Junto a unos huevos fritos, al lado de un filete a la plancha o encima de una tostada con un hilo de su propio aceite, los pimientos fritos resuelven medio menú con solo pimiento, aceite de oliva virgen extra y sal gorda. El kilo de pimientos verdes que pide la receta llena una fuente de guarnición para 4 personas, y tardas unos 35 minutos en tenerlo hecho si los fríes en sartén en 2 tandas, algo menos con freidora.

Para freír enteros, el pimiento verde italiano es el más agradecido: alargado, de carne fina y piel delgada, se ablanda por dentro antes de que la piel se queme. El de Padrón y el de Herbón, más pequeños, se fríen en menos tiempo y a fuego más vivo, y ya se sabe que algunos pican y otros no; si tienes prisa, unos pimientos de Padrón al microondas salen en pocos minutos. La mejor época es de finales de primavera a principios de otoño, cuando los pimientos verdes llegan al mercado con la piel tersa y brillante; descarta los que tengan zonas blandas o arrugadas antes de cocinarlos, porque al freírlos se deshacen.

Lo primero es hacer un corte a lo largo en cada pimiento, sin llegar a separarlo por arriba, para que el vapor de dentro salga y no revienten en el aceite. Luego vigila la temperatura: fuego medio en sartén, con un dedo de aceite, o unos 170 °C si usas freidora, de forma que la pulpa se confite antes de que la piel se tueste. Controlado eso, queda una receta fácil para repetir cualquier noche entre semana.

Información nutricional(por ración)

Energía

115 kcal

Hidratos

4.2 g

Grasas

10.5 g

Fibra

1.8 g

Proteínas

1.1 g

¿Cuántos comensales?
4
Pimiento
Pimiento
1 kilo
Sal
Sal
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 3

Lava, seca y abre los pimientos

Lava, seca y abre los pimientos

Lava el kilo de pimientos con agua fría corriente para quitar restos de tierra y sécalos a conciencia con un paño limpio o papel absorbente, uno a uno. Cualquier gota que quede en la piel provoca salpicaduras al entrar en el aceite caliente y además lo enfría, con lo que el pimiento tarda más en dorarse y absorbe más grasa.

Déjalos enteros con su rabito si quieres la presentación tradicional, o quítales el pedúnculo y las semillas y córtalos en tiras anchas si los vas a usar en bocadillos. Si van enteros, haz a cada uno un corte a lo largo con un cuchillo afilado de punta fina, sin despegarlo por la parte de arriba: por esa abertura escapa el vapor que genera la pulpa durante la fritura y el pimiento no revienta ni salta en la sartén.

Paso 2 de 3

Fríe a fuego medio por tandas

Fríe a fuego medio por tandas

Vierte aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia hasta cubrir el fondo con un dedo de profundidad y caliéntalo a fuego medio. Si prefieres la freidora, ponla a unos 170 °C. Mete los pimientos sin amontonarlos; con un kilo lo normal es hacerlos en 2 tandas, porque apretados sueltan agua, el aceite pierde temperatura y salen pálidos y blandos.

En sartén, tapa durante los primeros minutos para que el vapor ablande la pulpa, y después destapa y dales la vuelta con unas pinzas cada pocos minutos para que se doren por todas las caras. Al destapar, levanta la tapa inclinándola hacia el lado contrario a tu cuerpo: el agua condensada cae al aceite y salpica. Calcula entre 12 y 15 minutos por tanda, hasta que la piel se vea arrugada y con manchas tostadas y la carne ceda al apretarla. En freidora bastan unos 4 a 6 minutos por tanda.

Paso 3 de 3

Escurre y sala con sal gorda

Escurre y sala con sal gorda

Saca los pimientos con una espumadera, dejando que escurran un momento sobre la sartén, y colócalos sobre papel absorbente en una sola capa para que suelten el aceite sobrante sin quedar blandos por debajo.

Sálalos con sal gorda por todos los lados mientras están bien calientes: el calor funde un poco los cristales y la sal se pega a la piel. Si prefieres sal en escamas, añádela justo al servir para que cruja. Cuando estén bien escurridos, pásalos a una fuente templada y llévalos a la mesa solos o con huevos fritos, que es la compañía más clásica. Con la piel todavía tersa es cuando mejor saben; si esperan mucho se ablandan, aunque templados siguen funcionando sobre pan tostado.

Consejos finales

Los pimientos que sobren aguantan 2 o 3 días en un táper dentro de la nevera, cubiertos con su propio aceite. Templados en la sartén o a temperatura ambiente sirven para un bocadillo de lomo, para una tortilla o para añadirlos al final a un pisto de verduras. No conviene congelarlos fritos: al descongelar sueltan agua y la piel queda correosa.

Sin aceite abundante, en freidora de aire, la textura cambia: queda más asada que frita. Pincela los pimientos enteros, ya abiertos con el corte lateral, con 1 cucharada de aceite, y cocínalos a 200 °C unos 10 a 12 minutos, sacudiendo la cesta a mitad. Quedan menos grasos y con la piel más seca, así que la sal gorda se pega peor: échala en cuanto salgan.

Para una fritura casera jugosa y no aceitosa no hacen falta trucos de cocinero, solo secar cada pimiento antes de freírlo, porque el agua salta y enfría el aceite, y no llenar la sartén de más. Si quedan duros por dentro con la piel ya negra, el fuego estaba demasiado fuerte; baja la potencia en la siguiente tanda y tapa unos minutos. Para tapear, pon la fuente en el centro con rebanadas de pan rústico tostado y un platito de sal gorda para que cada uno ajuste a su gusto.

Fuera de la sartén, el pimiento da para mucho más: unos pimientos rellenos de carne picada para un plato único, unos pimientos asados y aliñados como entrante frío o una crema de pimientos rojos para empezar la comida.

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