El ácido del zumo espesa la leche condensada casi al instante, y en esa reacción se apoya esta mousse de limón sin huevo ni gelatina, que se monta en frío con nata y yogur natural. Lleva 10 minutos de trabajo y un mínimo de 2 horas de nevera, y con 250 g de leche condensada, 500 ml de nata, 4 yogures y el zumo de 4 limones sirves 4 personas en copa.

Al comprar, busca limones pesados para su tamaño y de piel fina, que son los que más zumo dan. En España hay limón fresco casi todo el año gracias a la variedad Fino, que se recoge aproximadamente de octubre a marzo, y a la Verna, que toma el relevo hasta el verano. Como vas a usar también la ralladura, elige piezas sin encerar si las encuentras y lávalas con agua templada antes de rallar solo la parte amarilla: la capa blanca de debajo amarga.

La otra clave está en la nata. Para que la mousse tenga cuerpo necesitas una nata con al menos un 35 % de materia grasa, la que se vende para montar, y que no salga del frigorífico hasta el momento de batirla, a unos 4 o 5 °C. Las versiones ligeras para cocinar no llegan a montar y dejan una crema líquida que no cuaja ni con horas de frío.

Al no necesitar fuego ni horno, encaja como receta fácil para preparar por la mañana y olvidarte de ella hasta la hora del postre, y el yogur aporta un punto ácido que compensa lo dulce de la leche condensada.

Información nutricional(por ración)

Energía

350 kcal

Hidratos

40 g

Grasas

1 g

Fibra

6 g

Proteínas

20 g

¿Cuántos comensales?
4
Leche condensada
Leche condensada
250 gramos
Limón
Limón
al gusto ralladura
Nata líquida para cocinar
Nata líquida para cocinar
500 mililitros
Yogurt natural
Yogurt natural
4 unidades
Limón
Limón
4 unidades zumo
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Paso 1 de 3

Mezcla la base de limón y yogur

Mezcla la base de limón y yogur

Ralla primero los limones, antes de exprimirlos, porque con la fruta entera es mucho más fácil sacar la piel sin llegar a la parte blanca. Reserva una cucharadita de ralladura para decorar. Después exprime los 4 limones y cuela el zumo para retirar pepitas y pulpa; deberías tener entre 150 y 200 ml, según su tamaño.

Pon los 250 g de leche condensada en un bol grande, añade los 4 yogures naturales y mezcla con unas varillas. Incorpora el zumo en un hilo fino mientras bates: notarás que la crema se vuelve más espesa a medida que el ácido actúa sobre la leche condensada. Añade la ralladura al gusto y bate 1 minuto más, a mano o con la batidora a velocidad baja, hasta que esté lisa por completo. Prueba y, si la quieres más ácida, suma un poco más de zumo. Guarda la base en la nevera mientras montas la nata.

Paso 2 de 3

Monta la nata y envuelve la base

Monta la nata y envuelve la base

Mete el bol y las varillas 10 minutos en el congelador: el frío ayuda a que la grasa de la nata atrape aire. Vierte los 500 ml de nata recién sacada de la nevera y bate 3 o 4 minutos a velocidad media alta, hasta que forme picos firmes y las varillas dejen surcos marcados. Para en ese punto, porque si sigues batiendo la nata se corta, se vuelve granulosa y empieza a soltar suero.

Añade la base de limón en 3 tandas. La primera, mézclala con algo más de energía para aligerar la nata; las otras 2, intégralas con una espátula, envolviendo de abajo arriba y girando el bol, sin batir. Así se conserva el aire que da la textura esponjosa. Termina cuando la mezcla tenga un color uniforme y no queden vetas blancas.

Paso 3 de 3

Enfría la mousse de limón y decora

Reparte la crema en 4 copas o cuencos individuales, o en un único recipiente grande si prefieres servirla en la mesa con cuchara. Da unos golpecitos suaves a cada copa contra la encimera para que se asiente y no queden huecos de aire grandes, y tápalas con film para que no cojan olores de la nevera.

Déjala enfriar en el frigorífico al menos 2 horas; con 4 horas, o de un día para otro, queda más firme y el sabor del limón se reparte mejor. Estará lista cuando, al inclinar la copa, la superficie no se mueva y la cuchara deje una marca limpia. Justo antes de servir, decora con la ralladura que reservaste o con unas hojas de menta fresca. Hazlo en el último momento: la ralladura se seca y pierde aroma si pasa horas en la nevera al aire.

Consejos finales

La mousse de limón acepta otros cítricos con el mismo método: cambia la mitad del zumo por lima para un aroma más perfumado, o prueba la mousse de naranja. Si quieres darle algo de textura, pon en el fondo de cada copa una cucharada de galleta triturada con un poco de mantequilla, o termina con unos arándanos o frambuesas frescas, que contrastan bien con la acidez.

Si a las 2 horas sigue líquida, casi siempre la nata no estaba bien montada o tenía poca grasa. Tiene arreglo: monta 200 ml más de nata para montar bien fría, intégrala con movimientos envolventes y vuelve a enfriarla. Si la base te sabe demasiado dulce, añade un poco más de zumo y ralladura o medio yogur natural antes de mezclarla con la nata; una vez cuajada, ya no se corrige.

Tapada en la nevera aguanta 2 o 3 días, aunque a partir del segundo puede soltar algo de líquido en el fondo. Congelada pierde la textura aireada, pero se convierte en un semifrío muy agradable si la pasas del congelador a la mesa 10 minutos antes de comerla. Para que siga firme al tercer día, el montaje pesa más que las horas de nevera, y el truco está en el frío: bol y varillas fríos, nata recién sacada del frigorífico y ni una vuelta de más al mezclar.

Para una mesa con varios postres de limón, combina esta crema con un bizcocho de yogur de limón o, en verano, con un helado de limón. Y si buscas otra textura con el mismo sabor, prueba el bavarois de limón.

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