El potaje de vigilia es uno de esos platos que reconfortan el alma y nos conectan con la cocina de siempre. En Gallina Blanca entendemos que el ritmo del día a día a veces nos impide dedicar horas a los fogones, por lo que utilizar nuestro Caldo Casero de Pescado 100% Natural es la solución ideal para conseguir ese sabor profundo y marinero de forma sencilla y auténtica.

Este guiso tiene una larga historia en la gastronomía española, siendo el protagonista indiscutible de los viernes de Cuaresma. Al no poder consumir carne, las familias agudizaron el ingenio combinando legumbres, verduras de temporada y el bacalao en salazón, creando una receta nutritiva que se ha convertido en un emblema de nuestra cultura culinaria.

Para conseguir un resultado excelente, es fundamental seleccionar bien los ingredientes del potaje de vigilia, apostando por legumbres de calidad y un buen bacalao. Aunque existen muchas variantes, esta receta de potaje de vigilia fácil te permitirá disfrutar del potaje de vigilia original sin complicaciones, permitiéndote hacer un potaje de vigilia con todo el sabor tradicional en mucho menos tiempo.

Información nutricional(por ración)

Energía

385 kcal

Hidratos

36 g

Grasas

15 g

Fibra

11 g

Proteínas

29 g

¿Cuántos comensales?
4
Garbanzo
Garbanzo
400 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
20 mililitros
Cebolla
Cebolla
100 gramos
Ajo
Ajo
2 dientes
Laurel
Laurel
1 hoja
Pimentón
Pimentón
1 cucharada de café
Comino
Comino
1 una pizca
Tomate rojo
Tomate rojo
1 unidad maduro
Bacalao
Bacalao
200 gramos
Huevo duro
Huevo duro
2 unidades
Pan
Pan
1 unidad
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Receta

Potaje de vigilia

Paso 1 de 4

Preparación del sofrito base

Preparación del sofrito base

Empezamos la elaboración calentando un chorrito de aceite de oliva virgen extra en una cazuela amplia. Añadimos la cebolla picada muy fina junto con los dientes de ajo laminados y dejamos que se pochen a fuego suave hasta que la verdura esté transparente. En este punto, incorporamos el tomate maduro rallado y cocinamos todo junto hasta que el sofrito haya perdido el agua y presente un color intenso.

Para darle el toque maestro, añadimos una cucharada de pimentón dulce y una pizca de comino, removiendo rápidamente para evitar que se quemen. Introducimos también una rebanada de pan tostado, que servirá para dar cuerpo a la salsa más adelante, y mezclamos bien para que se empape de todos los aromas del fondo.

Paso 2 de 4

Cocción de los garbanzos con el caldo

Cocción de los garbanzos con el caldo

A continuación, incorporamos los garbanzos cocidos y bien escurridos a la cazuela. Vertemos el Caldo Casero de Pescado 100% Natural hasta cubrir generosamente todos los ingredientes. Añadimos una hoja de laurel y subimos el fuego hasta que comience a hervir; después, bajamos la intensidad y dejamos que el conjunto se cocine a fuego lento durante unos diez minutos para que los sabores se integren a la perfección.

Si notas que el caldo queda demasiado ligero, puedes retirar la rebanada de pan tostado junto con unos pocos garbanzos y machacarlos en el mortero. Al devolver este majado a la cazuela, conseguiremos una textura más trabada y melosa, propia de los mejores guisos caseros, aportando una consistencia excepcional al plato sin necesidad de añadir harinas.

Paso 3 de 4

Incorporación del bacalao y las espinacas

Incorporación del bacalao y las espinacas

Es el momento de añadir el bacalao, que habremos desalado previamente y cortado en trozos de bocado. Lo introducimos con cuidado en la cazuela y dejamos que se cocine apenas tres o cuatro minutos. Al ser un pescado delicado que no necesita mucha cocción, nos aseguramos de que las lascas queden jugosas y no se endurezcan.

Inmediatamente después, añadimos las hojas de espinacas frescas. Aunque parezca que hay mucha cantidad, verás que con el calor residual y un par de minutos de cocción reducen su volumen drásticamente. Integrarlas al final es el mejor método para que conserven sus propiedades y ese color verde intenso que tanto embellece el plato.

Paso 4 de 4

Reposo y presentación final

Una vez que las espinacas hayan mermado, apagamos el fuego y rectificamos de sal si fuera necesario, teniendo en cuenta que el bacalao ya aporta su punto salino. Es fundamental dejar reposar el potaje tapado durante unos cinco minutos antes de servir. Este breve descanso permite que el caldo termine de ligar y que los sabores se asienten, logrando un equilibrio perfecto en cada cucharada.

Para terminar, servimos el guiso en platos hondos y decoramos cada ración con el huevo duro picado o cortado en cuartos. Este ingrediente no solo añade valor nutricional, sino que aporta una textura suave que contrasta de maravilla con el resto de elementos. Ya tenemos listo un plato tradicional, completo y lleno de sabor para disfrutar en familia.

Consejos finales

Para disfrutar plenamente de este potaje de vigilia casero, te sugerimos servirlo bien caliente y acompañarlo con un poco de pan de hogaza para aprovechar el delicioso caldo. Si quieres conocer algunos trucos para que sea más sabroso, te recomendamos prepararlo de un día para otro, ya que, como ocurre con la mayoría de los guisos de legumbres, los sabores ganan intensidad tras unas horas de reposo.

Esta receta para cuatro personas es una opción excelente si buscas una elaboración rápida utilizando legumbres ya cocidas de buena calidad. Ahora que ya sabes cómo prepararla paso a paso, tienes en tus manos un plato equilibrado que gustará tanto a niños como a adultos, manteniendo viva una de nuestras tradiciones culinarias más ricas de forma sencilla.

Si te ha gustado esta elaboración, también puedes descubrir otras variantes deliciosas como el potaje de garbanzos con espinacas y bacalao, probar el toque tradicional del potaje de Semana Santa o disfrutar de la sencillez del guiso de garbanzos clásico.

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