Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
Sirve cualquier mezcla que combine texturas: champiñón, seta de cardo, shiitake y seta de ostra son las habituales en los variados de bote o congelados. En otoño puedes usar níscalos, boletus o rebozuelos frescos, siempre comprados en tienda o mercado con origen controlado. Conviene que todas las piezas sean de un tamaño similar, así se doran a la vez; si alguna es muy grande, córtala en láminas gruesas antes de que entre en la sartén.
Retira la tierra con un paño húmedo, papel de cocina o un pincel, y corta la base del pie si está dura o sucia. No las dejes en remojo, porque absorben agua como una esponja y luego la sueltan en la sartén, lo que impide que se tuesten. Si tienen mucha arena, pásalas un momento bajo el grifo y sécalas enseguida. Las de bote solo necesitan un enjuague y un buen escurrido para quitar el líquido de la conserva.
No, las setas congeladas van directas a la sartén. Si las descongelas antes, sueltan el agua en el plato y quedan blandas, mientras que echándolas congeladas sobre aceite muy caliente esa agua se evapora durante el salteado. Eso sí, súmale unos 3 minutos de fuego alto y muévelas a menudo hasta que la sartén quede seca y empiecen a dorarse; solo entonces añade el vino y la pastilla de caldo.
Con ajo picado al principio, sal y pimienta durante el salteado y, al final, un chorrito de vino blanco reducido con una pastilla de caldo desmenuzada, que deja una salsa corta y sabrosa. La manzanilla aporta un punto seco muy agradable. También van bien unas hojas de tomillo o perejil picado al servir. Sala con moderación, porque el caldo ya lleva sal, y prueba siempre después de que el vino haya reducido.
Gallina Blanca Chef Guía
Salteado de setas variadas
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