Cuando hay que sacar una comida para 4 personas en 20 minutos y con lo que hay en la despensa, unos macarrones con tomate caseros resuelven el día. Esta versión suma al tomate frito 80 g de tomates secos, que dan a la salsa un sabor más concentrado y algo ácido, y cuece la pasta en agua con caldo en lugar de solo con sal.

Para que la salsa se agarre bien, conviene un macarrón de superficie rugosa, como los de pasta trefilada en bronce, y de calibre medio, que se llena de salsa por dentro. Los tomates secos se venden de 2 formas: deshidratados al natural o conservados en aceite. Si son al natural y están muy duros, déjalos 10 minutos en agua caliente antes de picarlos; si vienen en aceite, escúrrelos y aprovecha parte de ese aceite para saltearlos, porque ya está aromatizado.

La cocción es lo único que pide atención. Saca la pasta 1 minuto antes de lo que indica el envase, porque acaba de hacerse al saltearla con el tomate, y aparta un vaso pequeño del agua de cocción: su almidón ayuda a ligar el tomate y a que quede brillante en lugar de seco. Como no hay más técnica que esa, es un plato fácil de dejar en manos de quien empieza a cocinar, y en 20 minutos lo tienes en la mesa con una sola olla y una sartén. La cantidad equivale a unos 75 g de pasta seca por comensal, la medida habitual de un plato principal; como primero de un menú más largo, puedes rebajarla un poco.

Información nutricional(por ración)

Energía

465 kcal

Hidratos

68 g

Grasas

14 g

Fibra

5 g

Proteínas

16 g

¿Cuántos comensales?
4
Macarrón
Macarrón
300 gramos
Tomate seco
Tomate seco
80 gramos
Tomate Frito Casero
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de café
Avecrem Pollo
1 pastilla
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Paso 1 de 3

Cuece los macarrones en agua con caldo

Cuece los macarrones en agua con caldo

Pon a calentar en una olla grande unos 3 litros de agua, la proporción habitual para 300 g de pasta, que necesita espacio para moverse sin pegarse. Desmenuza en el agua la pastilla de Avecrem Caldo de Pollo en lugar de la sal: la pasta absorbe el caldo mientras se hidrata y llega a la salsa con más sabor. No añadas sal extra, porque la pastilla ya la aporta.

Cuando el agua hierva a borbotones, echa los 300 g de macarrones y remuévelos al principio, cuando más tienden a pegarse entre sí. Retíralos 60 segundos antes del tiempo que indique el envase, al dente, ya que acabarán de hacerse junto al tomate. Antes de escurrir, guarda un vaso pequeño de esa agua: su almidón servirá al final para aligerar la salsa, pero ya lleva la sal del caldo, así que úsala a cucharadas y no a chorros.

Paso 2 de 3

Saltea y tritura los tomates secos

Saltea y tritura los tomates secos

Mientras se cuece la pasta, pica los 80 g de tomates secos en trozos pequeños. Calienta en una sartén amplia la cucharada de aceite de oliva virgen extra a fuego medio bajo y saltea los tomates unos 3 minutos, moviéndolos sin parar, hasta que suelten aroma y el aceite tome un tono rojizo. El fuego tiene que ser suave: el tomate seco concentra mucho azúcar, se quema enseguida y, quemado, amarga toda la salsa.

Si prefieres una salsa fina, sin tropezones, pasa los tomates salteados a un vaso alto, añade un poco del tomate frito y tritúralos con la batidora de mano hasta obtener una crema; luego devuélvela a la sartén. Para notar los trocitos al comer, déjalos tal cual. Cualquiera de las 2 opciones funciona; solo cambia la textura final.

Paso 3 de 3

Une la pasta con el tomate frito

Une la pasta con el tomate frito

Añade a la sartén el tarro de Tomate Frito Casero y mézclalo con los tomates secos. Como ya viene cocinado, basta con calentarlo a fuego suave unos 2 minutos, removiendo, para que se integre con el aceite del salteado y la salsa coja cuerpo.

Escurre los macarrones e incorpóralos a la sartén. Saltea 1 o 2 minutos a fuego medio, con movimientos envolventes, hasta que cada macarrón quede bien cubierto de salsa. Si la ves espesa o la pasta empieza a pegarse al fondo, riégala con un par de cucharadas del agua que guardaste y sigue removiendo: la salsa se vuelve brillante y se adhiere mejor a la pasta. Llévalos a la mesa enseguida, porque la pasta sigue absorbiendo líquido y, si espera, se queda seca.

Consejos finales

A partir de esta salsa puedes cambiar el plato sin apenas esfuerzo. Unas hojas de albahaca fresca rotas a mano al final o una cucharadita de orégano seco le dan aroma, en la línea de la pasta con tomate y orégano. Una guindilla en el aceite del salteado la vuelve picante, y una lata de atún escurrido la convierte en plato único, algo parecido a los macarrones con atún y cebolla; con chorizo en lugar de atún tienes los macarrones con chorizo. Para comer sin gluten, usa pasta sin gluten y comprueba en la etiqueta que el caldo y el tomate frito tampoco lo lleven.

Prueba un macarrón 2 minutos antes del tiempo del envase y sácalos cuando el centro todavía ofrezca algo de resistencia al morder. Y no los enjuagues nunca después de escurrir, porque el agua se lleva el almidón que hace que la salsa se pegue: esos trucos separan una pasta brillante de una que queda seca en el plato.

Guardados en frío, en un recipiente hermético, consúmelos antes de 3 días. Para recalentarlos, añade 2 cucharadas de agua y dales unos minutos en la sartén, o pásalos a una fuente, cúbrelos con queso rallado y gratínalos 10 minutos a 200 °C, al estilo de los macarrones gratinados. No conviene congelar la pasta ya cocida con la salsa, porque al descongelarse queda blanda.

En la mesa, una fuente grande al centro y queso rallado aparte para que cada uno se sirva a su gusto. Con la misma salsa y otro formato de pasta tienes los espaguetis con tomate.

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