Las papas revueltas con huevo se hacen en una sola sartén con patata nueva en dados, cebolla dorada y 4 huevos estrellados que se revuelven a fuego suave, y se comen en cuanto el huevo cuaja. La sartén queda lista en unos 25 minutos y sirve a 2 personas como plato único, aunque casi todo ese tiempo se va en freír la patata despacio hasta que esté tierna. Papa es el nombre que recibe la patata en Canarias, en zonas de Andalucía y en buena parte de América, y de ahí el nombre del plato, que en la Península se conoce también como patatas revueltas con huevo. La patata nueva, la que se recoge en primavera antes de madurar del todo, tiene la piel fina y una carne firme que mantiene la forma en dados sin deshacerse ni empaparse de aceite; fuera de temporada, elige una variedad de freír, como la Agria. Con la cebolla puedes elegir: picada fina se funde con el huevo, y en juliana, como en la versión más tradicional, se nota más en cada bocado.

Patata, cebolla y huevo suelen estar en cualquier despensa, así que es una cena fácil para cuando la nevera está casi vacía; comparte base con las patatas a lo pobre, que añaden pimiento verde. Las cifras que marcan la textura son el dado de 1 cm, que se fríe en 12 a 15 minutos a fuego medio, y 1 o 2 minutos de huevo a fuego bajo. Si cocinas para 4 personas, dobla todo y fríe la patata en 2 tandas, porque amontonada suelta vapor y queda blanda.

Información nutricional(por ración)

Energía

310 kcal

Hidratos

29 g

Grasas

4 g

Fibra

16 g

Proteínas

18 g

¿Cuántos comensales?
2
Patata
Patata
2 unidades nueva
Huevo
Huevo
4 unidades
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Sal
Sal
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto rizado
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 3

Fríe las patatas con la cebolla

Pela las 2 patatas nuevas, lávalas y trocéalas en dados de 1 cm de lado, iguales entre sí para que todos queden tiernos al mismo tiempo. Sécalas a fondo con un paño: el agua hace saltar el aceite y retrasa el dorado. Pela la cebolla y pícala fina, o córtala en juliana si prefieres que se note más.

Pon una sartén grande al fuego medio con aceite de oliva virgen extra, el suficiente para cubrir el fondo con 1 cm. Añade la patata y fríela de 12 a 15 minutos; dale la vuelta cada poco con una espumadera para que no se agarre. A mitad de ese tiempo, cuando empiece a ablandarse, incorpora la cebolla: echada desde el principio, se tostaría en exceso mucho antes de que la patata estuviera hecha. Apaga el fuego cuando la patata esté tierna por dentro y ligeramente dorada, y la cebolla, blanda. Escurre la mezcla y extiéndela sobre papel absorbente para que suelte el exceso de grasa.

Paso 2 de 3

Cuaja las papas revueltas con huevo

Retira el aceite de la sartén y deja solo una cucharada, la justa para que no se pegue; el resto puedes colarlo y guardarlo para otra fritura. Pon de nuevo la sartén a fuego bajo, añade la mezcla de patata y cebolla y, cuando esté caliente, estrella encima los 4 huevos, cascándolos directamente sobre la patata.

Con una cuchara de madera, rompe las yemas y remueve con suavidad, de fuera hacia dentro, algo así como 1 o 2 minutos, dejando que el huevo envuelva los dados de patata. Aparta la sartén en cuanto el huevo esté casi cuajado pero todavía brillante y cremoso: el calor de la sartén y de la patata lo termina en los segundos siguientes. Si esperas a verlo cuajado del todo sobre el fuego, llegará seco al plato. Si lo quieres más hecho, déjalo 30 segundos más, sin subir el fuego.

Paso 3 de 3

Emplata con sal gorda y perejil

Sirve las papas revueltas enseguida, en 2 platos calientes o en la propia sartén, apoyada en un salvamanteles para compartir. Espolvorea por encima unos granos de sal gorda, que aportan un punto crujiente, y un poco de perejil rizado picado muy fino; lávalo y sécalo bien antes de picarlo para que no se apelmace. Como la patata se ha frito sin sal, prueba un dado y ajusta la cantidad.

Es un plato para comer al momento, mientras el huevo está jugoso: a los pocos minutos se seca y la patata pierde su punto crujiente. Acompáñalo con una rebanada de pan crujiente para mojar en el huevo o con lechuga y tomate aliñados al lado, que equilibran la fritura. Para redondear la cena, añade al lado unas lonchas de jamón serrano o unos pimientos verdes fritos.

Consejos finales

En unas buenas papas revueltas con huevo, el huevo llega al plato jugoso y envolviendo la patata, nunca seco como una tortilla rota. Retira la sartén cuando aún queden zonas brillantes, y si se te ha pasado y lo ves seco, unas gotas de aceite sin calentar por encima le devuelven algo de jugosidad. Cuando la patata queda blanda y grasienta, casi siempre es porque el aceite no estaba bastante caliente o había demasiada en la sartén; si los dados siguen duros, eran más grandes de 1 cm.

Seca la patata con un paño antes de freírla y escúrrela sobre papel absorbente al sacarla; con ese truco el huevo no acaba nadando en grasa. Este plato, eso sí, no se guarda: el huevo poco cuajado debe tomarse en el momento y nunca dejarse a temperatura ambiente. Lo que sí puedes aprovechar son las patatas fritas o cocidas que te sobren de otra comida: córtalas en dados, saltéalas 3 minutos con la cebolla y revuélvelas con los huevos igual que en el paso 2.

Con chorizo en rodajas, fríelo junto a la cebolla hasta que esté bien hecho y suelte su grasa roja; con pimiento verde en tiras, añádelo a la vez que la cebolla, y con unos taquitos de jamón serrano, solo al final, porque con más fuego se endurecen. Para otra cena de sartén, prueba los huevos rotos con morcilla, y si prefieres el huevo cuajado del todo, la tortilla de patata, cebolla y calabacín. Como entrante frío, prueba los huevos rellenos de carne.

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