Una cerveza tostada, 3 cebollas bien pochadas y un pollo en cuartos dorado con su piel son la base de este pollo a la cerveza, un guiso de cazuela con la salsa espesa y oscura. Da para 4 personas y en 1 hora está listo para comer, con 30 a 40 minutos de ese tiempo a fuego suave y con la tapa puesta.

Elegir la cerveza es la decisión con más peso en la salsa. Una tostada le da un tono caoba y un amargor ligero que el dulzor de la cebolla compensa durante la cocción; una rubia suave deja una salsa más clara y ligera, y una negra muy torrefacta puede amargar si reduce demasiado. El conejo troceado se guisa igual, y si prefieres no estar pendiente del fuego, el pollo al horno con cerveza cambia la cazuela por la bandeja. En cuartos, los muslos aguantan bien el guiso, pero la pechuga se seca antes, así que no lo alargues más allá de los 40 minutos.

Pide en la carnicería que te corten el pollo en cuartos o en trozos medianos y que dejen la piel: al dorarla suelta grasa y jugo que luego dan cuerpo a la salsa. Lo que más influye en el sabor es también lo más fácil de hacer bien, pochar las 3 cebollas unos 10 minutos antes de añadir el tomate, porque si se quedan crudas la salsa sabe solo a cerveza. Puedes dejarlo hecho por la mañana para la cena: en reposo la salsa se asienta y gana sabor. Una cazuela de fondo grueso reparte mejor el calor y evita que el sofrito se agarre durante la cocción lenta.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

12 g

Grasas

18 g

Fibra

2 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
4
Avecrem Pollo
1 pastilla
Cebolla
Cebolla
3 unidades
Tomate
Tomate
2 unidades maduro
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas
Pollo
Pollo
1 unidad cortado en cuartos
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Paso 1 de 4

Dora el pollo con su piel

Dora el pollo con su piel

Salpimienta los cuartos de pollo por todos los lados. Pon a fuego medio alto una cazuela ancha y baja, en la que quepan todas las piezas en una sola capa, con el aceite de oliva virgen extra (2 cucharadas), y cuando esté caliente coloca el pollo con la piel hacia abajo.

Déjalo unos 10 minutos en total, dándole la vuelta solo cuando la piel se despegue sola del fondo y esté dorada y crujiente. Si lo mueves antes, se pega y se rompe. Este dorado no sirve para cocinar el pollo por dentro, sino para tostar la superficie: es lo que da color a la salsa y evita que la carne quede pálida y hervida. Retira las piezas a un plato y resérvalas. No limpies la cazuela: la grasa y los restos pegados del fondo son la base de sabor del guiso. Baja el fuego a medio antes de seguir.

Paso 2 de 4

Pocha la cebolla y añade el tomate

Pocha la cebolla y añade el tomate

Corta las 3 cebollas en juliana fina y échalas en la misma cazuela, con el aceite y los jugos del pollo. Remueve para que se suelten los restos pegados del fondo, que se disuelven con el agua que suelta la cebolla.

Pocha a fuego medio unos 10 minutos y dale vueltas a menudo; estará a punto cuando se vea blanda, haya perdido el blanco y empiece a coger color. Ese punto ligeramente caramelizado aporta el dulzor que equilibra el amargor de la cerveza. Si ves que se tuesta en los bordes antes de ablandarse, baja el fuego y añade una cucharada de agua.

Ralla los 2 tomates maduros, desechando la piel, e incorpóralos. Sofríe unos 5 minutos más, hasta que el tomate pierda el agua, oscurezca y el sofrito quede espeso, sin líquido suelto en el fondo.

Paso 3 de 4

Vierte la cerveza y el Avecrem

Vierte la cerveza y el Avecrem

Devuelve el pollo a la cazuela, con el jugo que haya soltado en el plato, y mézclalo con el sofrito para que cada pieza quede rodeada de cebolla y tomate. Vierte la cerveza tostada hasta cubrir el pollo más o menos a media altura y sube el fuego.

Deja que hierva unos 5 minutos sin tapar, con un hervor vivo, para que la cerveza pierda su punto más áspero; el alcohol se irá reduciendo poco a poco durante el resto de la cocción. Desmenuza entonces sobre el líquido la pastilla de Avecrem Pollo; mézclala bien para que no queden trocitos sin deshacer. No añadas sal todavía: entre la pastilla y la reducción de la salsa, el guiso suele tener la sal justa, y es mejor rectificar al final. Si eliges una cerveza muy amarga y al probar la salsa la notas fuerte, una cucharadita de azúcar en este momento la equilibra.

Paso 4 de 4

Guisa a fuego suave y reduce

Guisa a fuego suave y reduce

Tapa la cazuela, baja el fuego al mínimo y cuece entre 30 y 40 minutos, con un hervor apenas visible. Sacude la cazuela con suavidad cada 10 minutos, sin destapar demasiado, para que el sofrito no se pegue. Si la salsa baja mucho antes de tiempo, añade un chorrito de agua o de caldo caliente.

En los últimos 10 minutos destapa y deja que la salsa reduzca hasta que nape la cuchara y tenga una textura melosa. El pollo está listo cuando, al pinchar el muslo en la parte más gruesa, el jugo sale transparente y la carne se separa del hueso con facilidad. Prueba y ajusta de sal. Retíralo del fuego y espera 5 minutos con la tapa puesta antes de servir, para que la carne se relaje y la salsa se asiente.

Consejos finales

Las patatas fritas en dados son la guarnición más habitual, porque recogen la salsa sin ablandarse enseguida, aunque un arroz blanco suelto cumple igual de bien y se cuece mientras el pollo guisa. Pon pan en la mesa, porque esta salsa de cebolla y cerveza invita a mojar. Para otro día, el pollo guisado es la versión sin cerveza, y las albóndigas de pollo en salsa resuelven bien una comida con niños.

Una salsa amarga suele venir de una cebolla poco pochada, de una cerveza demasiado tostada o de una reducción excesiva con el fuego alto. Se corrige con un poco más de cebolla pochada aparte o con una pizca de azúcar. Los trucos para que el dorado salga bien son de espacio y de tamaño: si la cazuela es pequeña, dora el pollo en 2 tandas, porque amontonado suda, se cuece en su propio jugo y no llega a tostarse, y trocéalo en piezas parecidas para que todas estén hechas a la vez.

En la nevera aguanta 3 días en un recipiente cerrado, y al día siguiente la salsa tiene más cuerpo. Recaliéntalo tapado y a fuego bajo, con unas cucharadas de agua que aflojen la salsa. Con lo que sobre, deshuesa la carne, desmígala y mézclala con la salsa bien reducida: sirve de relleno para empanadillas o para una tosta con pan tostado. Si no te apetece estar junto a la cocina, los muslos de pollo al horno piden mucha menos vigilancia.

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