Con el tomate de pleno verano, maduro y con sabor, estos macarrones a la napolitana se hacen con una salsa cruda: tomate escaldado y pelado, ajo, albahaca y aceite de oliva virgen extra, mezclados en un bol con la pasta recién escurrida. Están listos en unos 25 minutos, lo que tarda en hervir el agua y cocerse la pasta, con raciones generosas para 4 personas.

A diferencia de la napolitana clásica, de salsa cocinada, aquí el tomate no pasa por la sartén y no hay cocción que disimule uno insípido. Busca tomates de pera o de rama bien rojos, que huelan a mata en la zona del tallo y cedan un poco al apretarlos con el dedo. Fuera de temporada, cómpralos con unos días de margen y déjalos madurar a temperatura ambiente, nunca en la nevera, donde pierden aroma. El queso de Burgos, fresco y suave, aporta frescor y contrasta con el ajo crudo sin tapar el tomate.

Escalda los tomates solo 1 minuto: basta para que la piel se desprenda sin que la pulpa llegue a cocerse, y cuece la pasta en abundante agua, unos 5 litros para los 500 g, para que el agua no se espese con el almidón y la pasta no se pegue. Con esos tiempos controlados, tienes un plato fácil y fresco para los días de calor. Si prefieres una salsa de tomate cocinada y más intensa, los macarrones con tomate siguen ese camino.

Información nutricional(por ración)

Energía

460 kcal

Hidratos

74 g

Grasas

11 g

Fibra

4.8 g

Proteínas

16 g

¿Cuántos comensales?
4
Macarrón
Macarrón
500 gramos
Tomate
Tomate
4 unidades
Ajo
Ajo
4 unidades
Queso de burgos
Queso de burgos
200 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Albahaca
Albahaca
al gusto
Vitasal
Vitasal
1 unidad
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Paso 1 de 2

Cuece la pasta y prepara la salsa cruda

Llena una olla grande con unos 5 litros de agua, ponla al fuego y sálala con Vitasal, aproximadamente 10 g por litro. Cuando hierva a borbotones, añade los 500 g de macarrones, remuévelos bien al principio, que es cuando tienden a pegarse, y cuécelos hasta que estén al dente, siguiendo el tiempo del paquete y probando un par de minutos antes.

Mientras tanto, haz un corte en cruz en la base de los 4 tomates y escáldalos 1 minuto en agua hirviendo; enfríalos enseguida en agua muy fría. Pélalos, córtalos por la mitad, retira las semillas con una cucharilla y trocéalos en dados pequeños. Pela y pica finamente los 4 dientes de ajo y pica también las hojas de albahaca. Pon todo en un bol grande con una pizca de Vitasal y medio vaso de aceite de oliva virgen extra, unos 100 ml, y deja que repose mientras se cuece la pasta: en esos minutos el ajo y la albahaca perfuman el aceite.

Paso 2 de 2

Mezcla la pasta con salsa y queso

Antes de escurrir los macarrones, reserva un vaso pequeño del agua de cocción. Escúrrelos y échalos enseguida, todavía muy calientes, en el bol con el tomate. Remueve bien: el calor de la pasta templa la salsa y despierta el aroma del ajo y la albahaca sin llegar a cocinarlos. Si notas la mezcla seca, riégala con un poco del agua reservada, 2 o 3 cucharadas, que con el almidón ayuda a que el aceite se adhiera a la pasta.

El queso de Burgos es demasiado tierno para rallarlo como un queso curado, así que desmenúzalo con los dedos o córtalo en dados pequeños. Incorpora la mitad de los 200 g a los macarrones y mezcla con suavidad para que se temple sin deshacerse. Sirve enseguida en platos hondos, con el resto del queso por encima y unas hojas de albahaca enteras. Si te apetece un punto picante, añade una guindilla picada justo antes de llevar a la mesa.

Consejos finales

Si la salsa queda aguada en el fondo del plato, el tomate llevaba demasiadas semillas o demasiado jugo: la próxima vez despepítalo bien y deja los dados 5 minutos en un colador antes de aliñarlos. Si lo que queda seca es la pasta, el agua de cocción reservada lo arregla en segundos. Para la salsa cruda, deja que el ajo repose en el aceite al menos 10 minutos y, si lo quieres más suave, quítale el germen verde del centro antes de picarlo: trucos que suavizan el ajo crudo sin quitarle aroma.

Cuando el tomate de temporada escasea, puedes cocinar la salsa: sofríe el ajo sin que se dore, añade el tomate troceado con la albahaca y deja que reduzca a fuego lento 15 o 20 minutos, hasta que espese y quede trabada. El queso de Burgos se puede sustituir por mozzarella fresca en dados. Para otras salsas mediterráneas con la misma pasta, mira los macarrones a la putanesca o los macarrones al pesto.

Con queso fresco y salsa cruda, esta pasta está en su mejor momento el mismo día. Si guardas una ración, tápala y guárdala en frío en cuanto se temple, sin dejarla horas fuera por el ajo crudo en aceite, y tómala como mucho al día siguiente: se puede tomar fría, como ensalada de pasta, con unas hojas de albahaca recién picadas. Para los días frescos, los macarrones al horno o los macarrones con bechamel sirven como plato de pasta gratinado. Como plato principal, acompaña estos macarrones con una ensalada verde de hojas crujientes o unas verduras de temporada a la plancha.

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