La nata líquida hace aquí el trabajo del agua: en estos macarrones con nata, la pasta se cuece directamente en nata y leche, va soltando su almidón en el líquido y la salsa se forma sola mientras se hace. En unos 30 minutos, gratinado incluido, tienes una fuente para 6 personas como primer plato con 250 g de macarrones, 200 ml de nata y 100 g de queso rallado.

Esta forma de cocer la pasta, añadiendo la leche poco a poco a medida que la absorbe, recuerda a la de un risotto y pide algo de atención, pero ninguna destreza. Los lácteos tienden a pegarse al fondo, y eso se evita con un cazo de fondo grueso, fuego medio-bajo y una vuelta con la cuchara cada minuto o 2. Con esa vigilancia basta, y quien empieza a cocinar pasta encuentra aquí una receta fácil, con cada fase explicada paso a paso.

En muchas casas se prepara con bacon o jamón en tiras salteados con la cebolla, con champiñones laminados o con un poco de nuez moscada en la nata. Para el queso, uno de pasta dura bien curado, como un parmesano o un manchego viejo, gratina con más color y sabor que las mezclas suaves para fundir; si solo tienes queso tierno rallado, combínalo con un poco de curado para que forme costra. Si en casa prefieren una salsa sin lácteos, los macarrones con tomate son la opción más sencilla.

Información nutricional(por ración)

Energía

540 kcal

Hidratos

62 g

Grasas

24 g

Fibra

3.8 g

Proteínas

16 g

¿Cuántos comensales?
6
Macarrón
Macarrón
250 gramos
Nata líquida para cocinar
Nata líquida para cocinar
200 mililitros
Leche
Leche
al gusto
Tomate Frito Casero
Cebolla
Cebolla
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Mantequilla
Mantequilla
50 gramos
Queso rallado
Queso rallado
100 gramos
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Paso 1 de 4

Cuece los macarrones en nata y leche

Vierte la nata líquida para cocinar (200 ml) en un cazo amplio de fondo grueso y caliéntala a fuego medio-bajo con sal y pimienta. Cuando empiece a humear, sin llegar a hervir con fuerza, incorpora los 250 g de macarrones y remueve para que queden cubiertos.

A medida que la pasta vaya absorbiendo la nata, añade la leche poco a poco, un chorro cada vez, como en un risotto: necesitarás alrededor de medio litro, según la pasta. Remueve con frecuencia y rasca bien el fondo, porque los lácteos se agarran enseguida y un fondo quemado da sabor amargo a toda la salsa. Mantén el fuego suave, con burbujas pequeñas en la superficie, entre 12 y 15 minutos o lo que marque el envase. Los macarrones están en su punto cuando quedan al dente y han absorbido casi toda la leche y la nata, dejando una salsa espesa que los envuelve.

Paso 2 de 4

Sofríe la cebolla y añade el tomate

Mientras se cuece la pasta, pica la cebolla muy fina; con media cebolla mediana es suficiente para esta cantidad, aunque puedes poner más si la quieres más dulce. En una sartén grande, funde a fuego lento 30 g de los 50 g de mantequilla, sin que llegue a oscurecerse, y echa la cebolla salada ligeramente.

Sofríela entre 8 y 10 minutos sin dejar de vigilarla, hasta que esté transparente y tierna; si se dora demasiado deprisa, baja el fuego. Agrega el Tomate Frito Casero Gallina Blanca, 1 bote, y un poco de pimienta, remueve bien y deja que se caliente 2 minutos para que se mezcle con la mantequilla. Añade entonces los macarrones con su salsa de nata a la sartén y remueve hasta que todo tenga un color rosado uniforme. Prueba y ajusta de sal.

Paso 3 de 4

Pasa la pasta a una fuente con queso

Deja los macarrones unos minutos más en el fuego, a fuego suave y removiendo, para que la salsa de tomate y la de nata se integren y espesen un poco. Si la ves demasiado espesa, añade un chorrito de leche; si está líquida, mantenla al fuego otro par de minutos. Ten en cuenta que en el horno se secará algo, así que conviene que entre jugosa.

Mientras tanto, enciende el horno con el grill a 220 °C. Pasa los macarrones a una fuente que pueda ir al horno, repártelos en una capa uniforme y nivela la superficie con una espátula. Esparce el queso rallado, 100 g, cubriendo bien toda la superficie, incluidos los bordes, que es donde se forma la parte más crujiente.

Paso 4 de 4

Reparte la mantequilla y gratina

Corta en trocitos los 20 g de mantequilla que te quedan y repártelos por encima del queso, separados entre sí. Al fundirse, la mantequilla ayuda a que el queso se dore de forma más uniforme y le da un sabor tostado a la costra.

Mete la fuente en la parte alta del horno y gratina entre 5 y 8 minutos; tiene que verse fundido, burbujeante y con manchas doradas. No te alejes: bajo el grill, la costra se quema en menos de 1 minuto. Saca la fuente y espera 2 o 3 minutos, así la salsa se asienta y no quema al primer bocado. Sírvelos en platos hondos templados, con un poco de pimienta recién molida por encima.

Consejos finales

Si la salsa queda espesa como una masa al salir del horno, es que la pasta ha seguido absorbiendo líquido: la próxima vez sácala del cazo con algo más de salsa de la que parece necesaria. Si, al contrario, queda líquida en la base de la fuente, dale más tiempo en la sartén antes de gratinar o añade un poco más de queso, que también espesa. Y si la nata se ha agarrado al cazo, no rasques el fondo quemado: pasa la pasta a otro recipiente y sigue allí la cocción.

La versión con bacon es la más pedida: dora unos 100 g en tiras en la sartén antes de la cebolla, sin aceite, y sigue con la mantequilla sobre su grasa; como el bacon ya sala, prueba antes de corregir. Ralla también el queso en el momento, porque el envasado suele llevar antiapelmazantes y gratina peor; con trucos de cocina casera como este, la costra sale crujiente y pareja.

Los macarrones que queden se guardan tapados en el frigorífico hasta 2 días. Para recalentarlos, añade un chorrito de leche y hornéalos a 180 °C unos 10 o 12 minutos, o en el microondas removiendo a mitad. Con unas raciones frías puedes hacer una tortilla de pasta: mezcla los macarrones con 4 huevos batidos y cuájala en la sartén por los 2 lados.

Para cambiar de salsa, los macarrones en salsa alfredo van con nata y queso, sin tomate, y los macarrones gratinados llevan la costra de queso a otro nivel. Si quieres meter verdura en la misma fuente, prueba los macarrones con brócoli.

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