Cuando llega el verano y los calabacines se amontonan en el mercado a buen precio, una crema de calabacín casera es la forma más rápida de darles salida, con 3 piezas, cebolla, puerro, patata y un chorro de crema de leche para suavizar. En unos 40 minutos está lista, con un bol generoso para cada una de 4 personas, ya sea para empezar la comida o como cena ligera con pan tostado.

Elegir bien el calabacín cambia la textura final. Busca piezas medianas, firmes al apretarlas, de piel lustrosa y sin marcas; los ejemplares enormes acumulan semillas y agua, y la crema queda aguada y algo amarga. No hace falta pelarlo: la piel verde da color a la crema, y si la quieres de un verde más claro, pela solo la mitad en tiras. En casa se puede servir caliente en invierno o fría en pleno agosto, igual que una vichyssoise de invierno, que comparte la base de puerro y patata.

Lo propio de esta versión es la guarnición: unas tiras finas de calabacín crudo que se reservan al principio y se colocan encima al servir, para que cada cucharada tenga algo crujiente. La otra clave es el dorado inicial: 5 minutos de rehogado del calabacín con la patata antes de añadir el agua concentran el sabor y evitan que la crema sepa solo a verdura hervida. La patata, aunque no figure en el nombre del plato, es la que le da cuerpo sin necesidad de harina ni espesantes.

Información nutricional(por ración)

Energía

180 kcal

Hidratos

25 g

Grasas

4 g

Fibra

5 g

Proteínas

8 g

¿Cuántos comensales?
4
Avecrem Vegetal
1 pastilla
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Puerro
Puerro
al gusto
Calabacín
Calabacín
3 unidades
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
30 mililitros
Agua
Agua
400 mililitros
Crema de leche
Crema de leche
100 mililitros
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Nuez moscada
Nuez moscada
al gusto
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Receta

Crema de Calabacín

Paso 1 de 4

Corta las verduras para la crema

Lava los 3 calabacines, la cebolla, el puerro y la patata. Pela la cebolla y lamínala fina; reserva en un bol. Recorta del puerro las raíces y las hojas verdes más duras, ábrelo a lo largo para lavar bien la tierra que se queda entre las capas y córtalo en rodajas finas, junto a la cebolla.

Pela la patata y trocéala en dados de 1 cm aproximado, para que se cueza al mismo ritmo que el calabacín y no queden trozos duros al triturar. Corta los calabacines en rodajas de medio centímetro con su piel, pero separa antes un trozo de unos 8 cm de uno de ellos y déjalo entero: lo vas a necesitar en el paso siguiente para la decoración crujiente. Dejar todo troceado con antelación te permite hacer la crema de calabacín paso a paso, sin prisas y respetando el orden de cada verdura.

Paso 2 de 4

Prepara las tiras crujientes de calabacín

Coge el trozo de calabacín que reservaste y córtalo primero en láminas finas, de 2 o 3 mm, con un cuchillo de buen filo o con mandolina. Después apila las láminas y córtalas en tiras muy delgadas, como cerillas. Cuanto más finas, más crujen y mejor contrastan con la suavidad de la crema.

Ponlas en un plato pequeño, cúbrelas con papel de cocina humedecido y mételas en el frigorífico hasta servir: así no se ablandan ni se secan mientras cocinas. Este truco sirve para cualquier crema de verduras: el calabacín crudo encima aporta frescor y un sabor algo herbáceo que el calabacín cocido pierde. Si te sobran tiras, aprovéchalas en una ensalada aliñada con limón.

Paso 3 de 4

Rehoga la cebolla, el puerro y el calabacín

Rehoga la cebolla, el puerro y el calabacín

Vierte en una cacerola 30 ml de aceite de oliva virgen extra y caliéntalo sin pasar del fuego medio. Con el aceite ya caliente, incorpora la cebolla y el puerro y rehógalos 8 o 10 minutos, removiendo a menudo para evitar que se agarren. Están listos cuando la cebolla está blanda y empieza a coger un tono dorado claro; si se tuesta demasiado, la crema amargará.

Incorpora los dados de patata y las rodajas de calabacín y rehoga todo junto unos 5 minutos más, sin tapar, hasta que el calabacín tome algo de color por los bordes. Este dorado es el que da profundidad de sabor a la crema, así que no te lo saltes aunque tengas prisa. Si notas que el fondo se agarra, modera la llama y remueve, pero no añadas agua todavía: el calabacín suelta su propio líquido en cuanto se calienta.

Paso 4 de 4

Cuece, tritura y sirve la crema de calabacín

Vierte los 400 ml de agua, que dejarán las verduras casi cubiertas, y deshaz encima la pastilla de Avecrem Vegetal entre los dedos. Remueve para que se disuelva, tapa la cacerola y mantén un hervor tranquilo durante 20 minutos aproximadamente, momento en que la patata se deshace si la aprietas con una cuchara.

Apaga el fuego y pasa la batidora de mano hasta obtener una textura cremosa y sin grumos; con la batidora de vaso queda aún más fina, pero llénala solo hasta la mitad y tapa con un paño, porque el vapor empuja la tapa. Añade los 100 ml de crema de leche, mezcla con calma y sazona con una pizca de nuez moscada y pimienta negra recién molida, que le dan un punto aromático y algo picante. Si queda espesa, aclárala con agua caliente, poco a poco. Sirve en boles y coloca encima las tiras de calabacín crudo que tenías en la nevera.

Consejos finales

Guardada en frío y bien tapada, la crema de calabacín se mantiene 2 o 3 días, y tomada fría al segundo día, removida antes de servir, gana sabor. Si quieres congelarla, hazlo antes de añadir la crema de leche, porque los lácteos tienden a cortarse al descongelarse; así aguanta hasta 3 meses. Cuando la vayas a tomar, deja que se descongele en el frigorífico unas 12 horas, caliéntala sin que llegue a hervir y añade la crema de leche al final. Las tiras de calabacín crudo, en cambio, se cortan en el momento.

Cambiar la crema de leche es la variante más pedida: para una crema de calabacín sin nata ni lactosa, sustitúyela por bebida de avena sin azúcar o simplemente por un poco más de patata, que ya da cuerpo por sí sola. Un par de quesitos o 50 g de queso fresco batidos al final dan una crema más densa y suave, al gusto de quienes la prefieren menos vegetal. Si quieres que conserve un verde vivo, añade un puñado de hojas de albahaca justo antes de triturar y no recalientes la crema muchas veces, porque el color se apaga con cada hervor.

En la compra, lo fácil es guiarse por la temporada: el calabacín está en su mejor momento de junio a septiembre, más firme y con menos agua. Fuera de esos meses sigue siendo un buen recurso, aunque conviene escurrir un poco las rodajas tras el rehogado si sueltan demasiado líquido. Para una textura más densa con los mismos ingredientes de base, el puré de calabacín y puerro es la alternativa natural. De segundo plato, la crema encaja con un pescado ligero como la merluza en papillote con verduras o con un calabacín a la plancha si quieres seguir aprovechando la cosecha.

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