Mezcla de ternera y cerdo, un poco de queso manchego en la masa y una salsa que termina de hacer la carne a fuego lento: así se preparan estas albóndigas en salsa de tomate, un plato casero que se come con cuchara y con pan. Calcula alrededor de 1 hora para 4 personas: unos 20 minutos de trabajo con las manos y el resto, fritura y cocción tranquila en la cazuela.

El nombre viene del árabe andalusí, de una palabra que significaba bolita o avellana, y cada zona tiene su forma tradicional de hacerlas: en salsa de almendras, en salsa española con vino, con sepia en la costa catalana o, como aquí, con tomate. Esta versión reúne lo más habitual en casa: medio kilo de carne picada, 1 huevo, ajo, perejil, un poco de pan rallado y 30 g de queso, que aporta sabor y ayuda a que la masa quede jugosa.

Pide al carnicero la carne picada en el momento, mitad de ternera y mitad de cerdo. La ternera da sabor y estructura; el cerdo pone la grasa que evita que la albóndiga quede seca después de 20 minutos en la salsa. Una sola carne magra suele dar bolas más compactas y duras.

Formar las bolas es la parte más lenta, pero es fácil si te mojas las manos con agua fría antes de cada una: la masa no se pega y salen redondas y lisas. Hazlas de unos 4 cm, del tamaño de una nuez grande, para que se hagan por dentro en el tiempo de la salsa sin que se deshagan.

Información nutricional(por ración)

Energía

385 kcal

Hidratos

18 g

Grasas

21 g

Fibra

3 g

Proteínas

27 g

¿Cuántos comensales?
4
Carne de ternera
Carne de ternera
250 gramos
Agua
Agua
al gusto caliente
Tomate Frito Casero
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Huevo
Huevo
1 unidad
Perejil
Perejil
al gusto
Queso manchego
Queso manchego
30 gramos
Pan rallado
Pan rallado
1 cucharada de café
Ajo
Ajo
2 dientes
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Carne de cerdo
Carne de cerdo
250 gramos
Harina
Harina
al gusto
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Paso 1 de 1

Forma, dora y cuece las albóndigas

Junta en un bol amplio la carne picada, 250 g de ternera y 250 g de cerdo. Pica muy fino el perejil y los 2 ajos y échalos encima con el huevo batido, los 30 g de queso manchego rallado, la cucharada de café de pan rallado y una pizca de sal. Mezcla con las manos o con un tenedor solo hasta que todo esté integrado: si amasas de más, la carne se compacta y las albóndigas quedan duras. Con las manos húmedas, forma bolas de unos 4 cm, todas iguales; obtendrás unas 20. Si las prefieres de 3 cm, para picoteo, saldrán cerca de 30 y necesitarán 5 minutos menos de salsa. Pásalas por harina y sacude el exceso, porque la que sobra se quema en el aceite y luego enturbia la salsa.

Pon un fondo de aceite de oliva virgen extra en la sartén a fuego medio alto; estará a punto cuando la primera albóndiga chisporrotee nada más tocarlo. Dóralas por tandas, sin amontonarlas, girándolas sin prisa: en 4 o 5 minutos tendrán una costra tostada por todos los lados. Por dentro seguirán crudas; se terminan en la salsa. Resérvalas en un plato.

Retira parte del aceite si hay mucho, deja unas 2 cucharadas y pocha la cebolla picada fina a fuego medio durante 10 minutos, hasta que se vuelva blanda y translúcida. Añade el Tomate Frito Casero, remueve y devuelve las albóndigas a la cazuela. Cubre con agua caliente, lo justo para que queden casi tapadas, y deja cocer a fuego suave unos 20 minutos, sin cuchara: sacude la cazuela sujetándola por las asas cada pocos minutos, para no romperlas. Estarán listas cuando la salsa haya espesado y, al partir una, la carne no tenga ningún tono rosado en el centro. Al final, ajusta la sal de la salsa: el queso y el tomate ya aportan bastante.

Consejos finales

Pocas cosas se adelantan tan bien como este guiso: preparado unas horas antes, la salsa reposa, espesa un poco y la carne toma más sabor del tomate. Bien cerrado y en frío aguanta hasta 3 días. También se congela bien con la salsa, hasta 3 meses; descongela las albóndigas en la nevera y recaliéntalas tapadas en la cazuela, a fuego bajo con algo de agua, hasta que la salsa vuelva a burbujear.

Mójate las manos con agua fría antes de cada bola: la masa no se pega y salen lisas. Es el primero de 3 trucos de este paso a paso que conviene no saltarse. Sacudir bien la harina antes de freír impide que se queme en el aceite y amargue el sofrito de cebolla. Y una vez en la salsa, mover la cazuela por las asas mantiene las albóndigas enteras.

Para mojar, acompáñalas de patatas fritas en dados, arroz blanco o un puré de patatas, y deja una barra de pan cerca. Con el arroz blanco y las albóndigas en la misma fuente tienes un plato único.

Para una versión sin gluten, cambia el pan rallado y la harina por pan rallado sin gluten y harina de arroz o maicena. Si buscas algo más ligero, prueba unas albóndigas de pollo en salsa, que se forman igual con carne de ave. Para la versión mar y montaña de la costa catalana están las albóndigas con sepia, y si te apetece otro guiso de carne con salsa, una cinta de lomo en salsa pide una cazuela parecida.

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