Dorar bien el pollo en la grasa que suelta la panceta y dejarlo después entre 20 y 25 minutos a fuego lento con tomate, vino blanco y pimiento es la base de este pollo guisado casero, un guiso de cazuela que funciona como plato único. Entre una cosa y otra se va 1 hora larga, y sirve a 4 personas: 10 minutos de tabla, unos 25 de dorados y sofrito y el resto de cazuela tapada mientras recoges.

En casi cada región española hay un pollo de cazuela con nombre propio.

En Aragón y Navarra se hace al chilindrón, con mucho pimiento y tomate, una familia a la que esta receta se parece bastante; la pepitoria castellana espesa la salsa con almendra y yema de huevo cocido, y en muchas casas el guiso se alarga con patatas en dados, como en el pollo guisado con patatas. Esta versión se queda en un punto intermedio: salsa de tomate con pimiento, sin espesantes, y la panceta aportando el fondo salado.

Si quieres una carne jugosa, elige muslos y contramuslos troceados, con hueso y piel: aguantan el tiempo de cazuela sin secarse, algo que a la pechuga le cuesta bastante más. La cebolla necesita sus 10 minutos a fuego lento hasta tomar color, porque es la que endulza la salsa y equilibra la acidez del tomate y del vino. Con el pollo dorado por tandas y la cazuela tapada al final, el guiso avanza solo durante la última media hora; esa media hora sin vigilancia hace de este guiso una receta fácil, porque el único momento delicado es el dorado inicial.

Información nutricional(por ración)

Energía

450 kcal

Hidratos

20 g

Grasas

3 g

Fibra

35 g

Proteínas

25 g

¿Cuántos comensales?
4
Panceta
Panceta
140 gramos
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Ajo
Ajo
1 diente
Tomate Frito Casero
Avecrem Pollo
1 pastilla
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
20 mililitros
Vino blanco
Vino blanco
100 mililitros
Perejil
Perejil
al gusto fresco
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Receta

Pollo guisado

Paso 1 de 5

Corta la panceta y las verduras

Corta la panceta y las verduras

Empieza por los cortes, porque luego todo va seguido. Trocea los 140 g de panceta en daditos de alrededor de 1 cm. Pica la cebolla y los pimientos en dados similares y el diente de ajo, más fino. Que las piezas tengan un tamaño parecido importa, porque se hacen todas al mismo ritmo y no quedan trozos crudos junto a otros quemados.

Pasa papel absorbente por cada trozo de pollo hasta dejarlo seco. La humedad en la piel enfría el aceite y el pollo acaba hirviendo en su propio líquido, pálido y sin costra. No les pongas sal todavía, porque la panceta y la pastilla de caldo ya salan el guiso. Deja cada ingrediente en su cuenco y en el orden en que entra: panceta, pollo, cebolla, ajo y, al final, pimientos. Ten a mano también el vino blanco, el tomate frito y el perejil.

Paso 2 de 5

Dora la panceta hasta que cruja

Dora la panceta hasta que cruja

Coloca sobre fuego medio una cazuela ancha y calienta ahí el aceite de oliva virgen extra (20 ml bastan). Mejor ancha que una olla alta, porque luego el pollo tiene que caber en una sola capa para dorarse. Añade los dados de panceta y dales unos 5 minutos, moviéndolos cada tanto, hasta que estén dorados, crujientes y hayan soltado buena parte de su grasa.

Resiste la tentación de subir la llama: con calor fuerte la panceta se quema por fuera antes de soltar la grasa, y esa grasa es justo la que vas a usar para dorar el pollo y sofreír la cebolla. Retira la panceta con una espumadera, de forma que el aceite y la grasa se queden en la cazuela, y resérvala en un plato. Volverá al guiso en el último paso.

Paso 3 de 5

Dora el pollo por todos lados

Dora el pollo por todos lados

Pasa a fuego medio alto y coloca los trozos de pollo en la misma cazuela, con la piel tocando el fondo. Si no caben sin amontonarse, hazlo en 2 tandas: con la cazuela llena baja la temperatura, el pollo suelta jugo y se queda blanquecino, sin color. Déjalo quieto entre 3 y 4 minutos, sin tocarlo, hasta que la piel tenga color y se despegue sola del fondo; si se queda pegado, todavía no está listo para darle la vuelta.

Gira los trozos y dóralos por el resto de caras, unos 8 o 10 minutos en total. No hace falta que estén hechos por dentro, porque terminarán de cocinarse en la salsa. Ese dorado aporta color y buena parte del sabor del guiso, así que no lo recortes. Pasa el pollo a un plato y guarda también el jugo que suelte mientras reposa: va de vuelta a la cazuela.

Paso 4 de 5

Pocha la cebolla y añade el vino

Pocha la cebolla y añade el vino

Con el fuego al mínimo, echa la cebolla en la cazuela, con la grasa que ha quedado. Necesita unos 10 minutos de fuego suave, moviéndola de cuando en cuando, para quedar blanda y dorada. Ese tiempo es lo que la vuelve dulce; con prisas queda cruda y la salsa sale más ácida. Si el fondo se oscurece demasiado, añade 1 cucharada de agua y rasca con la cuchara.

Incorpora el ajo picado y remueve durante 1 minuto, sin dejar que tome demasiado color, porque si se quema deja un amargor que se nota en toda la salsa. Vierte entonces el vino blanco, 100 ml, aviva la llama y frota el fondo con una espátula para arrancar los restos tostados que han dejado el pollo y la panceta. Mantén el hervor unos 3 minutos: el líquido tiene que reducirse a la mitad y el olor punzante del vino, suavizarse.

Paso 5 de 5

Termina el pollo guisado a fuego lento

Termina el pollo guisado a fuego lento

Devuelve la panceta a la cazuela y añade los pimientos y el tarro de tomate frito casero. Remueve sin prisa, 2 minutos, hasta que el tomate cubra panceta y pimientos. Coloca encima los trozos de pollo junto con su jugo de reposo y desmenuza sobre el guiso la pastilla de Avecrem Pollo. Mezcla con cuidado para repartirla.

Pon la tapa y deja que haga chup chup suave, a fuego lento, entre 20 y 25 minutos. Remueve un par de veces; cuando veas la salsa demasiado espesa o pegándose al fondo, aligérala echando un poco de agua caliente, poco a poco. Sabrás que el pollo está hecho si la carne se despega sin esfuerzo del hueso y el jugo sale transparente al pincharla junto a él; los pimientos, para entonces, estarán tiernos.

La sal, si acaso, se corrige en el último minuto. Pica el perejil fresco y espárcelo por encima justo antes de servir, para que conserve el color y el aroma.

Consejos finales

Con la salsa de tomate y pimiento que deja este guiso, lo natural es acompañarlo de algo que la recoja: un arroz blanco sencillo, patatas fritas en dados o pan de miga densa para mojar. Si lo quieres como plato único, añade 2 patatas medianas en dados de 2 cm cuando devuelvas el pollo a la cazuela, con unos 200 ml de agua más, y mantén los mismos 25 minutos tapado.

Un pollo guisado con la salsa clara y sin cuerpo suele venir de un dorado con prisas. Los trucos para evitarlo no cuestan nada. Pasa papel de cocina por cada trozo antes de que toque el aceite, y no lo muevas hasta que se despegue solo del fondo, que es la señal de que la costra ya se ha formado. Si aun así la salsa queda líquida al final, quita la tapa y deja que borbotee otros 5 minutos, hasta que espese.

Guardado en un táper hermético y en frío, aguanta 3 días, y de un día para otro la salsa gana cuerpo. También congela bien hasta 3 meses; déjalo descongelar en frío durante la noche y caliéntalo después tapado, a fuego suave, añadiendo agua si la salsa está espesa, hasta que hierva y el pollo esté caliente por dentro. Si te sobra poco, deshuesa la carne, desmenúzala y úsala fría en una ensalada de pollo guisado, o caliente para rellenar unas empanadillas, ligado con 2 cucharadas de la salsa.

Cuando domines este paso a paso, el orden de dorar, pochar y guisar a fuego lento te servirá para casi cualquier carne en salsa. Para seguir practicando con el pollo, tienes los muslos de pollo guisados con vino o, si buscas algo más rápido entre semana, un salteado de pollo con verduras hecho en sartén.

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