En primavera, cuando el guisante fresco está más dulce, apetecen unos guisantes con jamón hechos como guiso corto: rehogados con cebolla, ajo y lechuga, terminados con daditos de jamón, jugosos y con muy poco caldo. Se tienen listos en unos 40 minutos, 12 de ellos solo para pochar la cebolla a fuego lento, y los 650 g de guisantes que lleva sirven para 4 personas.

La temporada del fresco va más o menos de marzo a junio. Si lo compras en vaina, cuenta con que al desgranarlo se queda en menos de la mitad del peso, así que para estos 650 g necesitarás bastante más de 1 kg. Fuera de temporada, el congelado es una opción muy digna, porque se congela poco después de recogerlo; busca los finos o extrafinos, que son más tiernos y se cuecen antes. Los de bote ya vienen cocidos: escúrrelos, enjuágalos y deja que solo se calienten 3 o 4 minutos en el sofrito, con muy poca agua.

La lechuga es el ingrediente que más sorprende y el que da la gracia al plato: un cogollo cortado en tiras se deshace casi por completo, aporta humedad y suaviza la salsa sin que se note su sabor. Para el jamón funciona mejor un taco de serrano cortado en dados que unas lonchas finas, que se endurecen y salan el caldo. Resulta fácil incluso para quien empieza, con una condición: respetar los 12 minutos de cebolla a fuego muy lento, que son los que dan dulzor a la base. Y si te sobran guisantes de la bolsa, el revuelto de guisantes con jamón los aprovecha en 10 minutos.

Información nutricional(por ración)

Energía

245 kcal

Hidratos

18 g

Grasas

12 g

Fibra

8 g

Proteínas

15 g

¿Cuántos comensales?
4
Guisante
Guisante
650 gramos
Pimienta
Pimienta
1 una pizca
Azúcar blanco
Azúcar blanco
1 una pizca
Lechuga
Lechuga
1 cogollo
Ajo
Ajo
1 diente
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 3

Dora el jamón y pocha el sofrito

Dora el jamón y pocha el sofrito

Lava el cogollo de lechuga, sécalo bien y córtalo en juliana fina. Pela y pica muy finos la cebolla y el diente de ajo. Calienta el aceite de oliva virgen extra, unas 3 cucharadas, en una cazuela de fondo grueso, mejor antiadherente, y dora los daditos de jamón solo unos instantes, hasta que cambien de color. Sácalos a un plato y resérvalos: si se quedan en la cazuela todo el guiso, se endurecen y sueltan demasiada sal.

En ese mismo aceite, que ya lleva el sabor del jamón, rehoga la cebolla a fuego muy lento durante unos 12 minutos, con alguna vuelta de cuchara, hasta que quede melosa y translúcida pero sin color. Añade el ajo picado y la lechuga y cocina 2 minutos más, hasta que la lechuga pierda volumen y se poche junto a la cebolla. Aporta una humedad y una suavidad que evitan que el guiso se reseque después.

Paso 2 de 3

Cuece los guisantes con la pastilla

Cuece los guisantes con la pastilla

Incorpora los 650 g de guisantes a la cazuela, sin descongelar si son congelados, y remuévelos bien para que se impregnen del aceite y del sofrito. Desmenuza sobre ellos la pastilla de Avecrem Dúo Legumbres Estofadas y añade una pizca de azúcar blanco, que equilibra el dulzor natural del guisante, sobre todo si no son de temporada. Cubre escasamente con agua, lo justo para que asomen los de arriba: el objetivo es un plato meloso, no una sopa.

Cuando arranque el hervor, pon el fuego a media potencia y cuenta unos 15 minutos si los guisantes son frescos; si son congelados, suelen bastar de 8 a 10 minutos, así que pruébalos antes. Están en su punto cuando se aplastan con facilidad entre los dedos pero siguen enteros y de un verde vivo. Si se quedan sin líquido antes de tiempo, añade agua caliente a cucharones pequeños; si sobra mucho caldo, destapa los últimos minutos para que reduzca.

Paso 3 de 3

Añade el jamón y deja reposar

Añade el jamón y deja reposar

Cuando falten unos 5 minutos para el final de la cocción, con los guisantes casi tiernos, sazona con una pizca de pimienta recién molida y devuelve los daditos de jamón a la cazuela. Incorporarlo al final evita que se cueza en exceso y que cargue de sal el caldo, y así conserva su textura y su sabor. Remueve con cuidado para que todo se mezcle sin romper los guisantes.

Prueba antes de añadir sal: entre el jamón y la pastilla, casi siempre está en su punto. Fuera del fuego, tapa la cazuela y espera 2 minutos a que los jugos se asienten y el jamón termine de dar su sabor al conjunto. Sirve los guisantes bien calientes en platos hondos o en cuencos que guarden el calor, con un poco de su salsa en cada ración.

Consejos finales

Sírvelos como primer plato o como cena ligera y completa, con un huevo poché encima que, al romperse, hace la salsa más cremosa, o con un huevo frito si los prefieres más contundentes. La misma pareja de verdura y jamón funciona en las judías verdes con huevo duro y jamón, y para platos más completos los guisantes encajan en la merluza en salsa verde con guisantes y en el pollo con guisantes y zanahorias.

El guisante en su punto está tierno, se deshace al apretarlo con la lengua, pero sigue entero y de color verde brillante. Si se arrugan o se vuelven grisáceos, han cocido de más o con el fuego demasiado fuerte, sobre todo si eran congelados. Ayudan trucos tan simples como la pizca de azúcar, que compensa los guisantes poco dulces, o dorar el jamón al principio para luego retirarlo, de forma que el aceite tome su sabor sin que la carne se quede seca.

En la nevera, bien tapados, duran hasta 3 días. Al recalentarlos, añade unas cucharadas de agua y caliéntalos a fuego suave, porque a fuego fuerte el guisante se arruga. No conviene congelarlos ya guisados: la lechuga se queda acuosa. Con los que sobren tienes una cena distinta: cuájalos con huevo para hacer una tortilla de guisantes con jamón, o tritúralos con algo de caldo caliente para una crema suave que también se toma fría en verano.

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