Mientras el agua llega a hervir da tiempo de sobra a majar un pesto de albahaca, ajo, piñones, queso y aceite de oliva virgen extra, todo en crudo, y en unos 25 minutos tienes en la mesa unos macarrones al pesto gratinados. Como plato único, la receta sirve a 4 personas con unos 125 g de pasta por plato.

El pesto nació en Liguria, en el noroeste de Italia, y su versión más conocida, el pesto alla genovese, se hace tradicionalmente en mortero con albahaca, ajo, piñones, sal, aceite de oliva y queso curado, normalmente parmesano y pecorino. El nombre viene del verbo italiano pestare, machacar, y explica por qué el mortero sigue siendo la herramienta de referencia: el majado rompe las hojas sin calentarlas, y la salsa conserva mejor el color y el aroma que si se tritura con la batidora a máxima potencia.

Elige albahaca de hoja verde intensa, sin manchas oscuras, y úsala el mismo día; en verano está más aromática y suele ser más barata. Los 100 g de piñones se reparten a medias, 50 g para la salsa y 50 g tostados para el final, y lo mismo el queso rallado: la mitad entra en el pesto y la otra mitad se gratina sobre la pasta. Majar a mano no tiene misterio si respetas un orden, de lo más duro a lo más blando, primero el ajo con la sal, después los piñones y al final las hojas, y por eso esta receta fácil sale bien aunque no tengas batidora.

Información nutricional(por ración)

Energía

540 kcal

Hidratos

62 g

Grasas

26 g

Fibra

4.2 g

Proteínas

15 g

¿Cuántos comensales?
4
Albahaca
Albahaca
al gusto
Ajo
Ajo
3 dientes
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
6 cucharadas
Piñon
Piñon
100 gramos
Sal
Sal
al gusto
Agua
Agua
1 litro
Macarrón
Macarrón
al gusto
Queso rallado
Queso rallado
100 gramos
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Paso 1 de 4

Prepara la albahaca, el ajo y los piñones

Lava las hojas de albahaca en agua fría, sin frotarlas, y sécalas a conciencia con papel absorbente o en un centrifugador de ensalada: el agua que quede diluye la salsa y le quita color. Calcula un manojo generoso, unos 2 puñados de hojas sin tallo, y ajusta a tu gusto.

Pela los 3 dientes y, si alguno tiene germen verde en el centro, sácalo, porque es la parte que más pica y repite. Divide los 100 g de piñones: 50 g para la salsa y otros 50 g que se tuestan al final. Echa en el mortero los ajos, sálalos ligeramente y machácalos hasta formar una pasta; suma después los 50 g de piñones y sigue hasta que queden casi deshechos. La sal hace de abrasivo y acelera el majado.

Paso 2 de 4

Maja la albahaca y liga con aceite

Incorpora la albahaca poco a poco y trabájala con movimientos circulares, apretando contra las paredes más que golpeando, hasta que las hojas se rompan y suelten su jugo verde. Con la pasta ya hecha, vierte el aceite de oliva virgen extra, 6 cucharadas, en hilo fino mientras remueves sin parar: así la salsa emulsiona y queda cremosa.

Con batidora, usa velocidad baja y pulsos cortos, porque el calor del motor oscurece la albahaca y puede amargar el aceite. Termina con 50 g del queso rallado, la mitad, integrado con una cuchara y sin batir. Prueba y corrige de sal contando con que el queso también sala. Si no vas a usar el pesto enseguida, cúbrelo con una capa fina de aceite para que no se oxide y guárdalo en la nevera, nunca a temperatura ambiente, porque lleva ajo crudo en aceite.

Paso 3 de 4

Cuece los macarrones al dente

Pon a hervir el agua con sal. Con 1 litro se puede salir del paso, pero medio kilo de macarrones cuece mejor en 4 o 5 litros: con poca agua la pasta suelta mucho almidón, se pega y se hace de forma desigual. Cuando hierva a borbotones, echa los 500 g de macarrones y remuévelos durante 1 minuto, que es cuando más tienden a agarrarse.

Cuécelos unos 12 minutos, o lo que marque el fabricante, hasta que estén al dente: tiernos por fuera y con una ligera resistencia en el corazón al morderlos. Antes de escurrir, aparta medio vaso del agua de la cocción, que servirá para aligerar el pesto. Escurre sin enjuagar, porque el almidón de la superficie hace que la salsa se adhiera a la pasta en lugar de quedarse en el fondo del plato.

Paso 4 de 4

Gratina, añade el pesto y sirve

Tuesta a fuego medio los 50 g de piñones reservados en una sartén apenas engrasada, sin dejar de moverlos: en 1 o 2 minutos estarán dorados; se queman en un instante, así que no te alejes. Añade los macarrones escurridos, saltéalos 1 minuto con los piñones y pásalos a una fuente que aguante el horno, dejando un hueco en el centro.

Reparte por encima los 50 g de queso restantes y gratina con el grill a máxima potencia; en 2 o 3 minutos se derrite y empieza a tomar color. Saca la fuente, pon una parte del pesto en el hueco y mézclalo con la pasta en cada plato, aligerándolo con unas cucharadas del agua reservada si está espeso. El resto, a una salsera. El pesto no pasa por la sartén: al fuego directo la albahaca se vuelve parda y pierde aroma.

Consejos finales

Los piñones son caros y no siempre fáciles de encontrar; las nueces o los anacardos los sustituyen bien, con un sabor algo más terroso las primeras y más dulce los segundos. Quien no toma lácteos puede preparar la salsa sin queso y añadir un puñado más de frutos secos para darle cuerpo, y si buscas una versión sin gluten, usa una pasta corta certificada y vigila la cocción, que suele ser más breve. Para un plato más completo, añade al final unas tiras de pollo a la plancha o unos tomates secos picados, 2 variantes muy habituales.

La textura del pesto se corrige sobre la marcha. Cuando queda espeso y se apelmaza, el agua de cocción reservada lo aligera sin aguar el sabor; cuando queda líquido, otra cucharada de queso o unos piñones majados lo espesan. Si la albahaca amarga, casi siempre es por haberla batido demasiado o con el vaso caliente, y ahí sirven trucos tan simples como enfriar el vaso de la batidora 10 minutos en el congelador antes de triturar.

El pesto casero aguanta de 2 a 3 días en el frigorífico, en un tarro limpio y bajo una capa de aceite. Para tenerlo más tiempo, congélalo sin el queso en una cubitera hasta 3 meses y añade el queso al descongelarlo; con unos cubitos tienes unos espaguetis con salsa pesto en lo que tarda en cocer la pasta. Los macarrones ya mezclados se guardan 1 o 2 días bien tapados y se disfrutan más templados, como ensalada de pasta, que recalentados.

Para variar la pasta corta durante la semana, los macarrones con tomate son la opción rápida, los macarrones a la napolitana tiran de tomate y orégano, y los macarrones gratinados se terminan al horno con una buena capa de queso.

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