Escurrir bien la verdura es lo único que pide esta quiche de espinacas, una tarta salada de masa quebrada rellena de espinacas, huevos, nata y queso rallado que se hornea hasta que el centro cuaja. Lleva unos 60 minutos en total y sirve a 4 personas, aunque casi 40 de esos minutos son de horno y reposo, tiempo en el que no tienes que estar pendiente de nada.

La quiche nació en la región francesa de Lorena, de donde viene también la más conocida de todas, la quiche lorraine, rellena de beicon. Con los años se ha convertido en la tarta salada de referencia para rellenar con verduras, y la espinaca encaja muy bien en ella: su punto ligeramente amargo equilibra la nata y el queso sin tapar su sabor.

Las espinacas pueden ser frescas o congeladas. Los 400 g de hoja fresca se quedan en un puñado tras cocerlos, así que no te asustes por el volumen; las congeladas te ahorran el lavado y funcionan igual de bien si las escurres a conciencia. Ahí está el único punto delicado de una tarta casera tan fácil de montar como esta: el agua que queda en la verdura impide que el relleno cuaje y empapa la base. Para el relleno bastan 3 huevos si son grandes; con huevos medianos, usa 4. Y el horno, a 180 °C, cuaja el flan sin que la superficie se queme antes de tiempo.

Información nutricional(por ración)

Energía

320 kcal

Hidratos

19 g

Grasas

22 g

Fibra

3.5 g

Proteínas

11 g

¿Cuántos comensales?
4
Espinaca
Espinaca
400 gramos
Nata líquida para cocinar
Nata líquida para cocinar
200 mililitros
Huevo
Huevo
3-4 unidades
Queso rallado
Queso rallado
100 gramos
Vitasal
Vitasal
1 unidad
Pimienta blanca molida
Pimienta blanca molida
1 una pizca
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Paso 1 de 2

Forra el molde y hornea en blanco

Pon a calentar el horno, resistencia arriba y abajo, hasta 200 °C. Estira la masa quebrada con un rodillo si no viene laminada y forra con ella un molde para tarta con papel de horno debajo. Ajusta los bordes y pincha todo el fondo con un tenedor.

Cubre la masa con otra hoja de papel y pon encima legumbres secas o bolas de cerámica: el peso evita que el fondo se hinche. Hornea unos 5 minutos, retira el papel con las legumbres y mira el fondo: debe verse seco y opaco, no brillante. Si sigue crudo, dale de 3 a 5 minutos más sin peso. Este horneado en blanco sella la masa para que el relleno no la ablande.

Mientras tanto, cuece los 400 g de espinacas 2 o 3 minutos en agua hirviendo si son frescas, o descongélalas si son congeladas. Escúrrelas en un colador apretando con una cuchara hasta que no suelten agua y saltéalas 2 minutos con unas gotas de aceite para secarlas del todo.

Paso 2 de 2

Mezcla el relleno y hornea hasta que cuaje

Baja el horno a 180 °C. En un bol amplio, bate 3 o 4 huevos con los 200 ml de nata líquida hasta que no queden hebras de clara. Añade una pizca de Vitasal y otra de pimienta blanca molida, incorpora las espinacas y la mitad de los 100 g de queso rallado y mezcla para que la verdura quede bien repartida. Las espinacas tienen que estar templadas, no calientes, o empezarán a cuajar el huevo en el bol.

Vierte el relleno sobre la base horneada y reparte por encima el resto del queso. Hornea a media altura de 25 a 30 minutos, hasta que el queso esté dorado, la masa se vea tostada en los bordes y el centro apenas tiemble al mover el molde; un cuchillo clavado en el medio debe salir limpio. Deja reposar la quiche 10 minutos antes de desmoldarla y cortarla: el relleno termina de asentarse y las porciones quedan limpias, sin que se desmorone.

Consejos finales

Recién salida del horno cuesta cortarla bien, pero templada o a temperatura ambiente está igual de buena, y por eso viaja tan bien en un táper. Para acompañarla basta una ensalada de hojas verdes con tomates cherry y un aliño suave de mostaza, que compensa la grasa de la nata y el queso. Como plato principal, cada cuarto de tarta es una ración generosa; cortada en cuadrados pequeños sirve de aperitivo para alguno más.

En la nevera, bien tapada, aguanta 2 o 3 días. También puedes congelarla ya horneada y en porciones hasta 2 meses, aunque la masa pierde algo de crujiente; descongélala despacio en la nevera. Para recalentarla, mejor el horno a 160 °C unos 10 minutos que el microondas, que reblandece la base. Si la quieres para una comida, hornéala por la mañana y caliéntala justo antes de servir.

Escurre la espinaca hasta que no suelte ni una gota y hornea la base en blanco antes de rellenarla: con esos trucos el fondo queda firme y el relleno, bien cuajado. A partir de ahí puedes jugar con el relleno: unos piñones tostados, unos dados de jamón o media cebolla pochada encajan sin tocar las cantidades de huevo y nata. Con queso de cabra en lugar de rallado tienes la quiche de espinacas y queso de cabra, de sabor más intenso.

La misma base de huevo y nata sirve para la quiche de verduras, que aprovecha lo que quede en la verdulera de la nevera, o para la quiche de calabacín, más jugosa si sudas antes el calabacín en la sartén para que pierda agua.

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