En pleno julio, cuando el cuerpo no pide nada caliente, la sopa de melón con jamón, que muchos llaman también crema fría de melón, resuelve el primer plato con un melón piel de sapo, nata, aceite de oliva virgen extra y unas virutas de jamón ibérico. Con estas cantidades sirves a 4 personas, y el trabajo se queda en unos 15 minutos de batidora y cuchillo, más 2 horas de nevera si el melón no estaba ya frío.

Sin fuego, sin sofrito y sin puntos de cocción que vigilar, el sabor sale entero de la fruta. El piel de sapo está en su mejor momento de junio a septiembre. Elige uno que pese mucho para su tamaño, con la corteza verde rayada y algo rugosa, y comprueba la base, el extremo opuesto al tallo: debe ceder un poco al presionarla con el pulgar y oler a melón. Si está duro y no huele, le falta azúcar y la sopa saldrá sosa por mucho que la aliñes.

El jamón aporta el contrapunto salado, igual que en el plato de melón con jamón que se sirve de entrante en tantas casas en verano. Los 100 g de ibérico se reparten entre los boles; córtalo en virutas finas para que se reparta bien en cada cucharada. En el paso a paso, batir y colar es lo más fácil, y por eso conviene dedicar esos minutos ganados a elegir bien el melón en la frutería.

Información nutricional(por ración)

Energía

195 kcal

Hidratos

18 g

Grasas

11 g

Fibra

1.5 g

Proteínas

7 g

¿Cuántos comensales?
4
Nata líquida para cocinar
Nata líquida para cocinar
100 mililitros
Jamón ibérico
Jamón ibérico
100 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Sal
Sal
al gusto
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Paso 1 de 3

Tritura el melón con la nata

Tritura el melón con la nata

Parte el melón en 2 a lo largo, retira las pepitas y las hebras del centro con una cuchara sopera y separa un cuarto de la pulpa, sin pelar, para las bolitas del paso siguiente. Pela el resto, córtalo en trozos medianos y échalo al vaso de la batidora o del robot de cocina.

Añade la nata líquida para cocinar, 100 ml, el aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas, una pizca de sal y una vuelta de molinillo de pimienta negra. Tritura a máxima potencia durante 1 o 2 minutos, hasta obtener una crema fina y sin tropezones.

Pasa la sopa por el colador chino, apretando con la parte de atrás de una cuchara grande para que no se pierda pulpa: así eliminas las fibras y queda sedosa. Prueba y ajusta la sal. Guárdala en una jarra tapada y déjala 2 horas como mínimo en la nevera, porque tiene que servirse muy fría.

Paso 2 de 3

Haz bolitas con el melón reservado

Haz bolitas con el melón reservado

Toma el cuarto de melón que has apartado y saca bocados redondos con un sacabolas o, si no tienes, con una cucharilla de café: clávala en la pulpa, gírala sobre sí misma y levanta. Calcula de 4 a 6 bolitas por persona, unas 20 en total, de un tamaño que quepa en la cuchara junto con la sopa.

Trabaja desde el centro hacia la corteza y para cuando notes la parte blanca y dura, que tiene menos azúcar y una textura más correosa. Lo que quede de pulpa irregular entre bola y bola no lo tires: puedes triturarlo con la sopa si todavía no la has colado o comerlo tal cual.

Guarda las bolitas tapadas y en frío hasta montar los boles, para que estén igual de frías que la sopa.

Paso 3 de 3

Monta los boles con jamón ibérico

Monta los boles con jamón ibérico

Unos 10 minutos antes de comer, mete los boles en el congelador: así la sopa aguanta fría más tiempo. Remueve la sopa, que puede haberse separado un poco en la nevera, y repártela en los boles.

Coloca en el centro de cada uno las bolitas de melón y, por encima, las virutas de jamón ibérico. Remata con un hilo fino de aceite de oliva virgen extra y una vuelta de pimienta.

Si prefieres el jamón crujiente, ponlo entre 2 hojas de papel de cocina en un plato y dale golpes de microondas de 30 segundos a potencia media, o dóralo en una sartén antiadherente sin grasa, hasta que quede tieso. Déjalo enfriar y rómpelo con las manos en lascas. Ponlo siempre en el último momento: en contacto con la sopa se ablanda en pocos minutos.

Consejos finales

Como entrante encaja antes de un pescado hecho a la plancha o de un arroz, y en una cena de verano basta con acompañarla de pan tostado. Si te sobra melón, el sorbete de melón lo aprovecha como postre, y el jamón que quede puede acabar en un hojaldre de jamón y queso.

Unas hojas de hierbabuena picadas por encima refrescan todavía más; una vuelta extra de pimienta o unas escamas de sal le dan carácter; y en lugar de bolitas puedes poner dados pequeños de melón. Sin ibérico a mano, un jamón serrano de buena curación funciona, aunque es más salado y conviene poner algo menos.

Colarla por el chino y poner el jamón en el último momento parecen trucos menores, pero mantienen la textura sedosa y el contraste entre lo dulce y lo salado. Cuando sale aguada, el melón estaba muy cargado de agua: añade 1 o 2 cucharadas más de nata, o tritura con ella un trozo pequeño de pan blanco sin corteza, y sírvela bien fría, que en frío se nota más cuerpo. Si queda sosa, una pizca de sal y un chorrito de zumo de limón despiertan el dulzor. Tapada en la nevera aguanta 1 o 2 días; no la congeles, porque la nata y el melón se separan al descongelar.

Para alternar sopas frías en pleno calor, el gazpacho andaluz es la opción salada por excelencia. Cuando refresque, la sopa de verduras casera toma el relevo.

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