Con tomate maduro pelado a mano, pimiento verde, ajo y laurel se guisan estas albóndigas con tomate casero y arroz blanco, una receta tradicional que no necesita ni una gota de salsa de bote. Es un plato único para 4 personas con 500 g de cerdo picado, 1 kg de tomates maduros y 250 g de arroz redondo, y de principio a fin pide unos 80 minutos, porque la salsa sola pide unos 45 minutos entre el pimiento y el tomate.

La calidad del tomate se nota más aquí que en cualquier otro paso. Entre julio y septiembre, el tomate de rama o el de pera bien maduro tiene más pulpa y menos agua, y la salsa espesa antes. Fuera de temporada suele salir más ácido: en ese caso, una pizca de azúcar al final de la cocción equilibra el sabor sin que se note dulce. En la carne, pide al carnicero que pique el cerdo en el momento y que no sea una pieza demasiado magra, ya que un poco de grasa mantiene las albóndigas jugosas durante el guiso.

La piel del tomate se suelta con 1 minuto en agua hirviendo, y la carne pide al menos 4 minutos de amasado para quedar trabada y tierna. El tamaño también cuenta: con bolas de unos 4 cm el centro llega a cocinarse del todo durante los 15 minutos que pasan en la salsa. Si un día prefieres el arroz sin sofreír, la receta de arroz blanco explica cómo dejarlo suelto solo con agua y sal.

Información nutricional(por ración)

Energía

450 kcal

Hidratos

50 g

Grasas

5 g

Fibra

30 g

Proteínas

20 g

¿Cuántos comensales?
4
Cerdo
Cerdo
500 unidades
Arroz redondo
Arroz redondo
250 gramos
Agua
Agua
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto molida
Sal
Sal
al gusto
Harina
Harina
1 cucharada de café fina
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Ajo
Ajo
al gusto
Pan rallado
Pan rallado
1 cucharada de café
Perejil
Perejil
al gusto
Laurel
Laurel
1 hoja
Orégano
Orégano
al gusto
Huevo
Huevo
1 unidad
Ajo
Ajo
4 dientes
Pimiento verde
Pimiento verde
2 unidades
Patata
Patata
2 unidades gorda
Tomate
Tomate
1 kilo maduro
Azúcar blanco
Azúcar blanco
2 cucharadas para los tomates
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Paso 1 de 6

Escalda el ajo y marca los tomates

Pon a hervir abundante agua en una cacerola. Mientras se calienta, lava 1 kg de tomates maduros y, con un cuchillo bien afilado, márcales una cruz en la base. Basta con rasgar la piel formando una X; si cortas hondo, el tomate se abre en el agua y pierde pulpa.

Cuando el agua hierva, echa 1 diente de ajo pelado y déjalo 1 minuto. Esto es blanquear: una cocción muy breve que suaviza el sabor del ajo crudo, para que luego no domine la carne. Sácalo con una espumadera, enfríalo bajo el chorro de agua fría, escúrrelo y resérvalo, porque irá picado en la mezcla de las albóndigas. No apagues el fuego ni tires el agua: es la misma que vas a usar enseguida para pelar los tomates.

Paso 2 de 6

Pela los tomates y trocéalos a cuchillo

Llena un bol amplio de agua fría y, si puedes, añade unos cubitos de hielo. Echa los tomates en el agua hirviendo, con la cruz hacia abajo, y déjalos 1 minuto exacto. Pásalos con la espumadera al agua helada y mantenlos ahí otro minuto: el contraste de temperatura despega la piel y además corta la cocción, de modo que la pulpa no se ablanda en exceso.

Tira de las puntas de la cruz y la piel saldrá entera, sin esfuerzo. Pela todos los tomates y trocéalos sobre la tabla en dados pequeños, aprovechando también el jugo que suelten. Hazlo a cuchillo y no con batidora ni trituradora: los trocitos dan a la salsa una textura rústica, con cuerpo, que se agarra mejor a las albóndigas que un puré liso. Guarda la cacerola, porque después servirá para cocer el arroz.

Paso 3 de 6

Sofríe el pimiento y cuece la salsa

En otra cacerola, pon 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra al fuego, medio bajo, con 2 dientes de ajo pelados y cortados en rodajitas junto con 1 hoja de laurel. Deja que el ajo suelte su aroma durante 2 o 3 minutos sin que llegue a tostarse: si se quema, amarga toda la salsa.

Lava los 2 pimientos verdes, retira el tallo, vacíalos de pepitas y córtalos a lo largo en tiras finas. Échalos a la cacerola con media cucharadita de sal, sube a fuego medio y sofríe entre 15 y 20 minutos, con algún meneo de la cuchara, hasta que estén bien blandos. Añade entonces el tomate troceado y otra media cucharadita de sal.

Cuece de 25 a 30 minutos a fuego medio, removiendo para que no se agarre, hasta que el tomate se deshaga y la grasa se separe en un hilo brillante junto a las paredes. Si queda ácido, añade azúcar poco a poco, sin pasar de 2 cucharadas.

Paso 4 de 6

Amasa la carne y forma las bolas

Mientras se hace la salsa, pica muy fino el diente de ajo blanqueado. En un bol grande pon los 500 g de cerdo picado y añade el ajo, una pizca de orégano, el huevo, 1 cucharada de café de pan rallado, media cucharadita de sal y pimienta al gusto.

Mezcla con un tenedor al menos 4 minutos, hasta que la masa se vea homogénea y algo pegajosa. Debe quedar manejable: si al apretar una porción se deshace, añade otra cucharadita de pan rallado. Ese amasado largo reparte bien la sal y el huevo, y hace que las albóndigas queden tiernas y no se abran después en la salsa.

Prepara un plato con la harina y otro limpio. Mójate las manos, que queden húmedas pero sin chorrear, y así la carne no se pega. Coge una porción con una cuchara, pásala a la palma y redondéala entre las 2 manos hasta formar una bola de unos 4 cm de diámetro. Déjala en el plato limpio y repite hasta terminar la mezcla.

Paso 5 de 6

Fríe y guisa las albóndigas con tomate

Calienta aceite de freír, por ejemplo de girasol, en una sartén pequeña, a unos 170 °C: una miga de pan debe burbujear al momento. Mientras, pasa las albóndigas por la harina y sacúdelas para retirar el exceso, porque la harina sobrante se quema en el aceite.

Fríelas en 2 tandas, sin amontonarlas, de 3 a 4 minutos, girándolas hasta que estén doradas por todos lados. El interior aún estará crudo, y es lo normal: terminará de hacerse en la salsa. Déjalas escurrir sobre papel absorbente.

Cuando el tomate lleve sus 25 a 30 minutos, pruébalo y corrige de sal si hace falta. Añade las albóndigas y cocina a fuego medio bajo 15 minutos, moviendo la cacerola sin meter la cuchara, para que no se rompan. Retira la hoja de laurel. Antes de apagar, abre una: al tratarse de carne picada, el centro tiene que estar bien hecho, sin ningún tono rosado.

Paso 6 de 6

Cuece el arroz, saltéalo con ajo y sirve

Mientras las albóndigas se guisan, llena de nuevo con agua la cacerola en la que pelaste los tomates, sálala y llévala a ebullición. Echa los 250 g de arroz redondo y cuécelo unos 15 o 16 minutos, 2 o 3 menos de lo habitual, porque luego pasa por la sartén: el grano debe ceder al morderlo pero seguir entero. Escúrrelo y enjuágalo con agua fría: así pierde el almidón de la superficie y no se apelmaza en la sartén.

Calienta un poco de aceite en una sartén, dora 2 dientes de ajo troceados durante 1 minuto, incorpora el arroz, sala ligeramente y dale un par de vueltas a fuego vivo, lo justo para que se impregne del aroma del ajo.

En el plato, rellena una taza con el arroz, presiónalo y desmóldalo en el centro del plato. Coloca alrededor las albóndigas con su salsa y espolvorea perejil fresco picado.

Consejos finales

Guardadas en un recipiente hermético, las albóndigas con su salsa se conservan bien 3 días en frío y mejoran de un día para otro, ya que el tomate penetra en la carne. En el congelador duran hasta 3 meses si van cubiertas de salsa, que las protege del frío seco. Descongélalas lentamente en frío durante la noche y recaliéntalas en cazo tapado, con algo de agua y sin prisa. El arroz conviene enfriarlo rápido y tomarlo en 1 o 2 días, recalentado con unas gotas de agua en el microondas.

Cuando la masa queda blanda y las albóndigas se rompen en la sartén, añade media cucharada más de pan rallado y enfría la mezcla 10 minutos antes de volver a formar las bolas. Si la salsa sigue líquida pasados los 30 minutos, cuécela destapada 5 minutos más antes de meter la carne, porque después ya no conviene removerla con energía. Reducir primero y añadir la carne al final mantiene enteras las albóndigas con tomate. En guisos de carne picada, los trucos que mejor funcionan no requieren técnica sino orden, y por eso la receta es fácil y solo pide paciencia con el fuego.

Para una mesa sin gluten, sustituye el pan rallado y la harina por versiones certificadas sin gluten; la harina de arroz reboza igual de bien. Si prefieres una mezcla más suave, combina mitad de cerdo y mitad de ternera picada. Y si te sobran albóndigas sin arroz, desmigadas sobre pasta recuerdan a los espaguetis con albóndigas y salsa de tomate.

En la mesa, con el arroz y una ensalada verde aliñada con vinagre, que aligera la salsa, este guiso es un plato completo para 4 personas. Quien prefiera la patata como guarnición puede mirar las albóndigas con patatas, y si te apetece comparar esta versión paso a paso con otra salsa hecha en casa, prueba las albóndigas caseras con tomate casero.

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