Sellar bien la carne y terminarla en una salsa corta de cebolla, jamón y vino blanco: así se preparan estas chuletas de cordero en salsa, una receta casera de sartén que en unos 40 minutos pone la comida en la mesa para 4 personas. Todo se hace en un único recipiente, de modo que la grasa del jamón y los jugos que suelta el cordero acaban en la salsa en lugar de quedarse pegados al fondo.

Para este guiso rápido van muy bien las chuletas de palo o de riñonada, con algo de grasa y un grosor de 1,5 a 2 cm; las de badal, más irregulares y con más hueso, también sirven y suelen ser más económicas. El cordero lechal da chuletillas pequeñas y tiernas que piden menos fuego, mientras que el recental tiene más carne y un sabor algo más marcado. Calcula 2 o 3 chuletas por persona según su tamaño y pide que te las corten parejas: si unas doblan en grosor a otras, unas se secan mientras las demás siguen crudas junto al hueso. Con la misma pieza tienes otra versión en las chuletas de cordero con azafrán.

Deja la carne fuera del frigorífico un cuarto de hora o 20 minutos antes de cocinarla y sécala con papel de cocina: si entra fría y húmeda en la sartén, la superficie hierve en su propio líquido y no llega a dorarse. Ojo también con la sal, porque entre los 100 g de jamón serrano y el Avecrem Dúo Guisos De Carne el plato rara vez necesita más; pruébalo siempre al final. La salsa envuelve la carne durante la cocción tapada y le da margen si te pasas un minuto, así que estrenarse con el cordero por esta vía es más fácil que hacerlo a la parrilla.

Información nutricional(por ración)

Energía

310 kcal

Hidratos

3 g

Grasas

22 g

Fibra

0.5 g

Proteínas

24 g

¿Cuántos comensales?
4
Ajo
Ajo
1 diente
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Jamón serrano
Jamón serrano
100 gramos
Vino blanco
Vino blanco
al gusto seco
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 3

Pocha cebolla, ajo y jamón

Pocha cebolla, ajo y jamón

Pica menuda la cebolla, ya pelada, y también el diente de ajo; cuanto más pequeño sea el corte, antes se ablanda y mejor se integra después en la salsa. Corta los 100 g de jamón serrano en taquitos o en tiras finas. Mientras tanto, retira con un cuchillo el exceso de grasa del borde de las chuletas, sin quitarla toda porque protege la carne, y sécalas con papel de cocina.

Calienta a fuego medio, en una sartén grande y pesada, unas 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Pocha la cebolla de 8 a 10 minutos, moviéndola cada poco, hasta que se vea blanda y traslúcida. Añade entonces el ajo y dale 1 minuto, lo justo para que huela sin tostarse, porque el ajo quemado amarga toda la salsa. Incorpora el jamón y saltéalo otro minuto para que suelte parte de su grasa. Pasa el sofrito a un plato y deja el aceite en la sartén.

Paso 2 de 3

Sella las chuletas y añade el vino

Sella las chuletas y añade el vino

Con el fuego medio fuerte, coloca las chuletas sin amontonarlas. Si no caben holgadas, hazlas en 2 tandas: con demasiadas piezas a la vez la temperatura del aceite cae de golpe, la carne suelta su jugo y acaba gris y cocida en lugar de dorada. Déjalas quietas unos 2 minutos sin tocarlas y otros 2 tras darles la vuelta, hasta que tengan una costra tostada y se despeguen solas del fondo. Sálalas muy ligeramente, recordando que el jamón también aporta sal.

Con todas las chuletas de nuevo en la sartén, devuelve el sofrito de cebolla y jamón y riega con el vino blanco seco, medio vaso o unos 100 ml. Deja que hierva a fuego vivo unos 2 minutos, hasta que el vino pierda su golpe alcohólico, y entretanto despega lo pegado al fondo con una espátula de madera: esos restos tostados de carne y jamón se disuelven en el vino y son la base de sabor de la salsa.

Paso 3 de 3

Termina la salsa con el Avecrem

Termina la salsa con el Avecrem

Desmenuza sobre la sartén el Avecrem Dúo Guisos De Carne, 1 pastilla, y mézclalo con el vino hasta que no queden grumos. Añade un chorrito de agua, unos 100 ml, baja el fuego y tapa. Deja que las chuletas se terminen de hacer a fuego suave de 10 a 12 minutos, dándoles la vuelta a mitad de tiempo, hasta que la salsa haya reducido, brille y cubra la cuchara. Si son finas o de lechal, mira el punto a los 8 minutos, y si las quieres rosadas junto al hueso, 5 o 6 minutos bastan: la carne debe ceder al presionarla y separarse con facilidad del hueso.

Si la salsa se queda seca antes de tiempo, añade 2 cucharadas de agua o caldo y sigue. Corrige la sal al final, solo si hace falta. Fuera del fuego, deja la sartén 2 o 3 minutos con la tapa puesta: las fibras se relajan y la carne queda más jugosa al cortarla. Reparte las chuletas con la salsa por encima.

Consejos finales

Lleva las chuletas a la mesa en una fuente amplia, bañadas con su salsa de cebolla y jamón. Unas patatas panadera hechas al horno o en la sartén, o unos espárragos trigueros a la plancha con unas escamas de sal, completan el plato sin taparlo. Si prefieres algo más fresco, unas hojas de lechuga con cebolleta aliñadas con vinagre de Jerez corta muy bien la grasa del cordero. Y deja pan cerca, porque la salsa lo va a pedir.

Dale la vuelta con pinzas o espátula y no con el tenedor, porque al pincharla pierde algo de jugo: de todos los trucos para que no quede seca, este no cuesta nada. Si aun así te ha quedado algo dura, lo normal es que haya estado demasiado rato tapada; la próxima vez retírala 3 o 4 minutos antes. Cuando la salsa queda demasiado salada, añade unas cucharadas de agua hirviendo y dale un hervor corto.

Guardadas con su salsa en un recipiente cerrado, se conservan en frío 2 o 3 días. Recaliéntalas tapadas, a fuego suave y con 2 cucharadas de agua, solo hasta que estén calientes por dentro: un segundo hervor largo las endurece. Ya guisadas admiten congelador hasta 2 meses, aunque pierden algo de textura, así que compensa más congelar las chuletas crudas, bien envueltas, y pasarlas del congelador a la nevera la víspera.

Cuando tengas más tiempo o más comensales, el cordero da para mucho: una buena paletilla de cordero al horno es el asado de los domingos, el cordero al chilindrón lleva pimiento y tomate, y el cordero guisado es la opción más contundente para el invierno.

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