En otoño, cuando llegan los boletus frescos al mercado, las croquetas de boletus son de las primeras cosas que apetece hacer con ellos: una bechamel espesa con setas picadas y un rebozado que cruje. Calcula unas 3 horas para 4 personas, aunque 2 de ellas la masa solo está enfriándose en la nevera y el trabajo real se queda en menos de 1 hora.

El boletus más apreciado en cocina es el Boletus edulis, una seta de bosques de pinos, robles o castaños cuyo sombrero puede llegar a los 20 cm. Fresco solo se encuentra en temporada, entre finales de verano y otoño; elige ejemplares firmes, con el pie macizo y los poros de color claro, y descarta los que estén blandos o esponjosos. Fuera de temporada puedes usar boletus congelados o secos. Los secos hay que hidratarlos antes en agua templada, y como ganan mucho peso al hacerlo, necesitarás bastante menos cantidad que de frescos.

La proporción de esta masa, 150 g de harina por cada litro de leche, da una croqueta cremosa por dentro pero lo bastante firme para bolear sin que se deshaga; con 1 litro de leche salen unas 35 a 40 piezas de bocado. Vigila también el aceite: a unos 180 °C la cobertura se dora en 2 o 3 minutos y sella el interior; más frío, la croqueta absorbe grasa y se abre. Si te sobra masa, se congela muy bien ya rebozada, igual que las croquetas caseras de cocido o cualquier otra croqueta de bechamel.

Información nutricional(por ración)

Energía

195 kcal

Hidratos

18 g

Grasas

11.5 g

Fibra

1.4 g

Proteínas

5.2 g

¿Cuántos comensales?
4
Mantequilla
Mantequilla
100 gramos
Harina
Harina
150 gramos
Harina
Harina
al gusto
Huevo
Huevo
al gusto
Pan rallado
Pan rallado
al gusto
Leche
Leche
1 litro
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Boletus
Boletus
250 gramos
Cebolla
Cebolla
al gusto
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Paso 1 de 3

Limpia los boletus y pocha la cebolla

Limpia los boletus y pocha la cebolla

Limpia los 250 g de boletus con un paño húmedo o un cepillo suave, sin meterlos en agua: la absorben y luego la sueltan en la bechamel. Córtalos en dados de más o menos medio centímetro, todos parecidos, para que haya seta en cada bocado. Pica muy fina media cebolla.

En una cazuela amplia, derrite los 100 g de mantequilla con una gota de aceite de oliva virgen extra, sin pasar de fuego medio; el aceite evita que la mantequilla se queme. Cuando empiece a burbujear, añade la cebolla y póchala unos 8 minutos, hasta que se vea blanda y translúcida. Incorpora los boletus y saltéalos 5 minutos, no más, hasta que suelten su agua y empiecen a dorarse; si los dejas más tiempo, se quedan correosos. No retires nada de la cazuela: la mantequilla con el jugo de las setas será la base de la bechamel y concentra todo su aroma.

Paso 2 de 3

Haz la bechamel y enfría la masa

Haz la bechamel y enfría la masa

Añade los 150 g de harina a la misma cazuela y remueve con varillas durante 2 o 3 minutos: la harina debe tostarse apenas y dejar de saber a crudo. Vierte el litro de leche templada poco a poco, casi taza a taza al principio, y no añadas más hasta que la tanda anterior se haya integrado; así la bechamel no forma grumos.

Con toda la leche dentro, cocina de 10 a 12 minutos a fuego medio bajo sin dejar de remover, hasta que la masa se despegue de las paredes y del fondo. Rectifica de sal. Extiéndela en una fuente, cúbrela con film transparente en contacto con la superficie para que no forme costra y llévala a la nevera un mínimo de 2 horas; si puedes, déjala toda la noche. Bien fría gana consistencia y se trabaja sin pegarse a las manos.

Paso 3 de 3

Da forma, reboza y fríe las croquetas

Da forma, reboza y fríe las croquetas

Con la masa fría y firme, toma porciones con 2 cucharas o con las manos ligeramente enharinadas y dales forma redonda o alargada, del tamaño de un bocado. Pasa cada pieza por harina sacudiendo el exceso, después por huevo batido, cubriéndola entera, y por último por pan rallado, apretando un poco para que la capa quede uniforme y sin huecos. Rebózalas poco antes de freír: la masa es húmeda y, si esperan muchas horas, ablanda el pan rallado.

Llena una sartén honda o una freidora con abundante aceite de oliva virgen extra y llévalo a unos 180 °C. Fríe las croquetas en tandas de 4 o 5, así la temperatura no cae, de 2 a 3 minutos, hasta que estén doradas y crujientes por todos los lados. Sácalas con una espumadera y déjalas sobre papel absorbente un momento antes de servirlas calientes.

Consejos finales

Si una croqueta se abre en la sartén, lo normal es que el aceite no estuviera bastante caliente o que el rebozado tuviera algún hueco. Fríe primero una de prueba: tiene que burbujear con fuerza a su alrededor y dorarse en unos 2 minutos. Cuando la masa se pega a las manos al bolear, le faltó cocción o frío; mójate o enharínate un poco las manos y devuélvela a la nevera un rato antes de seguir.

Limpia los boletus en seco para que no aguen la masa y deja que la bechamel repose bien fría antes de darle forma: son los trucos que evitan casi todas las croquetas reventadas. Con la masa bien hecha, bolear y freír es la parte fácil, y funciona igual con boletus congelados fuera de temporada.

Crudas y rebozadas se congelan muy bien. Colócalas separadas en una bandeja, mételas 2 horas en el congelador y después pásalas a una bolsa; aguantan unos 3 meses. Fríelas directamente congeladas, sin descongelar, en tandas pequeñas y con el aceite algo más bajo, a 170 o 175 °C, para que el centro se caliente antes de que la cobertura se oscurezca. La masa sin rebozar se conserva 2 días en la nevera, bien tapada con film.

Sirven de entrante para 4 personas o de aperitivo para una cena de Navidad, con unos brotes verdes aliñados o unas verduras asadas que aporten frescor. Si quieres variar el relleno, unos taquitos de jamón en la masa combinan muy bien con la seta, y si prefieres el jamón solo, las croquetas de jamón serrano siguen la misma bechamel. Entre las de temporada, las croquetas de calabaza son otra opción de otoño, mientras que las croquetas de cabrales llevan un queso azul asturiano de sabor intenso.

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