Al lado de un cordero asado, unas chuletas o una dorada al horno, las patatas panaderas son la guarnición que menos atención pide: rodajas de patata y cebolla en juliana que se asan juntas en la misma fuente hasta quedar tiernas por dentro y doradas en los bordes. Desde que pelas la primera patata hasta que llevas la fuente a la mesa pasan entre 60 y 70 minutos, de los que solo 20 son de cuchillo, y la fuente alcanza para 4 personas como guarnición.

El nombre se suele asociar a los hornos de las panaderías, donde antiguamente se aprovechaba el calor que quedaba tras cocer el pan para asar fuentes como esta. En casa, lo primero es acertar con la patata. La vieja, de piel más gruesa y con menos agua que la nueva, aguanta casi una hora de horno sin deshacerse y se dora mejor; la patata nueva tiende a quedar acuosa y a soltar líquido en la fuente. Calcula unos 250 g por persona si van de acompañamiento y algo más si van a ser el centro del plato. La cebolla, grande y de las dulces si las encuentras, se convierte en una base casi confitada que sostiene las patatas y les da jugo.

El grosor es la otra clave: rodajas de medio centímetro, todas iguales, para que se asen al mismo ritmo a 180 °C. Más finas se secan y se queman en los bordes; más gruesas necesitan bastante más tiempo y el centro queda duro. Con medio vaso de vino blanco y otro medio de caldo de carne, el fondo de la fuente se convierte en una salsa corta que las patatas van absorbiendo. Para un plato completo en una sola fuente, el pollo con patatas y cebolla al horno aprovecha esta misma base.

Información nutricional(por ración)

Energía

145 kcal

Hidratos

18.5 g

Grasas

7.2 g

Fibra

2.4 g

Proteínas

2.1 g

¿Cuántos comensales?
4
Patata
Patata
al gusto vieja
Cebolla
Cebolla
1 unidad grande
Vino blanco
Vino blanco
al gusto
Comino
Comino
1 una pizca molido
Sal
Sal
al gusto
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 4

Corta la patata y la cebolla

Pela las patatas, lávalas y sécalas bien con un paño. Haz rodajas de medio centímetro de grosor, el llamado corte panadera, procurando que todas tengan el mismo grueso: si hay rodajas finas y gruesas mezcladas, unas se queman mientras las otras siguen crudas. Una mandolina ayuda mucho si tienes que cortar más de 1 kg.

Pela la cebolla grande, pártela por la mitad y córtala en juliana fina. Extiéndela en el fondo de una fuente de horno amplia, formando una cama uniforme, y coloca encima las rodajas de patata solapadas como escamas, sin amontonarlas en más de 2 o 3 capas. Salpimienta cada capa al gusto y espolvorea por encima una pizca de comino molido, que da un aroma cálido muy característico; con una pizca basta, porque en exceso amarga.

Paso 2 de 4

Rehoga o riega bien con aceite

Este paso es opcional, pero deja las patatas más melosas. Pon al fuego medio una sartén grande con unos 40 ml de aceite de oliva virgen extra y saltea la cebolla y las patatas apenas 2 minutos, removiendo con cuidado para no romper las rodajas. No se trata de freírlas, sino de que se impregnen de aceite y empiecen a ablandarse antes de entrar en el horno. Después vuelve a colocarlas en la fuente, la cebolla debajo y las patatas encima.

Si prefieres saltarte la sartén para que el plato resulte más ligero, riega la fuente con 4 o 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y mueve las rodajas con las manos para que todas queden untadas. Hasta aquí es una preparación fácil, pero no conviene escatimar: con poco aceite la patata se cuece al vapor del líquido y queda pálida, mientras que bien lubricada se asa y se dora.

Paso 3 de 4

Añade el vino y el caldo

Vierte medio vaso de vino blanco, unos 100 ml, por los laterales de la fuente y no por encima, para no arrastrar la sal, la pimienta y el comino de las patatas. El alcohol se evapora durante el horneado y deja una ligera acidez que equilibra el dulzor de la cebolla asada.

Añade a continuación medio vaso, otros 100 ml aproximadamente, de Caldo Casero de Carne 100% Natural, también por los bordes. La patata absorbe ese líquido mientras se hace y gana un sabor más profundo que el que daría el agua; al mismo tiempo, el caldo se mezcla con el jugo de la cebolla y forma en el fondo una salsa trabada. El líquido no debe cubrir las patatas: tiene que llegar más o menos a la mitad de la capa inferior. Si cubre más, la parte de arriba no se dorará y el conjunto quedará más cocido que asado.

Paso 4 de 4

Hornea hasta que se doren

Mete la fuente a media altura en el horno, ya caliente a 180 °C y con resistencia arriba y abajo. Hornea entre 40 y 50 minutos, según la variedad de patata y la potencia de tu horno. Si a mitad de cocción la superficie se dora demasiado rápido, cubre la fuente con papel de aluminio para que el interior siga haciéndose sin que se quemen los bordes.

En los últimos 10 minutos retira el papel, si lo has puesto, y pon el horno a 200 °C para que la capa de arriba coja un dorado intenso y un borde algo crujiente. Las patatas están listas cuando, al pincharlas con un cuchillo fino, la hoja entra y sale sin ninguna resistencia y casi no queda líquido en la fuente. Si aún hay mucho caldo, déjalas 5 minutos más. Sácalas y deja la fuente fuera del horno 5 minutos: los jugos se asientan y las rodajas se sirven sin romperse.

Consejos finales

Cuando vas con prisa, el microondas adelanta casi todo el trabajo. Corta las patatas en rodajas algo más finas y la cebolla en aros, ponlas en un recipiente de cristal apto, alíñalas con aceite y tápalas con film transparente al que habrás hecho unos agujeros. Cuenta unos 10 minutos a máxima potencia por cada 500 g, removiendo con cuidado a mitad de tiempo, porque cada aparato calienta distinto. Puedes servirlas así, como en las patatas panaderas al microondas, o pasarlas después a la fuente con el vino y el caldo y darles 15 o 20 minutos de horno a 200 °C para que se doren.

El dorado bonito depende de la superficie: seca las rodajas con un paño después de lavarlas, porque el agua que queda en ellas impide que se doren. Y durante el horneado, deja la fuente quieta. Son trucos sin coste, pero si remueves las patatas se rompen y la capa de arriba pierde la costra.

Combinan con carnes rojas, cordero, cochinillo o un pescado blanco, que puede asarse encima de ellas los últimos 15 o 20 minutos para aprovechar su jugo. Es justo lo que se hace en el bacalao al horno con patatas panaderas, con el lomo sobre la cama de patata ya casi hecha. Y cuando la patata va a ser plato principal de cuchara, las patatas a la riojana son el paso natural.

Las que sobren se guardan tapadas en frío durante 2 o 3 días. Recaliéntalas en el horno o en una sartén con un hilo de aceite, mejor que en el microondas, que las deja blandas. No se congelan bien: al descongelar, la patata cocida se vuelve acuosa y harinosa. Si quedan pocas, sirven para unas patatas revolconas rápidas o para cuajarlas en una tortilla.

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