Mitad ternera y mitad cerdo, miga de pan remojada y un huevo: con esa masa se forman unas albóndigas con patatas caseras que terminan de hacerse en una salsa de cebolla, vino blanco y caldo, con la patata guisada en la misma cazuela. Cuenta algo más de 1 hora entre amasar, freír y guisar, y la cazuela sirve un plato único para 4 personas.

Lo ideal es que el carnicero pique la ternera y el cerdo en el momento, delante de ti. La ternera aporta el sabor y el cerdo, con algo más de grasa, mantiene la albóndiga jugosa tras 20 minutos de cocción; con ternera muy magra sola, la bola queda prieta y seca. La miga de pan remojada cumple una función parecida, porque retiene el jugo de la carne mientras se guisa. Para las patatas, elige una variedad de guiso, como Monalisa o Kennebec, que aguanta entera y suelta el almidón justo para espesar sin acabar en puré.

Aunque tiene varias fases, el guiso tradicional se reparte bien a lo largo del día: deja las albóndigas formadas y enharinadas por la mañana, tapadas en la nevera, y fríelas al llegar a casa. El fondo de la salsa lo pone una pastilla de Avecrem Caldo de Pollo disuelta en el agua, de modo que la sal se ajusta al final y no antes. Ten pan de corteza a mano, porque se come con cuchara y tenedor a la vez y la salsa se moja hasta dejar el plato limpio.

Información nutricional(por ración)

Energía

540 kcal

Hidratos

38 g

Grasas

28 g

Fibra

4.5 g

Proteínas

32 g

¿Cuántos comensales?
4
Carne de ternera
Carne de ternera
300 gramos
Avecrem Pollo
1 unidad
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Harina
Harina
al gusto
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso seco
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Pimienta
Pimienta
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Ajo
Ajo
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto
Huevo
Huevo
1 unidad
Patata
Patata
1 kilo
Carne de cerdo
Carne de cerdo
300 gramos
Laurel
Laurel
1 hoja
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Paso 1 de 4

Mezcla la carne y forma las albóndigas

Escurre a conciencia la miga de pan, que habrás remojado unos minutos en un poco de agua o leche, apretándola con la mano: si entra empapada, la masa queda blanda y las albóndigas se deforman en la sartén. En un bol amplio, junta 300 g de ternera picada y 300 g de cerdo picado con la miga, el huevo batido, 2 dientes de ajo muy picados y unas ramas de perejil picado. Salpimienta con moderación, porque el caldo del guiso también trae sal.

Mezcla a mano o con un tenedor solo hasta que todo quede integrado; si amasas de más, la carne se compacta y la albóndiga sale dura. Forma bolas de unos 3 cm, como una nuez gorda, con las palmas ligeramente húmedas para que la masa no se pegue. Pásalas por un plato con harina y sacude el sobrante: basta una capa fina, que se dora en la sartén y luego ayuda a espesar la salsa.

Paso 2 de 4

Fríe las albóndigas y pocha la cebolla

Calienta aceite de oliva virgen extra en una cazuela ancha, con 1 dedo de altura, a fuego medio-alto. Echa las albóndigas en tandas, separadas entre sí, porque si llenas la cazuela la temperatura cae, y fríelas 3 o 4 minutos, girándolas con 2 cucharas, hasta verlas doradas por todas sus caras. No necesitan hacerse por dentro: el centro se termina en la salsa. Sácalas a una fuente con papel de cocina.

Retira casi todo el aceite y deja unas 3 cucharadas en la cazuela. Con el fuego ya a media potencia, incorpora la cebolla picada fina y póchala entre 8 y 10 minutos, removiendo, hasta que se vuelva translúcida y coja color en los bordes. Mientras se hace, rasca con una cuchara de madera los restos tostados que han dejado las albóndigas en el fondo, porque de ahí sale gran parte del gusto de la salsa.

Paso 3 de 4

Liga la salsa y guisa las albóndigas

Espolvorea una cucharada de harina sobre la cebolla y remueve 1 minuto, hasta que tome un tono tostado claro y deje de saber a harina cruda. Vierte el vino blanco seco, un vaso, echa la hoja de laurel y deja que hierva fuerte otros 2 o 3 minutos: cuando la cazuela ya no huela a vino crudo, el alcohol se ha ido.

Incorpora la pastilla de Avecrem Caldo de Pollo desmenuzada y agua caliente hasta cubrir con holgura el fondo; remueve hasta disolverla y evita así que la harina se agarre. Devuelve las albóndigas, hundiéndolas un poco en el líquido, y cuando arranque el hervor deja que burbujee suave unos 5 minutos mientras preparas las patatas. Así la salsa empieza a coger sabor a carne y las albóndigas se asientan antes de tener compañía en la cazuela.

Paso 4 de 4

Añade las patatas chascadas y reposa

Pela 1 kg de patatas, lávalas y cháscalas en pedazos de 3 a 4 cm: clava el cuchillo, corta un poco y gíralo haciendo palanca hasta que la patata se parta. Esa cara irregular suelta almidón y espesa el caldo mucho más que un corte limpio. Repártelas entre las albóndigas y, si no quedan casi cubiertas, añade algo más de agua caliente, sin taparlas del todo o la salsa saldrá aguada. Con fuego suave y la tapa puesta, cuece unos 20 minutos.

No metas la cuchara: sacude la cazuela cada pocos minutos cogiéndola por las asas, en vaivén, para que nada se pegue ni se rompa. Estará en su punto si un cuchillo atraviesa la patata sin resistencia y la salsa cubra la cuchara. Abre una albóndiga: por dentro no debe quedar rosada, porque la carne picada tiene que hacerse entera. Rectifica de sal y pimienta, apaga y deja 5 minutos de reposo tapado para que la salsa espese un poco más.

Consejos finales

Sirve el guiso en platos hondos templados, con perejil picado por encima y pan de corteza crujiente al lado. Al día siguiente gana: la salsa se traba más y las albóndigas absorben parte de ella. Una vez frío, en recipiente cerrado, aguanta 2 días en el frigorífico; al recalentarlo, hazlo despacio y con unas cucharadas de agua para aflojar la salsa.

Para congelar, separa las albóndigas con su salsa, que aguantan hasta 3 meses, y cuece patatas nuevas al descongelar: la patata congelada se vuelve harinosa y suelta agua.

En olla rápida, que es como se hacía este guiso en muchas casas, el tiempo baja mucho. Haz el sofrito, la harina, el vino y las albóndigas con la olla destapada, añade las patatas, cierra y cuenta unos 5 minutos de presión a fuego medio. Deja que la válvula baje sola antes de abrir, porque un escape brusco hace hervir con fuerza y deshace la patata.

Lo que lo hace fácil, pese a las fases, es que casi todo ocurre en la misma cazuela y que sus trucos tienen más de orden que de técnica: escurre bien la miga para que las bolas no se abran, fríe en tandas para que se doren y no suelten jugo, y mueve la cazuela en lugar de remover. La patata chascada guisada en salsa también protagoniza la costilla guisada con patatas, si un día prefieres otra carne.

Para salsas distintas tienes las albóndigas en salsa de la abuela, con más cebolla y sin patata, y las albóndigas de pollo en salsa, más suaves y ligeras.

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