Pochados con mucha cebolla, rehogados apenas 3 minutos y terminados con vino blanco y perejil, estos higaditos de pollo de siempre son la versión casera de la tapa que se sirve en cazuela de barro en tantos bares. Se calculan unos 500 g de hígados para 4 personas como segundo plato, y en unos 30 minutos están en la mesa, contando la limpieza. En cada casa y en cada región se preparan de una forma. Hay quien los deja casi solo con ajo y guindilla, quien los guisa con tomate y quien los termina con un chorro de fino o de oloroso, como en los higaditos de pollo al jerez. Esta receta tradicional se queda con la versión más sencilla, la de cebolla, ajo, vino y perejil, en la que manda el propio hígado. Como tapa se sirve en raciones pequeñas y muy calientes, casi siempre con pan al lado para mojar; como plato principal, con una guarnición de arroz o patata.

Al comprarlos, busca hígados de color granate brillante, firmes al tacto, con olor limpio y sin manchas verdosas. Los más claros, casi beige, tienen más grasa y quedan más cremosos; los oscuros, algo más firmes. Son muy delicados, así que conviene cocinarlos el mismo día o, como mucho, al siguiente de comprarlos. Para saber cómo hacer higaditos de pollo jugosos, fíjate sobre todo en la proporción de cebolla: las 2 cebollas medianas, bien pochadas durante 10 minutos o algo más, aportan el dulzor que equilibra el sabor intenso del hígado y dan cuerpo a la salsa.

Información nutricional(por ración)

Energía

395 kcal

Hidratos

5 g

Grasas

1 g

Fibra

38 g

Proteínas

25 g

¿Cuántos comensales?
4
Hígado de pollo
Hígado de pollo
al gusto
Ajo
Ajo
4-5 dientes
Cebolla
Cebolla
2 unidades mediana
Perejil
Perejil
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Vino blanco
Vino blanco
1 vaso
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Paso 1 de 6

Limpia los higaditos y pica la cebolla

Revisa los hígados uno a uno sobre una tabla. Retira con un cuchillo pequeño los nervios blancos, las membranas, los restos de grasa y cualquier zona verdosa: es la marca de la vesícula biliar y deja un sabor amargo en todo el guiso. Separa los 2 lóbulos de cada hígado y córtalos en trozos de tamaño parecido, de un bocado, así la cocción será pareja. Enjuágalos rápido con agua fría y sécalos a conciencia con papel absorbente.

Si los has comprado con mollejas, quítales la piel plateada y trocéalas pequeñas, porque son más duras y tardan más. Pela las 2 cebollas medianas y pícalas finas. Pela también los 4 o 5 dientes de ajo y lamínalos muy finos, que se doran por igual y se reparten mejor en la salsa que el ajo picado.

Paso 2 de 6

Pocha la cebolla y el ajo en barro

Pon una cazuela de barro al fuego con aceite de oliva suficiente para cubrir el fondo. Calienta el barro de forma gradual, empezando a fuego bajo y subiendo a medio, porque un cambio brusco de temperatura puede agrietarlo; si cocinas en vitrocerámica, un difusor ayuda. La cazuela de barro reparte el calor con suavidad y lo mantiene mucho tiempo, por eso es la elección clásica para este plato.

Con el aceite ya caliente, incorpora la cebolla y el ajo laminado. Pocha a fuego medio bajo durante 10 a 12 minutos y remueve solo de tanto en tanto; la cebolla tiene que quedar blanda, transparente y con los bordes empezando a dorarse. Si usas mollejas, incorpóralas a mitad del pochado para que tengan tiempo de ablandarse. No subas el fuego para acortar: el ajo laminado se quema enseguida y amarga.

Paso 3 de 6

Rehoga los higaditos 3 minutos

Sube el fuego a medio y añade los higaditos bien secos sobre la cebolla pochada. Salpimienta y dales un par de vueltas con la cuchara de palo hasta que queden cubiertos de sofrito. Ten cuidado al echarlos: el hígado contiene bastante agua y salpica al entrar en contacto con el aceite caliente.

Rehógalos unos 3 minutos, removiendo, hasta que cambien de color por fuera y pasen del rojo al marrón en toda la superficie. No hace falta más en este paso, porque terminarán de hacerse en el vino. El hígado se endurece y se vuelve granuloso en cuanto se cocina de más, así que es preferible que entre todavía rosado en el centro al siguiente paso. Si la cazuela es pequeña, rehógalos en 2 tandas: amontonados, sueltan su jugo y se cuecen en vez de sellarse.

Paso 4 de 6

Riega con vino blanco y perejil

Riega la cazuela con el vino blanco, unos 150 ml para 500 g de hígados, repartiéndolo por toda la superficie, y echa encima abundante perejil fresco picado. Mantén el fuego medio durante el minuto o 2 que tarda el vino en romper a hervir y espera a que su olor punzante se suavice; la reducción del paso siguiente se lleva buena parte del alcohol que queda.

Pasa la cuchara por la base de la cazuela, rascando: lo que se ha agarrado de la cebolla y el hígado concentra mucho sabor y, al soltarse, pasa a la salsa. Es buen momento para probar la salsa y corregir la sal o la pimienta. Puedes reservar un poco de perejil para espolvorear al servir, así tendrás el sabor cocinado del primero y el punto fresco y el color del segundo. Usa un vino blanco seco que también te apetezca beber: si es muy ácido o dulce, se nota en la salsa reducida.

Paso 5 de 6

Reduce la salsa a fuego lento

Con el fuego bajo, deja que el guiso cueza suavemente unos 6 a 8 minutos, sin tapar, meneando la cazuela cada poco. El vino tiene que reducirse hasta formar una salsa ligera que envuelva los higaditos, y todo debe quedar bien frito, sin caldo suelto en el fondo.

Antes de apagar, abre el trozo más grande: el interior debe estar cocinado, sin restos de sangre, aunque jugoso. El hígado de pollo hay que consumirlo siempre bien hecho por seguridad alimentaria, y con estos tiempos queda cocinado sin llegar a secarse. Si la salsa espesa antes de tiempo, aligérala con un chorro corto de agua caliente. El mismo método vale para corazones y mollejas de pollo, solos o mezclados con los higaditos.

Paso 6 de 6

Sirve los higaditos de pollo con arroz

Lleva la cazuela directamente del fuego a la mesa: el barro mantiene el calor y los higaditos llegan calientes hasta el último plato. Espolvorea el perejil fresco que hayas reservado.

Para acompañar, un arroz blanco recoge muy bien la salsa de vino y convierte la tapa en un plato completo; un puré de patatas suave contrasta con el sabor intenso del hígado; y si los sirves como aperitivo, basta con buen pan para mojar. Unos dados de patata frita o una ensalada verde con cebolla también funcionan. Calcula que con estas cantidades hay una ración generosa por persona como segundo, o tapas para más gente si los sacas al centro con pan.

Consejos finales

Cambiar el vino blanco por un chorro de jerez seco los acerca a la versión andaluza, y si dejas la cebolla cocinar 20 minutos a fuego muy bajo, hasta que se caramelice, tendrás unos higaditos de pollo encebollados más dulces. Un poco de guindilla con el ajo les da un punto picante, y unas cucharadas de tomate frito al final del pochado convierten la salsa en un guiso rojo.

El hígado perdona poco. Sécalo muy bien antes de echarlo, para que se dore y no hierva en su jugo, y retíralo en cuanto esté hecho por dentro; no hay más trucos, y saltarse cualquiera de los 2 lo deja duro o cocido. Si te han quedado duros y granulosos, estuvieron demasiado tiempo al fuego; si salen amargos, se coló algún resto verde de la vesícula al limpiarlos. Todo se hace en la misma cazuela de barro, que pasa del fuego a la mesa, y gracias a eso sigue siendo fácil de servir cuando hay invitados: una sola pieza que fregar y la tapa siempre caliente.

Guardados en un recipiente hermético, los higaditos de pollo duran 2 días refrigerados. Recaliéntalos tapados, al mínimo y con unas gotas de agua o de vino, y solo hasta que estén calientes, porque cada minuto de más los endurece. Es mejor no congelarlos ya guisados, ya que la textura se vuelve arenosa; si compras de más, congela los hígados crudos y limpios hasta 3 meses y descongélalos en la nevera.

Si sobra salsa con algún trozo, mézclala con arroz recién hecho y caliéntalo todo junto en la sartén unos 3 minutos, dando vueltas con la espátula para que el grano absorba el jugo del vino: tienes la comida del día siguiente resuelta. Para hacerlo desde cero, con el hígado y el grano cocinados juntos, está el arroz con higaditos de pollo.

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