. Corta los extremos y rebánalos en rodajas de algo menos de 1 cm, todas del mismo grosor. Si unas son muy finas y otras gruesas, las primeras se queman mientras las segundas siguen crudas.

Extiende las rodajas sobre papel de cocina, espolvoréalas con una pizca muy pequeña de sal y deja que suden 10 minutos; verás aparecer gotas en la superficie. Sécalas entonces con otra hoja, apretando un poco. Esa sal es casi toda la que lleva el plato, porque la panceta aporta el resto. Mientras tanto, pela los 3 ajos y lamínalos bien finos, y corta los 100 g de panceta en tiras o dados pequeños.

Paso 2 de 4

Dora la panceta con el ajo laminado

Pon la panceta en la plancha o en una sartén amplia, todavía fría o apenas templada, y enciende a fuego medio. Así la grasa se va fundiendo poco a poco y la panceta se dora de manera uniforme en unos 5 a 7 minutos, hasta que esté crujiente y de color tostado. Si empiezas con el fuego muy fuerte, se quema por fuera y queda gomosa por dentro.

Cuando la panceta esté casi lista, añade las láminas de ajo y remueve durante el último minuto, solo hasta que tomen un tono dorado claro. El ajo se quema en un momento y, si se tuesta de más, amarga. Retira la panceta y el ajo con una espumadera, déjalos en un plato aparte y conserva la grasa en la plancha: va a ser la base para cocinar el calabacín y le dará buena parte del sabor.

Paso 3 de 4

Marca las rodajas en 2 tandas

Pon el fuego a medio alto y espera a que la grasa esté bien caliente; si ves que hay poca, añade un hilo pequeño de aceite de oliva virgen extra, lo justo para que el calabacín no se empape. Coloca la mitad de las rodajas en una sola capa, sin que se monten, y no las muevas: en 3 o 4 minutos la cara de abajo estará dorada y con marcas.

Dales la vuelta y cocina otros 3 o 4 minutos por el otro lado, hasta que estén tiernas al pincharlas con un palillo pero sigan enteras. Añade una pizca de pimienta recién molida antes de retirarlas. Haz la segunda tanda igual. La técnica es fácil, pero este punto no admite atajos: si llenas la plancha de golpe, la temperatura cae, el calabacín suelta su agua y acaba hervido, pálido y blando.

Paso 4 de 4

Prepara el aliño de yogur y sirve

En un cuenco pequeño, bate las 2 cucharadas de yogur natural con 1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra y una pizca de pimienta hasta que quede una salsa lisa. No le añadas sal: entre la que sudó el calabacín y la panceta, el plato ya va servido. Si la salsa queda espesa, aclárala con 1 cucharadita de agua fría.

Coloca las rodajas en una fuente amplia, ligeramente solapadas en círculos o en filas, para que todas conserven la cara dorada a la vista. Reparte por encima la panceta y el ajo, que habrán perdido algo de calor pero siguen crujientes, y termina con unos hilos de salsa de yogur, mejor con una cuchara que a chorro para que no tapen el color. Sírvelo enseguida, con el calabacín aún caliente y el yogur frío, porque ese contraste es parte del plato. Si lo sirves en platos individuales, calcula 7 u 8 rodajas por persona.

Consejos finales

Si las rodajas te salen blandas y sin color, casi siempre es por una de estas razones: estaban húmedas, eran demasiado finas o la plancha no estaba lo bastante caliente. La solución está en los trucos del principio: secarlas bien con papel antes de cocinarlas y no meter más rodajas de las que caben en una sola capa. Si se doran por fuera pero siguen duras, baja un poco el fuego y deja 1 minuto más por cada lado. Y si se te pasan y se ablandan, no las tires: trituradas con un poco de caldo son la base de una crema de calabacín.

Como guarnición va bien con carnes a la brasa, con pescados como el salmón a la plancha o con un arroz blanco. Sin panceta y con unas nueces troceadas por encima tienes una versión vegetariana igual de sabrosa.

En la nevera aguanta 2 días en un recipiente cerrado, con la salsa de yogur en un tarro aparte, aunque pierde parte del dorado. Recaliéntalo 1 o 2 minutos en la sartén caliente, sin tapar, para que no suelte agua. No conviene congelarlo, porque al descongelarse queda blando.

El horno es la alternativa cuando quieres más volumen sin vigilar la plancha: coloca las rodajas en una bandeja con papel, píntalas con aceite por las 2 caras y ásalas a 200 °C unos 15 a 20 minutos; a mitad de tiempo, gíralas. Con queso por encima llegas a unos calabacines gratinados. Para un plato principal con la misma hortaliza, el calabacín relleno o una quiche de calabacín resuelven una cena completa.

Valora esta recetas
Añade esta receta a tus favoritos Y tenla a mano siempre que quieras