Esta pizza vegetariana lleva calabacín, berenjena, pimiento rojo y verde, cebolla y aceitunas negras sobre una masa casera de harina de fuerza, se hornea a 250 °C y se termina con rúcula fresca. La masa se divide en 4 pizzas individuales, 1 por comensal, con lo que cenan bien 4 personas, y entre amasar, dejar fermentar la masa 60 minutos, montar y hornear calcula 1 h 45 min en total, casi todo de espera.

La masa es la que hace la pizza. Con 500 g de harina de fuerza y 280 ml de agua tiene una hidratación del 56 %, un punto cómodo para amasar a mano porque apenas se pega y se estira sin romperse. La harina de fuerza tiene más proteína que la común y desarrolla más gluten, por eso la base aguanta el peso de la verdura sin quedar blanda en el centro. El agua debe estar templada, a unos 30 o 35 °C, nunca caliente: por encima de 50 °C la levadura empieza a morir y la masa no sube.

En verdura, el verano es la mejor época para el calabacín, la berenjena y los pimientos, que llegan más firmes y con menos agua. Lamínalos muy finos, a 3 o 4 milímetros como máximo: en los pocos minutos que la pizza pasa en el horno no da tiempo a que se ablande una rodaja gruesa. Montarla paso a paso es una tarea fácil y entretenida para hacer en familia, cada uno con su base. Si prefieres algo más sencillo, con menos ingredientes, empieza por la pizza casera y vuelve a esta cuando domines la masa.

Información nutricional(por ración)

Energía

320 kcal

Hidratos

52 g

Grasas

5 g

Fibra

12 g

Proteínas

10 g

¿Cuántos comensales?
4
Harina de fuerza
Harina de fuerza
500 gramos
Queso mozzarella
Queso mozzarella
250 gramos rallado
Agua
Agua
280 mililitros
Rúcula
Rúcula
80 gramos fresca
Aceituna negra
Aceituna negra
50 gramos
Levadura
Levadura
20 gramos
Azúcar blanco
Azúcar blanco
10 gramos
Sal
Sal
10 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas
Pimiento verde
Pimiento verde
1 unidad
Pimiento rojo
Pimiento rojo
1 unidad
Berenjena
Berenjena
1 unidad
Calabacín
Calabacín
1 unidad
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Orégano
Orégano
al gusto
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Paso 1 de 4

Amasa y deja fermentar la masa

Amasa y deja fermentar la masa

Desmigaja la levadura fresca, 20 g, sobre el agua templada (280 ml) y remueve hasta disolverla. Vuelca la harina de fuerza, medio kilo, en un bol grande, abre un hueco en el centro y vierte ahí el agua. Suma los 10 g de azúcar, el aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas, junto con los 10 g de sal, estos por el borde: la sal en contacto directo frena la levadura.

Remueve con una espátula y, en cuanto la masa se una, pásala a la encimera y amasa entre 8 y 10 minutos, estirando y plegando, hasta que quede lisa, elástica y deje de pegarse a las manos. Si al estirar un trozo fino ves la luz a través sin que se rompa, el gluten está desarrollado.

Haz una bola, devuélvela al bol, cúbrela con un paño húmedo y déjala en un sitio cálido y sin corrientes un mínimo de 60 minutos, hasta que doble su volumen; de esa espera depende que quede ligera y esponjosa.

Paso 2 de 4

Forma las bases y extiende el sofrito

Forma las bases y extiende el sofrito

Cuando la masa haya doblado su tamaño, presiónala con los nudillos para sacar el aire y divídela en 4 porciones iguales, de unos 200 g cada una. Enharina ligeramente la encimera y estira cada porción con el rodillo o con las yemas de los dedos, desde el centro hacia fuera, hasta formar 4 discos redondos y finos de unos 24 cm. Pásalos a 2 bandejas de horno cubiertas con papel vegetal.

Pon en el centro de cada base el Sofrito Casero de Tomate y Verduras, unas 3 cucharadas colmadas, y extiéndelo con el reverso de una cuchara o un pincel, bien fino y parejo, sin llegar al último centímetro. Una capa demasiado gruesa humedece la masa y le impide dorarse.

Cubre después con los 250 g de mozzarella rallada, unos 60 g por pizza. Al hornearse se funde, forma una capa dorada y sujeta la verdura que irá encima.

Paso 3 de 4

Coloca las verduras y precalienta el horno

Coloca las verduras y precalienta el horno

Pon el horno a 250 °C, arriba y abajo, ahora y no al final: tarda unos 15 o 20 minutos en llegar a esa temperatura, justo lo que te lleva montar.

Mientras, lava el calabacín y la berenjena y lamínalos a 3 o 4 milímetros. Pela la cebolla y sepárala en aros delgados. Quita las semillas a los pimientos rojo y verde y córtalos en tiras estrechas.

Reparte la verdura sobre las 4 pizzas, alternando colores y sin amontonarla: si superpones demasiadas capas, la verdura suelta agua sobre la masa y el centro queda crudo. Espolvorea sal y orégano por encima, que realzan el sabor de las verduras, y termina con los 50 g de aceitunas negras, enteras o en rodajas, que aportan el punto salado.

Paso 4 de 4

Hornea la pizza vegetariana y termina con rúcula

Mete las bandejas en el horno ya caliente, en la parte media o media baja para que la base reciba bien el calor. Hornea de 10 a 15 minutos, porque cada horno va a su ritmo. Si cocinas las 4 pizzas a la vez en 2 alturas, intercambia las bandejas pasados 6 o 7 minutos; así no queda una más tostada que otra.

Están listas cuando el borde se ve dorado e hinchado, el queso burbujea y la verdura está tierna, con algún punto tostado en los extremos. Levanta un poco la pizza con una espátula: la base tiene que estar dorada y firme por debajo, no pálida.

Saca las pizzas y reparte por encima los 80 g de rúcula fresca, unos 20 g por pizza, en el momento de servir. Su frescor y su punto amargo contrastan con la verdura asada. Si la pones antes de hornear, se quema y amarga. Sírvelas enseguida, con un hilo de aceite si quieres.

Consejos finales

Una base pálida por debajo y blanda en el centro suele tener 3 causas: el horno no estaba bien precalentado, había demasiada verdura o la capa de sofrito era gruesa. La próxima vez, deja el horno 20 minutos a 250 °C antes de meter la bandeja, o precalienta la bandeja vacía dentro y desliza la pizza sobre ella con el papel. Si la verdura queda cruda mientras el borde ya se tuesta, corta las rodajas más finas o pasa la berenjena por la sartén un par de minutos por cada lado antes de montarla.

La masa la puedes preparar con antelación. De las pizzerías merece la pena copiar un truco, la fermentación lenta en frío: tras amasar, mete la masa en un táper untado de aceite y déjala hasta 24 horas en el frigorífico; gana sabor y se estira mejor. Sácala 1 hora antes de estirarla para que pierda el frío. También admite congelación en bolas individuales bien envueltas, durante un máximo de 2 meses; luego descongélalas despacio en el frigorífico, de 8 a 12 horas.

Si sobra alguna pizza vegetariana ya horneada, aguanta 2 días tapada en el frigorífico. Para recalentarla sin que se ablande, caliéntala en sartén, tapada y a fuego moderado, 4 o 5 minutos: la base vuelve a quedar crujiente y el queso se funde de nuevo, algo que el microondas no consigue.

Con la misma técnica puedes jugar con otras coberturas. La pizza de berenjenas lleva la berenjena como protagonista, y la pizza de coliflor sustituye la masa de harina por una base de verdura, una opción para quien no toma gluten. Entre los champiñones, la alcachofa en conserva o unas espinacas, cualquier verdura de temporada encaja, siempre que la cortes fina y la repartas sin amontonar.

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