En la barra de muchos bares, los huevos villaroy comparten vitrina con las croquetas: medio huevo duro cubierto de una bechamel espesa con cebolla y jamón, rebozado en huevo y pan rallado y frito hasta quedar dorado. De principio a fin lleva cerca de 1 hora y 45 minutos, aunque 1 hora corresponde a la nevera, y con 8 huevos (6 para cocer y 2 para el rebozado) salen 12 piezas, que reparten 3 a cada uno de 4 personas como segundo plato.

El nombre viene de la salsa Villeroy de la cocina clásica francesa, una salsa espesa pensada para cubrir piezas de carne o ave antes de empanarlas. En España la palabra se castellanizó como villaroy y se aplica sobre todo a las pechugas de pollo, a las chuletas de cerdo a la villeroy y a estos huevos, un aperitivo habitual durante décadas en bares y celebraciones familiares. Hay casas que añaden a la bechamel un poco de pollo picado o champiñones salteados en vez del jamón, y otras que la aromatizan con más nuez moscada. Comparten bandeja de aperitivo con los huevos rellenos, que parten también del huevo duro pero se sirven fríos y sin fritura.

La bechamel tiene que quedar más espesa que la de una lasaña, para que al enfriarse se pegue al huevo y se pueda manipular con las manos, pero sin llegar a la densidad de una masa de croquetas. Para 500 ml de leche bastan unos 45 a 50 g de harina y la misma cantidad de mantequilla; si al levantar la cuchara la salsa cae despacio y deja una capa que la cubre por completo, está en su punto. Para el rebozado, el aceite debe estar a unos 180 °C: más frío, el pan rallado absorbe grasa; más caliente, se quema antes de que el interior se temple.

Información nutricional(por ración)

Energía

415 kcal

Hidratos

32 g

Grasas

24 g

Fibra

2 g

Proteínas

18 g

¿Cuántos comensales?
4
Huevo
Huevo
8 unidades
Cebolla
Cebolla
2 unidades
Jamón ibérico
Jamón ibérico
150 gramos
Nuez moscada
Nuez moscada
1 unidad
Leche
Leche
500 mililitros
Harina
Harina
250 gramos
Pan rallado
Pan rallado
250 gramos
Avecrem Sazonador Pollo
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Paso 1 de 1

Cuece, napa, empana y fríe los huevos

Pon a hervir abundante agua ligeramente salada y, cuando borbotee, introduce con cuidado 6 de los huevos. Cuécelos 9 o 10 minutos desde que vuelva a hervir, pásalos a un bol con agua muy fría para cortar la cocción y pélalos cuando estén fríos; el choque térmico ayuda a que la cáscara se despegue. Córtalos en 2 mitades a lo largo.

Para la bechamel, pica muy finas las 2 cebollas y póchalas a fuego suave en una sartén con unos 45 g de mantequilla. Cuando estén transparentes, añade los 150 g de jamón ibérico picado y rehoga 2 minutos. Incorpora unos 45 a 50 g de harina y dale 1 o 2 minutos de vueltas para tostarla un poco y que no sepa a crudo. Vierte los 500 ml de leche templada en 3 o 4 veces, batiendo sin parar con unas varillas para evitar grumos, y sazona con nuez moscada rallada y una cucharadita de Avecrem Sazonador Pollo. Cocina a fuego lento 8 a 10 minutos, sin dejar de remover, hasta obtener una crema densa y brillante que se despegue de las paredes. Retírala del fuego y deja que temple 5 minutos.

Coloca las mitades de huevo con la yema hacia abajo sobre una bandeja con papel de horno y cúbrelas con la bechamel templada, una a una, con una cuchara, hasta que queden bien napadas y redondeadas. Lleva la bandeja al frigorífico un mínimo de 1 hora, hasta que la salsa esté firme al tacto. Si la bechamel sigue blanda, no las reboces todavía: se deshacen al pasarlas por el huevo.

Bate los 2 huevos restantes en un plato hondo y pon los 250 g de pan rallado en otro. Pasa cada pieza primero por el huevo y después por el pan rallado, dándole forma con las manos y comprobando que quede sellada por todos los lados. Fríelas en tandas de 3 o 4 en abundante aceite a unos 180 °C, 2 o 3 minutos, dándoles la vuelta; las retiras cuando el rebozado tenga un dorado parejo. Escúrrelas sobre papel de cocina y llévalas a la mesa enseguida.

Consejos finales

Varios pasos se pueden adelantar, y gracias a eso la receta se vuelve fácil el día que vienen invitados: deja los huevos napados y tapados con film en el frigorífico desde la víspera, sin rebozar, y empánalos y fríelos justo antes de sentarte a comer. Lo que no conviene es congelarlos, porque la clara de huevo cocido se vuelve gomosa al descongelarse y la bechamel suelta agua dentro del rebozado. Ya fritos, se guardan 1 día en frío; para recalentarlos usa el horno a 180 °C durante 8 a 10 minutos, ya que el microondas reblandece el pan rallado.

Si se desmoronan en la sartén, lo habitual es que la bechamel no haya enfriado del todo o que el rebozado tenga huecos. Para que aguanten enteros la fritura no hay más trucos que respetar la hora de nevera como mínimo y repasar con los dedos las juntas del pan rallado hasta que no quede ninguna calva. Si al freír ves que el aceite burbujea en exceso alrededor de una pieza, es que la bechamel se está escapando por un hueco del rebozado; retírala, vuelve a pasarla por pan rallado y fríela al final.

El contraste les sienta bien: una ensalada verde de hojas tiernas, unos tomates aliñados con aceite y sal en escamas o unas verduras salteadas equilibran la cremosidad de la bechamel. Como aperitivo, sirve 1 o 2 por persona y deja el resto para quien repita, siempre con el rebozado aún crujiente.

Con huevo duro como base y fritura, los huevos escoceses cambian la bechamel por una capa de carne picada. Para una cena rápida sin cocer los huevos antes, los huevos al plato se hacen directamente en el horno.

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