Una cebolla morada pochada sin prisa, hasta que se vuelve dulce y casi melosa, es la base de los calamares encebollados: anillas de calamar guisadas sobre ella y mojadas con vino blanco. La receta es para 2 personas y lleva unos 45 minutos, con 15 para la cebolla y alrededor de 20 de guiso tapado, que es lo que deja el calamar tierno en lugar de gomoso.

Sirven tanto las anillas ya limpias como un calamar entero que cortes en casa. Si lo compras fresco, busca piel brillante, ojos limpios y carne firme que no deje marca al apretarla; si es congelado, pásalo a la nevera la víspera para que se descongele despacio y sécalo bien antes de cocinarlo, porque el agua que suelta aguaría la salsa. Las piezas medianas dan anillas más tiernas que los ejemplares muy grandes, que suelen pedir más minutos de cazuela. Es un plato de cocina casera de costa, de los que se resuelven con lo que hay en la despensa: cebolla, aceite y un vaso de vino.

La técnica tiene su lógica. La cebolla en juliana fina necesita unos 15 minutos a fuego lento para volverse transparente y empezar a caramelizar, mientras que el calamar se comporta al revés: o se cocina muy poco, menos de 2 minutos a fuego vivo, o bastante, entre 20 y 30 a fuego suave, porque en el punto intermedio se queda duro. Seguir ese orden de sofrito largo, golpe de calor con el vino y cocción tapada y tranquila convierte esta receta en algo fácil incluso para quien guisa calamar por primera vez. La pastilla de Avecrem Pescado entra en ese último tramo y se encarga de sazonar el conjunto.

Información nutricional(por ración)

Energía

215 kcal

Hidratos

7 g

Grasas

9 g

Fibra

1.5 g

Proteínas

22 g

¿Cuántos comensales?
2
Calamar
Calamar
150 gramos anilla
Cebolla morada
Cebolla morada
1 unidad
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso
Avecrem Pescado
1 pastilla
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Paso 1 de 3

Limpia el calamar y pocha la cebolla

Limpia el calamar y pocha la cebolla

Si partes de un calamar entero, límpialo antes de nada: retira la pluma transparente y las vísceras, pela la piel exterior, enjuágalo bajo el grifo y córtalo en anillas de 1 cm. Si ya tienes las anillas, escúrrelas y sécalas con papel de cocina. Guárdalas en la nevera mientras preparas la base.

Pela la cebolla morada y córtala en juliana fina, con tiras de grosor parecido para que se cocinen al mismo ritmo. Calienta un buen chorro de aceite de oliva, unas 3 cucharadas, en una sartén amplia o en una cazuela de barro, y añade la cebolla con el fuego bajo. Déjala unos 15 minutos y remuévela cada poco; estará lista cuando quede blanda, transparente y con los bordes algo caramelizados. No intentes dorarla deprisa, porque el dulzor solo sale con tiempo; si la base se seca, añade 1 cucharada de agua y continúa.

Paso 2 de 3

Saltea las anillas y moja con vino

Saltea las anillas y moja con vino

Cuando la cebolla esté en su punto, sube el fuego a medio fuerte e incorpora las anillas de calamar bien secas. Saltéalas 1 o 2 minutos junto con la cebolla, removiendo sin parar, hasta que se vuelvan blancas y opacas. En ese tiempo sueltan algo de jugo, que se mezcla con el sofrito y empieza a formar la salsa.

Vierte entonces el vino blanco, todo el vaso, y deja que hierva a fuego vivo unos 2 minutos, hasta que el olor a alcohol desaparezca y el líquido haya reducido un poco. Ese hervor fuerte concentra la acidez y el aroma del vino sin dar tiempo a que el calamar se endurezca. Lo que no conviene es alargar este momento con el fuego al máximo: con más minutos de calor intenso las anillas se encogen, quedan correosas y luego cuesta mucho que se relajen en la cocción suave del final.

Paso 3 de 3

Guisa tapado con el Avecrem Pescado

Guisa tapado con el Avecrem Pescado

Pon el fuego al mínimo y desmenuza la pastilla de Avecrem Pescado sobre la sartén. Remueve para que se disuelva y prueba antes de pensar en la sal: la pastilla ya sazona. Si quieres un aroma de monte, añade ahora una ramita de tomillo. Tapa y deja que el guiso se haga despacio de 20 a 25 minutos, removiendo cada 5 o 6. Es el tiempo que necesita el calamar para pasar de la fase dura a la tierna.

Durante ese rato la salsa espesa con la cebolla, que termina de deshacerse, y con la gelatina que suelta el calamar. Como la cocción es larga, vigila el fondo: si se queda seca, riégala con agua caliente, poca cantidad cada vez; si al final está demasiado líquida, destapa y deja reducir 2 minutos más. Está listo cuando las anillas se pinchan con un tenedor sin resistencia y no rebotan al morderlas. Retira la sartén del calor y espera 2 minutos antes de servir, para que la salsa se asiente.

Consejos finales

Con arroz blanco o unas patatas al vapor se aprovecha toda la salsa, y sobre una rebanada de pan tostado funcionan como tapa. Esta cantidad da para 2 personas como plato principal ligero; si cocinas para más, multiplica el calamar y la cebolla, pero usa una sartén más grande para que el vino reduzca igual de rápido. Para un punto todavía más dulce, los calamares encebollados caramelizados llevan la cebolla más lejos.

El calamar avisa cuando no ha llegado a su punto: si al morder una anilla notas que rebota, todavía le falta. La solución no es subir el fuego, sino lo contrario. Añade medio vaso de agua caliente, tapa y dale entre 5 y 10 minutos más a fuego mínimo, hasta que las fibras se relajen y el tenedor entre sin esfuerzo. Si la salsa ha quedado corta de sabor, un chorrito más de vino reducido 1 minuto con el fuego alto la espabila.

Echar el calamar mojado es el descuido que más estropea este guiso, porque hierve en su agua en vez de saltearse; el truco es secar las anillas con papel de cocina justo antes de que toquen la sartén. Cortar la cebolla gruesa y con prisa también pasa factura: queda cruda por dentro y la salsa no liga. Tampoco sales antes de la pastilla, que ya aporta lo suficiente. Y otro truco que ayuda: no metas el calamar hasta que la cebolla haya perdido por completo el blanco del corte. Si te sobra, al día siguiente la salsa está más trabada; guárdalo tapado en la nevera hasta 2 días y caliéntalo a fuego suave.

Los chipirones encebollados siguen la misma idea con piezas enteras y más pequeñas, y los calamares en salsa de vino blanco dan todo el peso al vino. Para una comida con más gente, la fideuá de calamares y gambas aprovecha el mismo producto en otro formato.

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