Las migas son los trozos pequeños y recortes que quedan al despiezar el bacalao salado, más baratas que el lomo y perfectas para guisar, y con ellas se prepara este guiso de migas de bacalao con tomate, cebolla, ajo y un punto de cayena. En la cazuela pasa unos 35 minutos y sirve a 2 personas con platos generosos, pero si compras el bacalao en salazón tienes que contar con 24 a 48 horas previas de desalado.

El nombre confunde a veces, pero este guiso es otra cosa que las migas de pan de Extremadura, Aragón o La Mancha, como las migas de pastor, que se hacen con pan del día anterior. Aquí la palabra se refiere solo al bacalao desmigado, que se cocina en un sofrito de tomate como un guiso muy tradicional de vigilia. Es un plato muy agradecido para hacer con antelación, porque reposado de un día para otro el bacalao se impregna mejor del tomate.

Conviene vigilar sobre todo el aceite: la cayena se fríe solo 1 minuto y el ajo hasta que esté dorado, y ambos salen de la cazuela antes de quemarse, porque dejarían un fondo amargo. Tampoco hace falta añadir sal: el bacalao conserva algo de la suya y la pastilla de caldo de pescado aporta el resto.

Cuando lo vayas a comprar, fíjate en que las migas sean blancas, sin manchas amarillentas ni olor fuerte, y retira las pieles y espinas antes de que vayan al guiso.

Información nutricional(por ración)

Energía

350 kcal

Hidratos

40 g

Grasas

5 g

Fibra

25 g

Proteínas

15 g

¿Cuántos comensales?
2
Cebolla
Cebolla
1 unidad grande
Ajo
Ajo
2 dientes
Cayena
Cayena
1 unidad
Avecrem Pescado
1 pastilla
Laurel
Laurel
2 hojas
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Agua
Agua
al gusto
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Paso 1 de 5

Desala las migas de bacalao en frío

Lava las migas bajo el grifo para quitar la sal de la superficie y ponlas en un recipiente amplio, cubiertas de agua fría con holgura. Guárdalo siempre en la nevera: a temperatura ambiente el bacalao puede fermentar, y lo notarías enseguida por el olor. Si son tiras o trozos pequeños, déjalas unas 24 horas y cambia el agua de 2 a 3 veces al día; si son piezas más grandes, alarga el remojo a unas 48 horas con 4 a 6 cambios de agua en total.

En las 3 últimas horas, sustituye el agua por leche con un diente de ajo aplastado: el pescado queda más jugoso y algo más blanco. Para saber si está en su punto, cuece un trocito en agua 1 minuto y pruébalo. Después escurre bien las migas y sécalas a toquecitos con papel absorbente. Si compras migas ya desaladas, frescas o congeladas, sáltate el remojo.

Paso 2 de 5

Aromatiza el aceite con cayena y ajo

Calienta a fuego medio bajo, en una cazuela a ser posible de barro, 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté caliente, sin llegar a humear, añade la cayena entera y fríela 1 minuto, hasta que se oscurezca un poco. Sácala entonces: si se queda más tiempo, el picante sube demasiado y el aceite amarga.

Pela los ajos, córtalos en láminas o en trozos y échalos al mismo aceite. Dóralos de 1 a 2 minutos sin dejar de moverlos, hasta que cojan un tono tostado claro, y retíralos antes de que se tuesten de más. Resérvalos en un plato pequeño: si quieres más sabor a ajo, puedes picarlos y devolverlos al guiso al final. En la cazuela queda un aceite perfumado con el picante y el ajo, que será la base de todo el sabor del plato.

Paso 3 de 5

Pocha la cebolla y añade el tomate

Pica muy fina la cebolla grande y añádela al aceite aromatizado. Póchala a fuego suave de 10 a 12 minutos, con alguna vuelta, hasta que esté blanda, transparente y empiece a coger un ligero tono dorado. No tengas prisa: la cebolla bien pochada aporta dulzor y suaviza la acidez del tomate.

Incorpora el tomate triturado, aviva ligeramente la llama y cuécelo entre 10 y 15 minutos a borbotón lento, rascando el fondo para evitar que se agarre. Estará listo cuando haya perdido el agua, tenga un color rojo más oscuro y se vea un hilo de aceite brillando en los bordes. Si notas el tomate muy ácido, una pizca de azúcar lo corrige. Este sofrito espeso es el que después envuelve el bacalao, así que conviene que quede concentrado y no aguado.

Paso 4 de 5

Guisa las migas de bacalao con tomate

Desmenuza el bacalao desalado en lascas con los dedos y repasa cada trozo: retira las espinas, la piel y cualquier parte oscura o dura que encuentres. Las migas ya vienen troceadas, pero suele haber alguna pieza grande que conviene abrir para que todo se cocine a la vez.

Disuelve la pastilla de Avecrem Pescado en un vaso pequeño de agua caliente, unos 150 ml. Echa el bacalao en la cazuela con el laurel, las 2 hojas, y riega con el caldo. Mezcla con cuidado, con movimientos suaves para no deshacer las lascas, y mantenlo al fuego, suave, durante 5 minutos, para que el pescado coja el sabor del sofrito. No añadas sal: entre el bacalao y el caldo, el guiso ya lleva sal de sobra. El bacalao está hecho cuando pasa de translúcido a blanco y se separa en láminas.

Paso 5 de 5

Reduce la salsa y sirve caliente

Mantén el guiso a hervor muy suave otros 3 a 5 minutos, hasta que el caldo se reduzca y la salsa quede espesa pero jugosa, que se pegue al bacalao sin estar seca. Si espesa demasiado pronto, aclárala con unas cucharadas de agua; si queda líquida, sube un poco el fuego en lugar de alargar el tiempo, porque el bacalao se seca. Prueba y, solo si hace falta, ajusta el punto de sal.

Retira las hojas de laurel, apaga y tapa la cazuela: 5 minutos de reposo antes de servir. Sirve las migas calientes, con pan para rebañar la cazuela, o con un huevo frito encima, que al romperse se mezcla con el tomate. Si preparas el guiso el día antes, guárdalo en la nevera y caliéntalo a fuego lento con una cucharada de agua: el sabor gana con el reposo.

Consejos finales

Las migas de bacalao con tomate aguantan 2 días tapadas en el frigorífico y admiten congelación durante 2 meses como máximo, aunque el bacalao queda algo más deshilachado al descongelarlo; hazlo despacio en la nevera y calienta a fuego suave. Las sobras sirven de relleno para empanadillas o para cuajar con huevo, al estilo de la tortilla de bacalao con tomate.

Una vez desalado el bacalao, el resto se resuelve en una sola cazuela, así que es una cena fácil para entre semana. Para la próxima vez, ten presente un truco de seguridad: desala siempre en la nevera y nunca en la encimera, fríe la cayena solo 1 minuto y no dejes el bacalao más de 10 minutos en la cazuela, porque se vuelve fibroso y seco. Si te ha quedado salado, no añadas más caldo de pastilla; alarga el guiso con un poco más de tomate y agua.

Para convertirlo en plato único, añade al sofrito medio pimiento rojo en tiras o unas patatas en dados cocidas aparte. Si te apetece el bacalao en otra versión, prueba el bacalao con tomate al horno o el bacalao a la riojana. En la tienda, las migas se venden en salazón, a granel o envasadas, y también desaladas y congeladas, que ahorran el remojo; si eliges estas últimas, descongélalas la víspera en la nevera y sécalas bien antes de guisar, porque traen bastante agua y aguarían el sofrito.

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