Para cerrar una comida sin encender el fuego, la mousse de naranja se monta en un bol con unas varillas y solo 3 ingredientes: leche condensada, zumo de naranja recién exprimido y yogur griego. En 20 minutos de trabajo y 2 horas de congelador tienes listas las copas individuales de 4 personas, con la crema ya fresca y firme.

No lleva gelatina ni claras montadas, y la explicación de que espese está en la química: el ácido del zumo hace que las proteínas de la leche condensada y del yogur se aprieten, y la mezcla gana consistencia en 2 o 3 minutos de batido. Por eso es importante que el zumo sea de naranja natural, recién exprimida, y no de brik, porque con zumo envasado la crema suele espesar menos y quedar más líquida.

La temporada de la naranja en España va aproximadamente de noviembre a mayo. Para zumo conviene elegir piezas pesadas para su tamaño, de piel fina y lisa, que suelen dar más líquido que las de piel gruesa; la navelina, en pleno invierno, y la Valencia Late, ya en primavera, son 2 variedades que funcionan muy bien. Con 2 naranjas medianas obtienes entre 150 y 200 ml de zumo, la cantidad justa para equilibrar el dulzor del bote de leche condensada. Con limón en lugar de naranja, la mousse de limón se prepara de forma parecida y queda más ácida.

Información nutricional(por ración)

Energía

235 kcal

Hidratos

32 g

Grasas

8.8 g

Fibra

0.6 g

Proteínas

5.2 g

¿Cuántos comensales?
4
Leche condensada
Leche condensada
1 bote
Naranja
Naranja
2 unidades zumo
Yogurt griego
Yogurt griego
1 unidad natural
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Paso 1 de 2

Exprime las naranjas y prepara las cáscaras

Lava bien las 2 naranjas bajo el grifo, sobre todo si vas a usar la piel. Antes de cortarlas, ralla la piel de una de ellas, solo la parte naranja, y guarda la ralladura tapada para decorar al final. Córtalas por la mitad y exprímelas.

Si quieres servir la mousse dentro de las cáscaras, exprímelas a mano, despacio y sin forzar la piel, y vacía después la pulpa que quede con una cucharilla, hasta dejar 4 medias naranjas limpias. Corta una lámina muy fina en la base de cada una para que se sostengan rectas en el plato.

Pasa el zumo por un colador fino para retirar las pepitas y el exceso de pulpa, que romperían la textura lisa. En un bol amplio pon el bote de leche condensada, el zumo colado y el yogur griego natural. Conviene que todo esté fresco, recién sacado de la nevera, porque la mezcla espesa antes y se enfría más rápido después.

Paso 2 de 2

Bate, reparte y enfría la mousse

Bate con unas varillas manuales o eléctricas a velocidad media durante 2 o 3 minutos, sin parar, hasta conseguir una crema homogénea que deje marca al levantar las varillas. Verás cómo espesa poco a poco por la acción del zumo sobre las proteínas del yogur y de la leche condensada. Sin gelatina, sin claras y sin fuego, todo se reduce a batir y esperar, así que este postre es de los más fáciles para hacer con niños en la cocina.

Reparte la crema en 4 copas o vasos de postre, o dentro de las cáscaras de naranja que has preparado. Cubre cada recipiente con papel film o con su tapa para que no coja olores.

Guárdala 2 horas en el congelador: tendrá una textura firme, entre mousse y semifrío. Si la prefieres más cremosa, de cuchara, déjala en la nevera 3 horas como mínimo. En ambos casos, espolvorea la ralladura reservada en el último momento.

Consejos finales

Al salir del congelador está muy firme; déjala 10 minutos a temperatura ambiente para que recupere cremosidad antes de comerla. Si la haces para el día siguiente, guárdala tapada en la nevera, donde aguanta bien 2 días, o en el congelador, donde se conserva hasta 1 mes como un semifrío; en ese caso, pásala a la nevera 30 minutos antes de servirla.

Una mousse que no espesa suele tener detrás alguno de estos motivos: zumo de brik, poco ácido; yogur desnatado o tipo bebible, con menos cuerpo que el griego; o un batido demasiado corto. Para que espese sin gelatina ni espesantes, apóyate en trucos básicos como usar zumo recién exprimido y batir sin prisas hasta que la crema deje marca, esos 2 o 3 minutos del paso 2. Si te ha salido demasiado dulce, un chorrito de limón la equilibra sin que se note el cambio de sabor.

Para decorarla, además de la ralladura, quedan bien unas hojas de menta fresca o unas virutas de chocolate negro, cuyo amargor contrasta con el dulzor del cítrico. Servida en las cáscaras, esta mousse casera luce mucho cuando tienes invitados. Para variar de sabor, la mousse de pistacho o la crema de yogur y limón siguen la misma idea de postre frío de cuchara.

La naranja también funciona en platos salados: el lomo a la naranja aprovecha su zumo en la salsa y es un buen principal antes de esta mousse.

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