La langosta al ajillo en cazuela se hace con una salsa corta de ajo laminado, mantequilla y vino blanco, en la que se terminan en pocos minutos unas colas abiertas por la mitad. Es una cena para 4 personas que se resuelve en unos 20 minutos, y casi todo ese tiempo se va en dorar el ajo y reducir el vino, porque la langosta pasa muy poco por el fuego.

Como referencia, calcula 1 cola de langosta mediana por persona. La langosta se vende viva, cocida o congelada. Si es viva, tiene que moverse con energía y recoger la cola bajo el cuerpo al levantarla; si es congelada, pásala a la nevera el día antes y descongélala allí, nunca en agua caliente, porque la carne empieza a cocerse por fuera. La ya cocida no sirve para esta receta: al volver a la cazuela se queda dura.

A diferencia del bogavante, con pinzas grandes y carnosas, la langosta concentra casi toda la carne en la cola, y por eso aquí solo se trabaja esa parte.

El truco principal es sacar la langosta del fuego a tiempo: cuando la carne deja de verse traslúcida y se vuelve blanca de lado a lado, normalmente en 3 o 4 minutos, está hecha, y cada minuto de más la endurece. El otro punto delicado es el ajo, que debe quedar dorado claro y en láminas finas; si se oscurece, amarga toda la salsa. Con eso controlado, este marisco de celebración queda al alcance de cualquiera: una receta fácil, con pocos ingredientes y menos de media hora de cocina.

Información nutricional(por ración)

Energía

320 kcal

Hidratos

4 g

Fibra

40 g

Proteínas

18 g

¿Cuántos comensales?
4
Avecrem Pescado
1 pastilla
Ajo
Ajo
2 dientes
Perejil
Perejil
1 cucharada de café
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Vino blanco
Vino blanco
150 mililitros
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Receta

Langosta al ajillo

Paso 1 de 3

Incorpora las colas de langosta

Incorpora las colas de langosta

Este paso empieza con la salsa de ajo, vino y Avecrem Pescado ya hecha en la cazuela, como se explica en el último paso, y con las colas de langosta selladas y reservadas. Comprueba que cada cola esté abierta longitudinalmente en 2, con la carne a la vista: así la salsa entra en contacto directo con ella y se hace por igual.

Aviva el fuego a medio alto y devuelve las colas a la cazuela con la carne hacia abajo, junto con el jugo que quede en el plato. Mueve la cazuela para que la salsa las bañe y, con una cuchara, riega también el caparazón. Echa la cucharadita de perejil picado, que se perfuma con el calor sin llegar a cocerse. El fuego alto es intencionado: la langosta tiene que hacerse rápido, porque una cocción larga la deja seca y fibrosa. Para una versión más económica con la misma salsa, prueba los palitos de cangrejo al ajillo.

Paso 2 de 3

Termina la langosta al ajillo y emplata

Termina la langosta al ajillo y emplata

Deja la langosta 3 o 4 minutos en la salsa, según el grosor de las colas, sin dejar de regarla. La señal es una carne blanca y mate en todo su grosor y se nota firme pero elástica al presionarla con el dedo; el caparazón, además, se habrá vuelto de un rojo intenso. Si la carne se ve brillante y gelatinosa en el centro, dale 1 minuto más.

Saca la cazuela del fuego y espera 2 minutos: con el calor residual la carne se termina de hacer sin endurecerse y la salsa se asienta. Sirve en la propia cazuela o en una fuente grande, con las colas con la carne hacia arriba y la salsa por encima, y espolvorea un poco más de perejil fresco picado. Pon pan para mojar en la mesa y, si lo acompañas con vino, que sea un blanco seco y fresco, como el que has usado para cocinar.

Paso 3 de 3

Prepara antes la base de ajo y vino

Prepara antes la base de ajo y vino

En el orden de cocina, este paso va primero. Si las colas vienen enteras, ábrelas de arriba abajo con un cuchillo grande y retira el intestino, el hilo oscuro del centro. En una cazuela ancha puesta a fuego medio, calienta 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y sella las colas 1 minuto con la carne hacia abajo; sácalas a un plato.

En ese mismo aceite, funde una nuez de mantequilla hasta que haga espuma y tome un color dorado claro. Echa los 2 dientes de ajo laminados muy finos y sofríelos 1 o 2 minutos, moviéndolo sin parar, hasta que estén fragantes y apenas dorados: si se oscurecen, la salsa amarga. Vierte el vino blanco (150 ml). Al principio el vino y la grasa se ven separados; deja reducir a fuego medio otros 3 o 4 minutos hasta conseguir que la mezcla se vea unida y haya bajado a la mitad. Entonces desmenuza la pastilla de Avecrem Pescado, deshazla removiendo y continúa con el paso 1.

Consejos finales

Una langosta al ajillo dura y gomosa delata demasiado fuego: con 3 o 4 minutos en la salsa basta, y el reposo hace el resto. Cuando lo que falla es la salsa, suele haber 1 de estas causas. Un ajo demasiado tostado deja un fondo amargo que no se corrige, así que es mejor empezar de nuevo con ajo y aceite limpios que intentar taparlo. Una salsa que no liga indica que el vino no ha reducido lo suficiente; déjala hervir 1 o 2 minutos más antes de añadir la pastilla.

Como principal, acompáñala con pan de miga firme, un arroz blanco o unas patatas cocidas que recojan el ajo y la mantequilla, y una ensalada de hojas verdes. Como entrante de una comida larga, media cola por persona es suficiente. Si tienes langosta entera y algo más de tiempo, la caldereta de langosta menorquina es la forma tradicional de cocinarla en caldo y aprovecha también la cabeza.

La langosta cocinada pide comerse en el momento. Si sobra, guárdala en la nevera sin la salsa, como mucho hasta el día siguiente, y tómala en frío en una ensalada o un salpicón; recalentada pierde jugosidad. No congeles la que ya está cocinada, porque la textura se vuelve fibrosa.

Para otras salsas sobre el mismo marisco, la langosta en salsa lleva un fondo más largo, y la langosta thermidor se gratina en su caparazón con una crema.

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